Entre Baluartes & Mar

5

Mientras duraba el beso me quedé congelado, no sabía qué hacer, me agarró por sorpresa. Pero pasados unos segundos, le respondí de una manera algo torpe, aunque el sí que me besaba entre con deseo y dulce, así estuvimos hasta que nos quedamos sin aire y aun seguía sorprendido por eso.
-Adrián, creo que no pude decir mejor lo que siento, me gustas. Creo que todo inicio porque me haz sacado de mis miedos y mis ganas de suicidarme en un pasado. Lo siento sé que te agarre por sorpresa, pero no se me ocurrió nada más, en si solo actúe sin pensar en las consecuencias. Aceptaré si me dejas de hablar un tiempo, pero creeme que era algo que necesitaba sacar de mi- dijo volviendo la vista al mar.
-Te entiendo, crees que a mí me sorprende, bueno si me sorprendió, pero no mucho- le calme.
-No le digas a nadie, ni a Uriel. Si alguien se entera estaré en graves problemas- me pidió.
-Tranquilo, no hablaré, te lo prometo.
-Gracias por eso- me dijo refiriéndose a lo del punto de dejarle y seguirle.
-No te preocupes, no fue nada- dije algo incómodo.
-¿Que prosigue ahora?- me pregunto al ver cómo me sentía.
-Bueno, Uriel y yo quedamos en vernos en la Plaza de Armas en el atardecer y ya no tarda en llegar la noche. Vamos- le dije y nos dirigimos a la plaza sin decirnos nada en todo el camino, cada uno estaba en su cabeza.
Yo estaba dudando varias cosas y sorprendido por otras más. En si solo se me ocurría algo ¿quién soy yo? ¿qué quiero? Preguntas que me hacían dudar de todo lo que significaba yo y de lo que sentía dentro de mí, necesitaba pensarlo a solas, sin nadie alrededor y me urgía la soledad.

Al llegar a la plaza nos encontramos rápidamente a Uriel que estaba sentado justo enfrente del Palacio de Gobierno y cuando nos vio se alivió.
-Lo encontraste, ya me tenían preocupado- dijo mientras nos abrazaba.
-Tranquilo, ya pasó el susto- le calmo Rafael más normal de lo que creia.
-No vuelvas a hacer eso y nosotros te prometemos no volver a pelear así. Nos tenías más que asustados- le dijo a Rafael.
-Bueno, eso me sonó a un buen trato- acepto.
-Cambiemos de tema, le dijimos a tu madre que te sentiste mal en la escuela y que saliste de clases, pero desapareciste, nos preocupamos y te fuimos a buscar en tu casa- le contó Uriel.
-Gracias por decirme, pero ¿qué hacían en mi casa?- nos preguntó y le contamos ambos todo lo que pasó hoy.

Mientras le contábamos todos nos sentimos culpables de una u otra cosa, yo por mi parte al huir de ellos, Uriel de seguros por comportarse como un idiota y Rafael, con el ya no sabía bien que pensar.
-Creo que la historia se llevó el día, mejor ya nos vamos a nuestras respectivas casas. Mañana hablaremos con más calma de esto, creo que necesitamos tiempo para pensar en todo lo que nos ha pasado en estos días, así que adiós- se despidió Rafael una vez que terminamos.
-Tienes razón, lo mismo pienso, nos vemos mañana- me despedí.
-Nos vemos en unas horas- se despidió Uriel y cada uno tomo su propio camino hacia su casa.

Mientras iba a mi casa me puse a pensar en lo que pasó dentro de la torre, en sí, aunque el sí tenía buenos motivos, yo no me sentía ni me siento listo para eso, más por el hecho de que yo no me siento a gusto con el amor en general, el de pareja me refiero, no cualquier otro, como de amigos o familia. Siempre creí que el de pareja era el forzado y más para en donde estoy, todos desde muy chicos han querido que me casé con alguien que no conozco o si conozco sólo es por vista o porque he convivido algo con esa persona. No como me pasa con él, que lo conozco desde hace años y que considero como amigo, y de los buenos.
Ya no sé cómo verle, jamás me espere que pasará algo así y en esas condiciones, jamás en mi vida. Por eso es que no reaccione al inicio. Aparte de que siempre eran los padres o tutores los que me daban la mano de sus hijas o habían veces en que era ella pero obligada por ellos, se les notaba por la pena que tenían o porque me lo decían mientras nadie se fijaba en nosotros y otras eran por el simple interés, de tener un buen título. Así que no contaban ninguna de esas razones porque más que nada era vil interés, en cambio el, no. Él se veía seguro de sí y me dijo eso con una sinceridad que jamás creí se capaz de ver, ya vi porque lo oculto. La sociedad ve mal las relaciones así en personas del mismo sexo, tan mal que lo consideran como una enfermedad o problema mental. Sin darme cuenta ya estaba acostado en mi cama, con lágrimas en los ojos, creo que porque el hizo hacerme dudar más de mí y eso que ya lo hacía bastante sin su ayuda,muy más últimamente.
Así me quedé un rato más hasta que logre dormirme y por primera vez en mucho pude dormir sin esfuerzo y sin despertarme a media noche.

Estaba en el receso con Rafael, ya que Uriel estaba enfermo y el doctor le pidió que permaneciera en cama un par de días. Después de lo de la torre no volvimos a tocar el tema otra vez y eso que ya llevábamos días desde ese día. Así que estábamos intentando hacer como si nada pasará y sí que lo estamos logrando, porque nadie se haya dado cuenta de que algo raro estaba pasando entre nosotros y eso me aliviaba bastante, porque sinceramente no quería ni recordar el tema.
-¿Qué crees que tenga Uriel?- me preguntó Rafael cuando llegamos.
-No sé, pero me gustaría verlo.
-¿Crees que podamos ir a verlo en la tarde? Podemos decir que le queríamos ver y a decirle que ha pasado en clases.
-No sé, no sabemos que tiene, puede ser algo contagioso.
-Bueno eso sí.
-Veamos, si ya nos urge vamos, si no para que iríamos. Además así tendríamos una verdadera situación como excusa- le propuse y aceptó.
-¿Ya te sientes mejor por lo de estos días?- le pregunté hablando de la pelea.
-Define mejor, mi vida está como en una ola. Hay veces en que estoy en la cima y me siento más que bien, en el sentido en que mi vida está arreglada por ese momento y luego baja en picada porque metí la pata o paso algo malo. Y así se va haciendo mi día a día, odio eso.
-Y todos tenemos días que sentimos eso, pero lo importante es seguir intentando.
-Si lo sé, todos me dicen eso pero todos en el fondo saben que soy un caso más que perdido- me dijo viendo a la nada.
-Eso es lo que te hace especial. Si tan solo lo vieras de ese modo en vez del modo enfermizo en que te ves- le dije con una sonrisa.
-Contigo es más que fácil hablar de este tema, mi familia lo evita y cuando no tiene de otra trata de hacer la conversación lo más corta posible. Me siento seguro cuando estás tú y hablo de cualquier cosa, no importa de cómo esté la situación- me dijo viéndome a los ojos.
-Porque no soy como los demás, yo también quiero escapar de esta ciudad- susurré para mí.
-Sabes que te oí ¿verdad? Y aunque no lo creas lo sé y ya te he dicho eso en más de una ocasión- me dijo y me abrazó.
-Sabes que nos pueden ver desde este ángulo- le dije viendo que estábamos muy a la vista.
-Me da igual- admitió y así nos quedamos un rato.
Cuando paso el abrazo me dijo que se le había olvidado algo y por ello tenía que irse, así que lo deje aunque sabía que me estaba mintiendo.

Después de eso no lo volví a ver hasta la última clase, cosa que me preocupo algo pero no lo suficiente como para preguntarle en esos momentos, así que opte por hablar con él.
-¿Encontraste lo que buscabas?- le pregunté cuando lo vi.
-Me asustaste y si, si lo encontré- me sonrio.
-¿Qué te parece si saliendo de aquí nos vamos a ver a Uriel y rogar que no nos contagie de lo que tenga?- le propuse, retomando lo del receso.
-Me agrada la idea- acepto.
-Oye, ya ves que ya estamos a días de lo de la fiesta ¿Ya sabes que usar?- le pregunté cambiando el tema.
-Gracias a Dios mi familia optó a lo de formal sin llamar la atención. Así que iré simplemente formal promedio- dijo con una sonrisa de alivio.
-Eso suena muy bien, al parecer ya se han dado cuenta de cómo están las cosas en este lugar.
-¿Oyeron lo que pasó en estos días?- Pregunto uno de nuestros compañeros sus amigos, llamando la atención de casi todos.
-No, no sabemos- admitió otro.
-En la noche unos piratas lograron llegar a la orilla, la guardia está como loca, buscando a los que están en tierra firme. Además de que tienen miedo de que alguno logré llegar a la ciudad- dijo el primero que era un chico llamado Juan.
-Es imposible, con toda la seguridad que hay- dijo otro asustado.
-Es posible, hace ya tiempo atrás unos piratas entraron a la muralla, así que es posible- dijo Juan.
-Por lo que veo les gusta estar al tanto de eso ¿o no Juan? Bueno espero que no pase eso- dijo fray Raúl, nuestro profesor.
-¿Entonces es verdad lo que él dice, lo de que lograron ya entrar antes a la ciudad?- pregunto otro.
-Sí, pero eso fue hace mucho tiempo atrás- admitió.
-¿Cuánto tiempo atrás?- preguntaron.
-Más o menos cuando ustedes nacieron- respondió.
-¿Como saben que entraron?- preguntaron.
-Porque arrestaron a unos de ellos y sé encontraron cosas que ya se habían visto antes en sus manos- respondió.
-¿Qué cosas?- pregunto otro.
-Armas y alcohol básicamente, pero más lo primero.
-Dicen que los piratas tienen símbolos para identificarse ¿Qué símbolo usaban los que lograron entrar?- preguntaron.
-Una flor de liz entre una circunferencia tejida- dijo haciendo que me llamara más la atención el tema.
-¿Se conoce el nombre de uno de ellos, como el del capitán?- pregunté haciendo que todos me vieran sorprendidos.
-El del capitán no, pero el de los demás sí, pero yo no tengo esa información precisamente ¿A qué va tu pregunta?- pregunto extrañado, por la precisión y seguridad con la que hable.
-Curiosidad- mentí.
-Dudo que sea eso, Adrián, a ti no te gusta hablar mucho de temas como este, u otros varios diferentes- dijo haciendo que me dieran ganas de desaparecer.
-¿Saben algo más de los piratas de esta ocasión?- pregunto otro cambiando el tema.
-Yo no mucho, pero he oído que han estado por aquí antes- admitió y con eso me perdí en mi cabeza pensando en lo de mi padre.
¿Será que él es o era un capitán pirata?

Mientras íbamos de camino a la casa de Uriel nadie hablo de nada, nos la pasamos callados todo el camino cada uno en su cabeza. Yo en lo que pasó en clase y el en no sé qué, pero a ambos nos había absorbido eso completamente. Cuando llegamos tocamos y nos recibió su madre.
-¿Cómo están?- nos saludó sonriendo.
-Bien, venimos a ver cómo seguía Uriel- le contesté con una simple sonrisa.
-Bueno no creo que quieran pasar- me contestó nerviosa.
-¿Que paso?- pregunté.
-Nada, solo que no quiero que se contagien- se defendió.
-Ambos aceptamos las consecuencias de verlo- le contesté, porque vi que Rafael estaba a nada de decir no.
-¿Seguros?- pregunto preocupada y asentimos.
-Ok, está en el cuarto de invitados- dijo ya rendida.
-¿Que hace ahí?- preguntamos ambos.
-Vayan y vean que pasa- nos dijo algo apagada y eso hicimos.
Al llegar a la puerta se escuchaba que él hablaba con alguien.



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En el texto hay: piratas, amor gay, romance

Editado: 03.12.2018

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