Entre amores y desamores

Encuentros Inesperados

Era un día cualquiera en el colegio, pero para

Sebas, cada jornada se sentía como un laberinto

de emociones. Desde que había conocido a Lina,

su mundo había cambiado de manera drástica. Ella

era la luz en su vida, una chica que brillaba con una

energía contagiosa, con una risa que podía iluminar

los días mas oscuros. Sin embargo, él se sentía

atrapado en un mar de inseguridades, incapaz de

dar un paso hacia ella.

Sebas tenía 16 años y, aunque era un buen

estudiante, su timidez lo mantenía alejado de las

interacciones sociales. Prefería observar a sus

compañeros desde la distancia, especialmente a

Lina, quien parecía ser el centro de atención en

cada rincón del colegio. Ella reía y compartía

historias, y cada vez que sonreía, su corazón latía

más rápido. Pero había un problema: Lina parecía

interesada en Lucas, un chico rubio

carismático y popular que tenía la habilidad de

atraer a todos con su encanto.

Lucas no era solo el típico chico guapo: era

extrovertido, siempre rodeado de amigos, y su

confianza era deslumbrante. Mientras Sebas lo

observaba, sentía una mescla de admiración y

frustración. ¿Cómo podía competir con alguien

como él? Lucas a menudo trataba Lina de manera

superficial, haciendo bromas que a veces la

dejaban confundida, pero ella nunca parecía

notarlo. Para Sebas, eso era doloroso; él sabía que

Lina merecía alguien que la valorara de verdad.

Un día, mientras caminaba por los pasillos del

colegio, Sebas escuchó a Lina hablar con sus

amigas.

—Lucas es tan divertido. Siempre sabe como

hacerme reír—decía Lina, con una chispa en los

ojos que hacía que el corazón de Sebas se sintiera

pesado.

Ese momento fue como un puñetazo en el

Estómago. Sebas sintió que el mundo se

desvanecía a su alrededor. Quería acercarse y

decirle lo que sentía, pero las palabras se

quedaban atascadas en su garganta. La

inseguridad lo consumía, y cada vez que intentaba

reunir el valor, la imagen de Lucas se interponía

entre él y Lina.

Sin embargo, algo dentro de Sebas comenzó a

cambiar. Se dio cuenta de que no podía seguir

observando desde la distancia. Debía hacer algo,

cualquier cosa, para hacerse notar. Después de

muchas noches de reflexión, decidió que tenía que

arriesgarse. La idea de invitarla a un evento de

fotografía, algo que sabía que le apasionaba,

comenzó a tomar forma en su mente. Era el

momento de mostrarle a Lina que él también podía

ser alguien importante en su vida.

Con el corazón latiendo con fuerza, se sentó en la

cafetería, esperando que Lina pasara. Cada vez que

la veía reír. Cuando finalmente se acercó a su mesa

tomó aire y se armó de valor.

―Hola, Lina. ¿puedo sentarme contigo? ―preguntó,

Sintiendo que su voz temblaba un poco.

Ella lo miró, sorprendida, pero su sonrisa fue cálida

―¡Claro, Sebas! ―respondió ella―. ¿Cómo has

estado?

Mientras hablaban, Sebas sintió que el mundo a su

alrededor se desvanecía. Era como si solo

existieran ellos dos, y por un breve momento, se

olvidó de sus inseguridades. Pero justo cuando la

conversación empezaba a fluir, Lucas apareció,

interrumpiendo con su presencia dominante.

¡Hey, Lina! ¿Te gustaría venir a jugar fútbol

después de clases? Pregunto Lucas, con su sonrisa

encantadora que hacía que muchas se derritieran.

Sebas se quedó allí, sintiendo que su corazón se

rompía. La oportunidad que había estado

esperando se desvanecía frente a sus ojos. Con

determinación renovada, supo que debía actuar

antes de que fuera demasiado tarde.

Después de que Lucas se llevó a Lina, Sebas se

quedó sentado en la mesa, sintiendo una mezcla de

frustración y desesperación. Miró a su alrededor,

viendo a sus compañeros reír y disfrutar el

momento, mientras él se sentía aislado, atrapado

en sus pensamientos. La imagen de Lina riendo con

Lucas se repetía en su mente, y se preguntaba si

alguna vez tendría la oportunidad de mostrarle lo

que realmente sentía.

Decidido a no rendirse, Sebas comenzó a idear un

plan. A lo largo de la semana, observó a Lina,

notando sus hábitos y pasiones. Se dio cuenta que

le encantaba la fotografía y que a menudo pasaba

tiempo en el parque cercano, capturando la

belleza de la naturaleza. Esa observación le dio una

idea brillante: ¿Por qué no invitarla a una

exposición de fotografía en la ciudad? Era una

oportunidad perfecta para conocerla mejor y

compartir algo que a ambos les apasionaba.

Con el corazón latiendo desbocado, Sebas decidió

enviarle un mensaje. Se sentó en su habitación, con

el teléfono en la mano, dudando un momento.

Finalmente, respiró hondo y escribió:

—Hola, Lina. ¿Te gustaría ir a una exposición de

fotografía este fin de semana?

Esperó ansiosamente su respuesta, revisando el

teléfono a cada rato. Cuando la notificación llegó,

su corazón dio un vuelco.

—¡Claro! Me encantaría ir. Gracias por invitarme,

Sebas —respondió ella, acompañada de un

emoticono sonriente que hizo que su día se

iluminara.

La emoción lo invadió. Finalmente, tendría la

oportunidad de pasar tiempo a solas con ella. Pero

a medida que se acercaba el día de la exposición,

la ansiedad comenzó a apoderarse de él. ¿Sería

suficiente para ganarme su corazón? Se preguntó

si podría ser lo que Lina necesitaba, alguien que la

valorara y la hiciera sentir especial.

El sábado llegó y Sebas se preparó con cuidado. Se

puso una camiseta nueva, la que le había elegido

especialmente para la ocasión, y se miró en el



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Editado: 12.01.2026

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