Entre Baluartes & Mar

4

Lo que me acuerdo de ayer después de mi gran escape es que no salí para nada de mi cuarto. Ni siquiera me moví de donde estaba, que era mi cama desde que llegué hasta que me dormí, por lo que no paso algo, no salí también hoy, porque me dio fiebre y me quedé en mi casa para reposar en cama.
-Adrián ya te ves mejor- me dijo María en la tarde cuando me trajo la comida.
-Gracias María- le dije cuando me la dejó.
-Espero que te guste, no le digas a tu madre- me dijo cuándo vi la rebanada del pastel de fresa que estaba frente a mí.
-No creo que el azúcar me ayude a mejorarme- le dije dándole una probada al pastel, que estaba delicioso. Era lo que necesitaba para ya estar en paz, por lo menos un rato.
-Ni idea, sinceramente, no te he notado muy bien estos días. Así que creí que esto le alegraría- me comentó primero preocupada pero después más alegre.
-María eres la mejor- le dije comiendo más pastel.
-Si quieres más me avisas, porque hay más y tú eres al que más le gustan estos pasteles. Además de ser el único al que siempre se le ve con ganas de uno- me dijo haciendo que amara que ella me conociera bien.
-Gracias. Oye ¿qué sabes de mi mamá?- le pregunté cambiando el tema.
-Bueno, no sé. No la he visto por nada del mundo, pero he oído que sigue igual o hasta peor- me dijo preocupada.
-¿Cómo?- le pregunté con un pedazo a nada de mí boca.
-Por lo que he oído… No, ya se, mejor le traigo más pastel, porque creo que esto requiere más- me dijo saliendo de mi cuarto.
-María, trae algo de pastel para ti.
-Sí, traeré bastante- me dijo y en lo que fue por más pastel tome la brújula de mi padre.
-¿Quién era mi padre?- le susurré, aunque como era de esperarse no conseguí respuesta. Pero me di cuenta que estaba descalibrada, así que la calibre.
-¿Qué haces?- me pregunto María, justo cuando acabe.
-Aquí viendo esto- le dije mientras guardaba la brújula.
-Mira- me dijo con un toque infantil.
-Si mi madre se entera nos mata vivos- le dije al ver del porque se había tardado, trajo café y el pastel completó de donde vino la rebanada que me subió primero.
-Ojos que no ven, corazón que no siente. Ten- me dijo dándome una taza con café.
-Dime lo que pasa- le pedí tomando un poco de café.
-Bueno, lo que oí fue que su madre ya se pasea en la ciudad pero siempre va hacia la parte del muro que da al mar. Pero si está en casa, pasa más tiempo atrás que en su cuarto, tanto así que se ha llegado a dormir atrás.
-¿Que tan bien come?- le pregunté con pastel en la boca.
-Lo más que ha comido ha sido, una porción promedio de antes, ya que hay veces que hasta ni come- me respondió.
-Qué mal.
-¿Que paso cuando fue esa mañana a verla?
-Fui, pero no hubo mucho. Se la paso leyendo una carta.
-Si es lo que dicen, que se la pasa viendo objetos haya atrás- recordó y nos quedamos callados.
-Bueno Adrián, creo que mejor ya me voy. Tengo que apurarme- me dijo después de un rato.
-No te preocupes, lo entiendo.
-Adiós- se despidió mientras tomaba todo lo que trajo y se marchó.

Después de eso me quedé un rato viendo a la nada pensando en cómo solucionar las cosas con todos. Pero no pude encontrar algo, aunque se me ocurrió que debo de hablar con mi madre. Si toca el tema de mi padre o no, no me importa, lo que me importa es hablar con ella,. Ya que me preocupa un poco como se la está pasando. Así que opte por bajar a esperarla cosa que no fue muy pesada, porque como a la hora llego.
-Hijo ve a acostarte tienes fiebre- me dijo al verme abajo, con una cobija como mi única cueste de calor.
-Me urge hablar contigo.
-Pero…- pero nada, no quiero hablar de eso, quiero hablar de otras cosas. Te necesito- la interrumpí sintiendo frío porque la cobija se movió de su posición.
-Ok, sube y ve a tu cama, te alcanzó en unos minutos. Tengo cosas que hacer, no me tomaran mucho tiempo. Ve a tu cama y espérame- me pidió y eso hice.

Y a esperar otra hora más solo que en mí cuarto y ya en cama.
-Ya llegue ¿De qué me quieres hablar?- me pregunto mientras se sentaba en mi cama.
-Sé que estás rara por lo de mi padre, pero no crees que te estás excediendo algo. Nos estás preocupado a todos, no hablas, no comes.
-Hijo, tu aún no sabes nada del amor, no te has enamorado. Así que no sabes de lo que hablas.
-No, solo me estás preocupando solo a mí. María y los demás también están preocupados, así que dudo que sea porque no entiendo lo que es el amor.
-Pero ellos no saben el motivo del porque estoy así. Excepto que tú les hayas dicho- me dijo seria.
-De mi boca no ha salido nada del tema- le prometí.
-Más te vale que sea así. Oye podrías ver cómo te queda esto, es para lo del gobernador. Pero tranquilo no me urge para ya, descansa tienes fiebre- me dijo mostrando lo que hizo que tardará. Mi ropa para la fiesta.
-Sí, mañana si me siento mejor lo haré- le dije mientras ella dejaba la ropa en una mesa.
-Otra cosa, oye me he enterado de que no te ha ido bien estos días. Lo siento si tiene que ver con lo que me está pasando ¿No te gustaría hablar del tema?- me pidió cambiando el tema.
-Te disculpó y si tiene algo que ver, pero creo que es por lo que ha ocurrido aquí. Siento que me está afectando bastante.
-Hijo, lo de tu padre puede tener algo de riesgos si te lo digo, por eso no digo nada. Además de que si alguien más se entera podrías perder hasta tu título- me contó viendo al piso.
-Sabes que nos estás haciendo más daño a ambos si no me lo cuentas ¿Verdad?
-Nunca habíamos tenido momentos como estos, no hasta ahora. Pero cuéntame lo de afuera de la catedral y el motivo por el cual te has peleado con tus amigos- me pidió y le conté todo. Aunque claro evitando y cambiando partes como lo de la brújula que cambie por otra cosa.

-Lo siento creí que no era tan grave- se volvió a disculpar una vez que acabe.
-No te preocupes no toda fue tu culpa, lo de la iglesia es porque no quiero fallarle a nadie. Todos esperan que sea algo en esta vida y yo no sé qué tomar. Pero algo si estoy seguro, no quiero lo que me ofrecen.
-Lo que te gustaría es ir al mar, pero nadie te visualiza en eso. Piensan en que serás buen político o militar o religioso, sin saber que lo que quieres no está como tal en tierra- me dijo con una sonrisa de como recuerdo.
-Exacto, todos quieren que sea como los demás de mi familia, pero yo no quiero seguir esos pasos.
-Te pareces a tu padre, tu padre una vez me contó que estaba en la política. Pero siempre sintió que ese no era su lugar, así que decidió ver cuál era su lugar y lo encontró en el mar, se hizo capitán de un barco de la corona y zarpó a conocer al mundo. Me decía que eso lo hacía feliz, lo de no estar en solo una parte del mundo, si no que conocer e ir a lugares que ni sabía que existían- dijo viendo hacia la ventana.
-¿Porque siempre me cuentas cosas así de mi padre, pero no eres capaz de decirme el motivo por el cual él es peligroso?
-Fácil, porque no lo considero como tal a él peligroso, si no a lo que se dedica y lo que conlleva eso.
-¿Sabes algo de el después de irse?
-No, le perdí la pista. Aunque sé que hay veces en las que se da sus vueltas por la zona, no lo veo por el motivo de la muralla, pero sé que él está haya afuera.
-¿Te gustaría verle?- pregunté recordando lo que dijo cuando tenía la carta en sus manos.
-Crees que no, él es el amor de mi vida. Me gustaría que lo conocieras, que fuéramos una familia juntos. Pero es imposible- dijo primero con una sonrisa y luego se puso triste.
-Me gustaría saber en qué está metido, es mi padre debo de saberlo.
-Sé que es tu padre, pero no quiero que te tachen. Me gustaría que hicieras tu vida como noble, no como alguien que su padre maldijo.
-Dime, por favor.
-No puedo, no es por tu culpa que no te lo cuente o de tu padre. Es por mis principios, me gustaría que vivirás una vida mejor que la mía- ¿Pero cómo quieres que la tenga, si nadie sabe si mi padre es un noble o no?- la interrumpí.
-Se nota en ti. Eres un noble, se nota que vienes de un buen linaje y eso vale mucho- me contestó.
-Hay veces en las que me cuestiono eso- dije viendo a la nada del piso.
-Adrián, deja de preocuparte por eso, piensa que en tu futuro, no en lo que pasó hace años. Oye, me gustaría que hablaras con Uriel y Rafael, que arreglen las cosas, ellos eran los que te mantenían a flote- me dijo parándose.
-No sé cómo hacerlo.
-Se te ocurrirá algo- me dio un beso y se fue.
Y así me quedé otra vez solo, aunque me doliera decirlo. Era verdad, necesitaba hablar con ellos y arreglar las cosas antes de lo del gobernador, pero no sabía cómo, no por ahora.

Estaba en la entrada de la escuela dudando, si entrar o no. No quería ir, pero tenía que ir, tenía que arreglar algo, pero no tenía la valentía para hacerlo. Así me la pasé hasta que opte por ir, porque habían mejores motivos para ir.
Me mantuve alejado de todos, casi invisible, necesitaba planear bien lo que iba a decir. Aunque sabía que al final no serviría, pero necesitaba sentir que podía hacerlo, me urgía arreglar la situación y cuánto más rápido mejor.
Así que espere al receso, sabía que ellos no se habían movido de lugar, bueno por lo menos Uriel. Porque con Rafael el asunto se me complicaba porque nunca estaba en un lugar fijo o de plano no sabía dónde andaba. Así que fui a arreglar la situación mínimo con Uriel, después iríamos con Rafael.
En el camino dude bastante si ir o no, caminaba algo y me paraba, buscando con la vista donde ir, pero debía que tenía que hacerlo y continuaba caminando hacia Uriel. Así me la pasé hasta que llegue a unos metros de Uriel, pero no sintió mi presencia, porque estaba leyendo algo.
-Hola ¿qué haces?- le pregunté acercándome aún con las manos temblorosas.
-Leer un libro.
-¿Sobre?
-Tu dime- dijo mostrándome la portada.
Era un libro de geografía.
-¿Para qué lo lees?- pregunté
-Para saber cómo funciona esto- dijo alzando la brújula.
-¿Para?
-Para descubrir qué más puedo hacer y saber de ella.
-¿Y esta interesante?- pregunte. Aunque yo ya había leído ese libro y sí que era útil.
-Sí, ayuda algo.
-Que bien, ¿qué has aprendido?
-No mucho apenas voy en el capítulo 2 y son 10.
-¿Para que la libreta?- le pregunté al ver una libreta a su lado.
-En ella anoto las cosas que me llamen la atención o puedan ser útiles o en las que tengo dudas.
-¿Puedo?
-¿Qué quieres? Primero te alejas, luego quieres hablar- dijo cerrando el libro no sin antes ponerle algo como separador en donde se quedó.
-¿Podemos hablar?- le pregunté a Uriel lo más seguro que podía.
-¿Para qué?- me pregunto cortante, guardando sus cosas.
-¿Tu qué crees?
-Mmm, no se me ocurre nada.
-Uriel tenemos que arreglar esto, así que vine a esto.
-¿Sabes algo Sáez?. No hay nada que arreglar- me dijo preocupándome, cuando le llama a alguien por su apellido no es nada bueno.
-Me vale lo que pienses ¿Crees que vine aquí por mi propia iniciativa? No, vine aquí porque estamos dañando a otras personas- le solté.
-¿A quiénes me enteraré?- me dijo viéndome a los ojos.
-¿Tu a quien crees?- le pregunté pero no me contesto.
-A Rafael, sabes cómo es el- me respondí al ver que no decía nada.
-¿No estaba contigo? Creí que lo tenías contigo, él se alejó de mi desde hace días- me dijo algo preocupado y alarmado. Aunque él no sabía bien lo que pasaba, se daba una idea y estaba más que cerca.
-No, creí que estaba contigo, como lo veía cerca de ti. Creí… rayos, por eso me habló- dije preocupado.
-¿De qué me hablas?
-El otro día en la salida me dijo que teníamos que hacer las paces tu y yo. Pero como no me atreví a verle a la cara me fui a mi casa- admití al ver que la cosa era más que sería y ambos lo sabíamos.
-¿Sabes dónde está?- me pregunto y me negué.
-No hay que alarmarnos, pensemos donde podría estar- dijo más que preocupado.
-¿Sabes si vino?- le pregunté.
-Desde ayer no le he visto y por lo que oí ni se apareció. Ayer me preguntaron donde andaban ustedes y dije que no sabía.
-Podria estar en su casa.
-Hay que ir, rápido- dijo parándose.
-Vamos- acepte y nos escapamos de la escuela.

Corrimos a su casa, sin pensar en las consecuencias de eso, solo pensábamos el. Y yo por mi parte estaba preocupado por lo de su pasado.
Al llegar a su casa tocamos la puerta y nos abrió su madre.
-¿Chicos que hacen aquí?- nos preguntó su madre.
-¿No sabe dónde está Rafael?- le pregunté lo más tranquilo que pude.
-Está en la escuela- dijo ella.
-¿Segura?- preguntamos.
-Sí ¿pero para que lo quieren?- nos preguntó algo sorprendida.
-Necesitamos…- Es que salió en la clase pasada porque se sentía algo mal y lo buscamos en la escuela. Pero no aparece, así que creímos que lo mandaron a casa- mentí interrumpiendo a Uriel.
-Pues, no, no lo he visto- nos dijo.
-Gracias, veremos si buscamos bien en la escuela- le agradecí.
-No hay de que, espero que lo encuentren rápido- nos dijo y nos fuimos.

-¿Qué hacemos, donde podrá estar?- me pregunto Uriel después de un rato.
-No sé.
-Debe de haber un lugar donde podría estar. No se pudo haber esfumado.
- Lo sé ¿pero dónde?- dije pensando.
-¿No tiene un lugar especial?
-Mmm, ni idea.
-Entonces, nos dividiremos y el que lo encuentre lo calma.
-Nos vemos en el atardecer en la plaza de armas, lo encontremos o no. Luego veremos qué hacer- dije y nos separamos.

Después de un rato me senté y me puse a pensar donde pudo haber ido. Viendo la ciudad y de la nada me llegó el aroma a mar, cosa que me hizo darme cuenta que estaba en el lado de la ciudad en donde está el mar y me dirigí hacia la muralla para ver si me lo encontraba.
Al llegar camine usando todos mis sentidos para saber dónde podría estar, pero no lo encontré.
Sin querer, cuando me canse de buscar en esa zona de la ciudad estaba enfrente de una puerta que era una entrada pública hacia uno de los baluartes. No era la gran ciencia, solo era una pequeña parte de la muralla para que los ciudadanos podríamos ver el mar y lo que pasa afuera de la muralla. Así que decidí subir hacia el cuarto que estaba arriba que tenía una ventana con barrotes. Y justo ahí encontré a Rafael recargado en la pared junto a la ventana, viendo el mar.
-¿Estás bien?- le pregunte cuando termine de subir.
-Depende a lo que te refieres- me dijo algo perdido en el mar.
-Nos tenías preocupados a Uriel y a mí, te estamos buscando por todos lados- le dije mostrando que teníamos una tregua Uriel y yo.
-Se te olvido ¿Verdad?- me pregunto viéndome a los ojos.
-Sí, se me olvidó. Pero me acordé y te encontré, te estuve buscando por donde la muralla daba al mar, sin querer, pero no estabas y cuando me rendí me di cuenta que estaba en la entrada, así que decidí dar un vistazo aquí para no dejar.
-He estado aquí desde en la mañana y ayer igual- me dijo marcando que si hubiéramos seguido Uriel y yo peleados, el seguiría viniendo aquí en vez de ir a la escuela hasta que resolviera mis nuestros problemas o hasta que alguien lo hubiese encontrado.
-Lo siento, no fui ayer a la escuela me dio fiebre y me quedé en casa todo el día- me disculpe.
-¿Cómo estás?
-Pues bien, creo.
-Por lo que oí, ya hicieron las paces ustedes- me dijo viviendo la vista hacia el mar.
-Mínimo por ahora sí. Nos tenías preocupados.
-Que bueno sabes, la vista aquí es hermosa. Es el único lugar de esta prisión en la que puedes ver el mar- me dijo muy monótono como si no me hubiese escuchado.
-Ambos sabemos a lo que te refieres y lo sabes- le dije recordando su pasado.
-Ambos tenemos diferentes versiones de lo que significa el mar, pero tenemos algo en común en nuestras definiciones ¿Sabes qué es?- me pregunto y negué.
-Esta respuesta es muy fácil, está más que regalada. La respuesta es que es nuestro medio de escape, pero aun no entiendo por qué es el tuyo.
-Mi padre era capitán de un barco de la corona y lo veía como una forma de huir de algo. Creo que me heredo eso- le conté, recordando lo que me dijo mi mama.
-Con razón sabes algo de brújulas, de seguro te dejo algo por ahí. Siempre las personas dejan algo a sus seres queridos, pero ¿que era ese algo?
-Escapar de nuestras vidas en tierra firme- le respondí viendo el mar.
-¿Tu de que quieres escapar? Tienes una vida de ensueño- me cuestiono viéndome sin entender.
-Odio está vida, creo que ya te has dado cuenta. Tengo responsabilidades, tengo que ser un niño bueno, ser un ejemplo a seguir. Todos me ven como si fuera un santo o hasta un príncipe, solo por mis apellidos y eso no me gusta, llega un punto que hasta me incomoda. Me gustaría que nadie me tratará diferente solo por ellos, sino que fuera alguien normal, con los más cercanos a mí.
~Siempre pido eso, que no me vean como alguien superior a ellos, pero es imposible, siempre en algún momento lo hacen. Por eso es que me quiero ir de aquí, olvidar mis apellidos y siento que la única forma de huir es un barco en altamar- dije soltando algo que llevaba toda mi vida sin decir, por miedo al qué dirán.
-No sabía eso, pensé que sería algo más como tonto y superficial. Pero tienes un buen punto, tú ya sabes mi motivo de seguro, así que no lo diré- dijo y me hizo sentir como si no terminará ahí lo que me decía.
-Sabes cómo se siente decirle eso a alguien, me estaba consumiendo por dentro toda mi vida. Pero no lo decía para no ser tachado de loco- dije sintiéndome en paz.
-Sabes que a mí sí me tachan de loco, por intentar suicidarme y por como soy. Oye ¿porque no le entras a lo de tu padre? a lo naval.
-No siento que eso sea para mí, no completamente.
-Tu siempre me has llamado la atención desde que llegue aquí y cuando me defendiste supe el motivo. Tu forma de ser es algo que no se ve seguido, ni Uriel ni yo o cualquier otra persona la tiene, nadie te llega ni mínimo a los talones. Eres algo que si conoces bien te enteras de eso y eso me gusta, pero te ocultas mucho hasta de ti, por miedo a lo que dirían los demás. Me gustaría verte más seguido como eres en verdad, las únicas veces que tengas visto en verdad, las puedo contar con una mano y aún me sobrarían dedos ¿Sabes el motivo real del porque soy como soy?- me pregunto viéndome a los ojos y negué con la cabeza.
-Adrián mi cabeza no está bien, eso ya lo sabes, pero no sabes a qué grado. No soy como tú o como los demás, mi pasado en donde soy una víctima de mi familia y lo que conlleva solo es parte de mis problemas, ni lo más grave siquiera. En si eso lo ocupo como excusa al igual que mi familia, para ocultar el resto de mis demonios y problemas que tengo- dijo con una sonrisa algo tímida.
-¿Entonces cuál es el problema?- pregunté y en ese momento me beso.



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En el texto hay: piratas, amor gay, romance

Editado: 03.12.2018

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