Entre amor, ilusion y mentiras

Extra III (N/ Autora)

Roger al ver donde se dirigía Diviana la siguió sigilosamente, tal cual ella lo hacía, pero nunca espero encontrarse a quien tanto odiaba y peor aun haciendo planes con una de las que se hacía llamar amiga de Diviana, conocía muy bien a Sean, habían estudiado juntos hasta hace poco y además sabía perfectamente que era un pervertido mujeriego que se hacia el santo con las que solía llamar mosquita muertas, era despectivo y un ser sin sentimientos, solo el deseo de tener sexo.

Se llenó de una inmensa rabia al ver el rostro bañado en lágrimas de la chica que adoraba como una hermana, sin saber que en realidad lo eran, quería golpear a ese imbécil y gritarle en la cara a esa chica lo estúpida que es al perder a una amiga tan buena.

-No vale la pena Ro—susurro ella tomándolo de las manos para que no hiciese nada que lo lastimara, si le pasara algo no se lo perdonaría nunca, no le dolía el hecho de que quisieran jugar con ella, si no el odio que se escuchaba en la voz de la que consideraba su mejor amiga.

-Vámonos de aquí—asintió y se fueron abrazados al auto, ella no dejaba de llorar cada vez que recordaba el plan que habían armado esos dos, Roger apretaba el volante con furia porque le dolía verla de esa forma.

Ninguno de los dos decía nada, cada uno absorto a sus pensamientos, se sentían miserables por cosas distintas, ella por creer que no podía confiar en nadie más que en su familia y él porque pensaba que le habían roto por primera vez el corazón a la chica a su lado.

-Gracias por venir conmigo Ro, no sé qué hubiese hecho, eres el mejor, eres mi hermano del alma.

-No tienes que agradecerme, aunque me hubiese encantado partirle la cara a ese imbécil por meterse con mi hermana del alma.

-No había razón.

-¡Claro que la había! Te hizo llorar, eso no se lo voy a perdonar.

-¡Por Dios Ro! Eso no viene al caso, además soy bastante grande para cuidarme sola y…

-Sí, lo eres, pero ¡Joder! aun así ellos, esos malditos van a querer desflorarte y luego dejarte atrás como si fueras nadie.

-Porque mejor no te buscas a alguien a quien cuidar, así me dejas vivir mi vida a mi manera.

-El día que busque a alguien espero sea mi única, esa persona que ame tanto capaz de entregarle mi corazón al ser correspondido, quiero algo así como lo tienen nuestros padres.

-Por favor Roger madura, ve la realidad, eso es demasiado cursi y anticuado, hoy en día se vale experimentar.

-¿¡Estás loca!?—la mira desconcertado—cuando te entregas a alguien es por amor, no por querer follar, además…

Sin haberse dado cuenta entre tanta discusión, Roger había acelerado de la rabia y girado al carril contrario, en un momento basto solo un impacto con otro carro para que el de ellos diera varias vueltas hasta detenerse quedando inconscientes, los transeúntes llamaron a una ambulancia y a la policía de tránsito los cuales llegaron a los pocos minutos, hicieron todo el procedimiento y al encontrar las pertenencias de los chicos informaron a sus padres de la situación.

Los 4 estaban en emergencias nerviosos, angustiados y culpándose por el cuidado de sus hijos, nunca llegaron a pensar que algo así les ocurriría.

-¿Por qué mi bebé? Todo es tu culpa Víctor, si él no quisiera pasar más tiempo contigo que con sus hermanos—lloraba una desolada Viviana.

-Shh, calma mi Reina, nadie tiene la culpa, esto pasa muchas veces—Nicolás estaba preocupado, pero debía mostrar serenidad por su esposa, mientras tanto Diana también lloraba aferrada a su esposo.

-Yo soy la culpable, debí detenerlos—lloraba sin parar con los nervios casi al desmayo.

-No es tu culpa mi amor, tranquila, ellos están bien—lo decía más para el mismo, pues no quería pensar que perdería a sus únicos hijos.

Después de un rato que se les hizo una eternidad, un Doctor se les acerco para darles información de cómo estaban, solo tenían raspaduras y una fractura cada uno nada peligrosa, de resto estaban bien y conscientes, los habían trasladados en la misma habitación para aplicarles los tratamientos y ya podían ir a verlos.

Víctor sin esperar más salió corriendo al escuchar el número de habitación, al entrar los abrazo con cuidado y repartió besos en el rostro de cada uno, ellos sonrieron levemente, no podían moverse por el dolor y estaban nerviosos por el regaño que recibirían.

-Mis hijos, sangre de mi sangre, los amo tanto— estaba entre medio de ellos y pudo tomarle las manos a ambos— ¡Dios! Que asustado estaba de perderlos, prometo que voy a protegerlos con mi vida si es necesario, esto no les va a volver a pasar, son mis únicos hijos—ellos se miraron atónitos.

-¿Somos en verdad hermanos?—preguntaron al unísono.

-Sí, lo son—dicen Viviana y Diana al unísono que llegaron al poco tiempo del arrebato de Víctor, Nicolás no estaba muy contento por la situación, los chicos se miraron y sonrieron cómplices de un secreto.

-Te quiero hermana.




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