Entre Baluartes & Mar

8

El camino al barco ocurrió con una calma increíble, al parecer se habían encargado de todos los detalles para su huida de la ciudad, para salir sin problema alguno. Porque no habían guardias cerca y si habían estaban inconscientes, tenían también llaves para entrar y salir con calma. Y cuando terminaron de usarlas las aventaron cerca de la puerta como si no valieran nada y así era, para ellos solo fueron algo importante temporalmente.
Mientras que yo veía lo poco que tomaron, que fueron más que nada joyas y uno que otro rehén.

-Bueno muchachos hoy nos lucimos y no lo dijo en broma- los felicito el capitán una vez ya estábamos en movimiento, cuando ya estábamos todos ya más tranquilos por lo que pasó.
-Esta noche conseguimos un buen de maravillas de esa ciudad, desde joyas hasta gente nueva para el barco, cosa que ya requeríamos con urgencia ¿Y qué mejor que unos nobles para eso?. A nosotros la clase baja nos tratan como si fuéramos nada, como si fuéramos menos ¿O me equivoco?- les pregunto y se oyó un no de todos.
-¿Pero qué les parece si invertimos los papeles? Si los nobles son la miseria que camina en este mundo, insignificante y sin valor. Bueno en este caso la miseria que se encuentra en el barco a nuestros pies, a nuestro servicio, y nosotros somos los reyes- dijo y ahora se escuchó un sí.
-Seremos los reyes todos mientras esto dure, porque es verdad, los nobles no siento que nos duren mucho. Pero lo que dure la diversión hay que disfrutarla tanto como sea posible, los vamos a tratar como si de esclavos se tratase. Para que conozcan lo que nos obligan a hacer a nosotros ya que no somos como ellos- dijo y todos gritaron de alegría, todos menos nosotros que estábamos más que asustados.
-Descansen muchachos, que mañana tenemos mucho que hacer y lleven el motín donde corresponde, luego los alcanzaré en los calabozos- dijo y todos nos jalaron a otro lugar.

Mientras íbamos a los calabozos creí que sólo sería eso, pero no, en si cuando llegamos nos despojaron de cualquier cosa de que tuviéramos, hasta de parte de la ropa, cambiando unas cosas por otras y quitando otras. Creo que por lo de comodidad y burla, porque terminamos con una camisa de manga larga y algo grande color blanco y unos pantalones cafés igual de holgados, solo que estos solo nos cubrían 3/4 partes de las piernas y sin zapatos. Porque los zapatos te los tenías que ganar con trabajo y tiempo.
Todo nos quitaron a excepción de 2 cosas que tú decidas, yo en mi caso decidí la brújula y el collar sin hacer ni una protesta, porque lo demás me daba igual. Solo quería conservar solo eso, mientras que los demás rogaban desde que les dejarán algo más, hasta piedad. Y de los 20 presos, solo yo conserve 2 cosas, los demás una o ninguna y otros hasta la vida perdieron por eso.

-¿Que nos harán?- preguntó Julián asustado y para sorpresa mía no trato de disimularlo o si lo intento se quedó en un pésimo intento de disimulo. Cosa que me hizo recordar que sus ojos verdes son lo único que se podría decir que es lo único que tiene de europeo porque lo demás tiene toques de mestizo, como su piel que es ligeramente más obscura.
-Muchas cosas, algunas ya las sabes, te las imaginas o puede que solo una de estas, o ninguna de las anteriores. Aquí en este barco la vida es dura, niño si sobrevives a esto, te juro que cambiarás completamente tu forma de pensar y de ser, ya ni siquiera te reconocerías a la larga. Ustedes son esclavos o prisioneros de guerra o motín viviente, tienen suerte de a este grado seguir viviendo ustedes- le contestó nuestro carcelero.
-¿Cuándo saldremos de aquí?- pregunto otro.
-Cuando el capitán lo exija, mientras disfruten de este momento, que es su último momento de paz y con lo último que tienen que los marca como nobles- dijo el carcelero y hubo un silencio absoluto por unos instantes.
Después de esos instantes, se oyeron lamentos de todos lados.
-Dejen de ser tan llorones- exclamo algo enojado, pero empeoró un poco el ruido.
Pero no culpo a los que lloraban, porque todos aquí éramos nobles o de una vida más que acomodada.

-Oye tu niño ¿Como te llamabas…? ¿Adrián? Fuiste muy valiente, espero que conserves eso, lo necesitaras y más de lo que piensas. Te daré un consejo, no seas siempre tan valiente, te podría causar problemas si no sabes cómo controlarlo- me dijo y me puse a pensar en mi madre. Que debería estar muy preocupada por mí y sin darme cuenta tenía el dije en las manos, recordando lo último que le dije "Te quiero, volveré lo prometo".

-Despierten ratas, hoy es el día en que conocerán el infierno- nos despertó otro de ellos mientras golpeaba los barrotes de todas las celdas.
-Ratas, rápido no quieren verme enojado, cuando regrese ya los quiero ver listos- nos dijo y se fue.
-No somos ratas, ellos lo son- dijo uno algo enojado.
-Raúl, cállate, no quiero que nos regañen por tu culpa- le reclamo otro.
-Hay que escaparnos, todos. Cuantos más seamos mejor nos ira- dijo alguien esperanzado.
-¿Sabes que estamos en mar abierto y a no sé cuánto de la costa más cercana?- le pregunté.
-Tu eres el único voluntario de este infierno, con razón estás algo tranquilo- dijo la voz muy orgullosa.
-Puede- admití, aunque sí que estaba asustado.
-Pues joven voluntario, déjame decirte algo, yo no soy para este tipo de vida. En estos mismos momentos estaría durmiendo en una cama en tierra firme- continuo.
-Nadie aquí está para esta vida, si no te has dado cuenta todos somos nobles- dijo Julián enojado.
-En si es más que nada por nuestra educación, teníamos como ellos dicen el mundo a nuestros pies. Pero también todos aquí somos jóvenes el mayor tiene apenas 20. Ellos iban por nosotros más que nada, necesitaban gente y de paso algo de diversión, o eso dijo el capitán- recordé.
-Adrián, pareciera como si estuvieras algo tranquilo, en comparación de los demás, hacías lo que ellos te dijeron sin poner resistencia. En si tú fuiste el único que caminaste para acá, pareciera como si fuera algo normal para ti- me dijo Julián con asco.
-Si hacen lo que les dicen, no les irá tan mal, eso es algo sencillo o mínimo por ahora- me defendí.
-Que lindos, bueno ya que están despiertos por el chisme, vámonos tienen trabajo- nos dijo el pirata que nos despertó.

Después de eso, nos dijeron que la comida y ropa eran valoradas como un premio para nosotros. Esa era la ropa que íbamos a usar hasta que nos ganemos otra y si cumplíamos nuestras tareas nos darían comida. También que estaríamos en el calabozo hasta que también nos lo ganaríamos, en si aquí te tenías que ganar todo, hasta el respirar.
Y así nos la pasamos todo el día, limpiando el gran barco completamente y puliendo armas. Pero, si hacías algo mal te daban castigos físicos, que iban aumentando su dolor mientras el día avanzaba.
-No aguanto más, me duele todo- se quejó Raúl, de tener un poco de pecas y que gritaba algo mestizo. Y por lo poco que hable con él, me dijo que era de Santa Fe, como su amigo que estaba también con nosotros, Mario. Que este era algo de rosa en su piel blanca, ojos verdes aceituna y cabello café, además de un toque que le hace ver que se crió en el campo.
-A todos nos duele todo y más por los golpes- dijo Miguel, otro de nuestro pequeño grupo de 8 que quedamos de Campeche y el que gritaba más mestizo de todos.
-Ya calla, no quiero recordar el día, solo quiero dormir, esperando que eso me ayude- pidió Eliseo. El único que había nacido en España de nosotros, además de algo rubio y de ojos negros, de piel blanca con algo de rojo en algunas zonas y más cuando el sol hace de las suyas.
-Creo que deberíamos suplicarle a Dios o a los piratas piedad- dijo llorando Cruz y el único aquí que estaba preparándose para ser fraile y era el mayor con 20. El está entre lo blanco y en distintos tonos café, todo en él muestra toques como de rebeldía pero él inspira una confianza que todos los religiosos deberian de tener. De esa que te hace que le cuentes todo, aunque tambien su mirada da una confianza rebelde, ligera pero la tiene.
-Tu cállate, no creo que ello nos sirva de algo- le gritó harto Venancio, que era creo de Italia pero hablaba más o menos el castellano. Y por lo que oí, estaba mucho con Cruz, en su caso el tiene una piel blanca como de porcelana, mientras que lo demás de negro y tenía un físico que hacía que pareciera un muñeco de verdad de porcelana vivo.
-No me lo puedo creer, Señor…- dijo Cruz y empezó a orar.
-Cruz, este es un lugar donde Dios no ve, estamos ocultos a Dios aquí. Déjate de eso, estamos solos, solo podríamos ayudarnos nosotros mismos. Este es el mismo infierno- dijo Eliseo algo triste, cuando acabó Cruz de rezar.
-Dios nos ayudará, siempre lo hace- dijo Cruz llorando.
-Tú y tú ciega fe, son los que no se dan cuenta de donde estamos- dijo ya rendido Raúl.
-De algo nos podría ayudar rezarle al Señor- se defendió Cruz.
-Si eso me hace estar ahorita con mi familia en mi casa, créeme que te creeré- dijo Miguel.
-En la biblia dice "pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá la puerta, porque todo el que pide recibe; el que busca encuentra; y al que llama, se le abre." Solo espero que eso no llegue tarde. Pero ya dejen de hablar, si mañana es como hoy no aguantaremos, como dijo Eliseo. Solo en nosotros podemos confiar en todo el barco, así que será mejor que dejen de pelear. Si Cruz puede hacer que esto sea más tranquilo con sus oraciones, lo agradeceré. Solo recuerden lo que nos dijeron, si se desesperan de nosotros estamos muertos- les dije con mucho sueño.
-¿Cómo te aprendiste esa parte?- me pregunto Cruz.
-Mi nana, ella me lo decía para que rezará o pasaba algo que me afectaba cuando era niño. Pero yo normalmente digo "al que pida, se le dará", que es lo que más necesito de eso y me ahorro decirlo todo- le contesté recordando todas esas veces en que las decía.
-Sí que te lo aprendiste correctamente- me felicitó.
-Mira quien habla, Julián tiene razón. Por tu culpa estamos en eso- me demandó Miguel olvidando mi buena memoria.
-Pero aunque no lo crean el hizo mucho más que ustedes en la fiesta. Además de que el capitán me dijo que les diera algo de pan. Mi nombre es León y seré su carcelero y los cuidare- nos asustó León mientras nos daba una pieza de pan algo duro a cada uno.
-¿Que tomaremos León?- pregunto Mario esperanzado.
-Ese es su problema, a mí solo me dijeron que les diera pan.
-Eso es injusto- reclamo Miguel.
-La vida no es justa y menos aquí.
Después de eso todos comimos el pan en silencio para después irnos a dormir.

Y así pasamos un par de meses, como el primer día, solo que con la excepción de que cada día era peor la situación del trabajo, por la presión y el dolor del cuerpo. También ese fue el primer y último día en que nos dieron a todos por igual comida en la noche, porque ya teníamos que cumplir con un mínimo de tareas y no pasar un límite de regaños y castigos. Cosa que provoco la muerte de uno de nosotros Miguel, ya que era el que más se metía en problemas, a tal grado que su último castigo fue en la plancha y con un par de disparos incluidos en el, por parte de toda la tripulación. Y por ello nos dieron un discurso sobre la obediencia a los que quedabamos.
También todos empezamos a apreciar nuestras antiguas vidas y empezamos a medio llevarnos bien todos. Claro que no todo era tan fácil, no podías pasarle comida a otro, porque si los atrapaban, el castigo era físico más la siguiente noche sin comer, o ayudarlo en sus tareas. Así que aunque lo veías cansado y pidiendo ayuda, no podías ayudarle. Cosa que en algunos nos dolió a más no poder, porque cuando más estábamos juntos, más unidos nos volvíamos y más porque en el calabozo hablábamos antes de trabajar y en la noche lo que podíamos aguantar todos. Y en el día, medio hablábamos con nuestros compañeros en turno, para hacer más que nada más ameno el trabajo y no sentirlo tan pesado. Lo sí que nos ayudaba, porque era lo único que podíamos hacer por el otro, hablarle.
Con el tiempo también ya le habíamos entendido a la situación de cómo iba, también ya no teníamos el cuerpo como llegamos, que lo teníamos de nobles, si se podría decir así y ahora estaba lleno de suciedad, callos, cortadas, moretones y cicatrices.
Y otro punto que había que nombrar es que al capitán le gustaba tener bastantes colores brillantes en su ropa. Vale, no todos al mismo tiempo, si no que buscaba algo de armonía en ella, pero siempre con algún color brillante que hacía que se reconociera al verle aunque sea de a rápido.
-Extraño a mis padres- dijo Cruz algo triste en la noche, cosa que nos extrañó, porque él era el que nos motiva a seguir vivos.
-¿Desde cuándo no los ves?- Le pregunté, ya que sabía que los religiosos pierden la comunicación con su familia al iniciarse, excepto cuando se les permite verlos, pero son muy pocos esos momentos.
-Desde que tenía entre 15 y 16 años me fui de mi casa y la última vez que los vi fue hace un año. Pero fue por muy poco tiempo- me contestó dándome lastima.
-¿Porque estabas en la fiesta?- le pregunto Mario.
-Acababa de llegar a la ciudad para ayudar en la iglesia y como soy noble, me invitaron a ir a la fiesta cosa que acepté un poco forzado, porque yo no quería ir.
-¿Porque no querías ir?- le pregunto Mario.
-Era la primera vez que salía del convento en el que estaba y también era la primera vez en años en que se me permitía ir a una y sociabilizar.
-¿Qué hacías antes de entrar ahí? Por lo que parece no eras un santo- le pregunto Raúl.
-Me obligaron a ir, mis padres querían a un hijo en cada área, ya tenían a uno en la política y otro en la milicia, solo les faltaba el religioso.
-Oye no contestaste mi pregunta- le reclamo Raúl con una sonrisa.
-Tienes razón no era un santo, en si antes de eso era una persona normal- admitió.
-¿Cuántos años has estado en eso de lo religioso en forma?- le pregunté.
-Desde los 10, creo, no me acuerdo, ni lo sentí. Mis padres poco a poco me metieron en eso, hasta que un día ya estaba con mis cosas en la habitación de un convento que se convertirá en la mía.
-¿Que querías ser?- le pregunto Julián.
-Todo menos religioso.
-¿A dónde querías ir más, a la milicia, política o que otra podría ser?- le pregunto Raúl.
-En si quería irme a la milicia, pero bueno me educaron para ser religioso y ahora me encuentro en un barco pirata tratando de luchar por sobrevivir.
-Tranquilo di por lo menos que no estás solo, nos tienes a nosotros- le calme.
-Fue muy valiente hacer ese trato con el capitán y más porque decidiste tomar el lugar de tu madre en esto. Yo jamás lo habría hecho- me dijo Cruz cambiando el tema.
-Y más cuando le aventaste la copa a uno de ellos, le diste justo en la cara. Eso sí que fue impresionante- me felicitó Mario.
-¿Cómo se te ocurrió tales tonterías?- me pregunto Julián celoso de mi gran y tonta hazaña.
-Cuando vi que tenía a mi madre lo hice en automático. No pensé lo que hacía o decía- admití y recordé cómo estaba mi madre llorando mientras me iba al barco.
-Tu madre se veía fatal, su expresión de dolor, de pérdida, hasta a mí me llegó su dolor- me dijo Cruz y se me soltó una lágrima.
-Creo que ha de sentirse feo para una madre, que le arrebaten a su hijo sin saber si lo volverá a ver o si vivirá. Pero yo siento que hiciste lo correcto- dijo alguno de ellos que no identifique porque empecé a llorar en silencio sin poder detenerme.
-¿Estas bien?- me preguntaron, pero no respondí. No pude ni saber que decir o como hablar.
-Lo sentimos todos Adrián, no fue nuestra intención- se disculpó uno y los demás le siguieron.
-Mejor durmamos, mañana será otro nuevo día y hay que retomar energía- dijo uno y hubo un silencio total en el lugar. Así me la pasé hasta que por fin pude dormir, pero sin soñar.

-¿Estas bien? Todos lo sentimos de corazón- se disculpó Cruz mientras estábamos limpiando el piso del barco.
-No te preocupes, no fue su intención, no tienen por qué sentirlo- mentí.
Ayer era la primera vez que lloraba así desde hace tiempo y también era la primera vez que lloraba en general en el barco. También no pude dormir bien, a cada rato me despertaba por pesadillas que incluían a los piratas y a mi madre.
La primera que me acuerdo era que estábamos en la fiesta y él capitán la tenía en sus manos, muerta y desangrándose, mientras él se bebía la sangre, yo viendo todo y gritando para que parara.
En el segundo estábamos en el barco todos los piratas y nosotros 7, pero a nosotros nos tenían apenas conscientes y a algunos muertos, porque nos tenían atados con metal que estaba en rojo vivo.
Y el último, era uno en el que solo recuerdo que estaba en una tabla y me dirijo al mar, para morir ahogado porque tenía de nuevo amarres de metal y cuando caí al mar empezaba a hacerme espuma.
Pero en si me había despertado como unas 5 veces en toda la noche o talvez un poco más.
-¿Dónde querías terminar? Porque no creo que querías terminar en un barco pirata y menos en estas condiciones- me saco Cruz de mis pensamientos.
-Yo, quería irme de Campeche y dirigirme al mar, por eso tenía pensado meterme en la armada, para poder hacer eso. Odio como me tratan, me tratan como un príncipe.
-¿Porque lo dices?
-Sabes cuánto peso tienen mis apellidos en la sociedad. Mi familia es una de las que tienen un alto título de nobleza en todo Campeche, por eso me tratan lo mejor que pueden y esperan perfección de mi parte. Quieren que sea el hijo perfecto, el alumno perfecto, el ciudadano perfecto, ya no lo aguanto. Mi nombre opaca cualquier cosa que podría hacer yo por mi cuenta- le contesté sin limitarse como lo hacía antes.
-Se nota que casi nunca hablas de eso y sí que es un buen peso el que te cargas por ello, pero mira el lado bueno, a ti no te tacharían tan fácil.
-Si lo sé, creo que ese es el único punto bueno en eso.
-¿Sabes? Cuando llegue a Campeche rápidamente me enteré de cómo era la cosa ahí y entre lo que me enteré, escuchaba tu nombre y cosas de ti. Cosas que la mayoría eran buenas, pero en si pensaba que eras como los que se encontraban en tu lugar, que no podrías pensar en alguien más que no seas tú. Pero con forme pasaba el tiempo me enteré que no era así, me contaron cosas, como lo de tu amigo, descendiente de conquistadores y como lo defendiste.
~Pero te seré sincero no lo creía del todo, pensaba que solo lo hacías para que vieran que tenías un corazón de oro. Fue hasta en la fiesta me di cuenta que me equivocaba, cuando te vi defendiendo a tu madre y haciendo el trato para que solo la minoría sufriera las consecuencias de lo sucedido. Esa valentía me mostró que no eres el típico noble que ve a todos por debajo de él, sino que los ves como iguales. También vi un poco de eso en tu madre, dándome cuenta que a ti te enseñaron de esa forma. Pero no vi a tu padre- me dijo y en eso recordé lo que pasó con Rafael y yo en el baluarte.
-Mi madre me crío ella sola, en si nací fuera del matrimonio, pero ambos no están casados, mi madre…- y empecé a contarle la corta historia de amor de mis padres, sin decirle que el era un pirata.

-¿No sabes quién es tu padre?- me pregunto sorprendido.
-No, solo se su nombre y lo que mi madre me contaba de él. Por eso mi madre estaba rodeada de hombres intentando conquistarla.
-¿Porque solo intentándolo? Lo siento por eso, es que lo dijiste con una seguridad increíble.
-Ella me dijo que mi padre era, es y será el único hombre que amara de esa forma.
-Que romántico suena eso.
-Dejen de hablar- nos regañó el que nos cuidaba.
-Lo siento- me disculpé y continuamos trabajando en silencio.
Pero no hacíamos nada malo en sí, vale hablábamos, pero estábamos trabajando.

-Adrián, se nota que medio le sabes a eso de limpiar- me dijo Mario pasadas semanas después de mi conversación con Cruz, ahora me tocaba limpiar los cañones con él.
-¿Porque lo dices?
-Soy muy observador, de los 7 solo Cruz y tú, pareciera como si ya saben algo de eso. De Cruz no me sorprende el clero tiene que saberle algo a eso, pero tú- me dijo como preguntando.
-En mi casa luego ayudaba en la limpieza cuando no sabía qué hacer.
-Qué suerte tienes, a ti casi nunca te castigan, como a Cruz. Aunque a él le castigan por lo de ser un religioso.
-¿Sabes que le hacen a Julián? A cada rato lo llaman- le pregunté, porque a él a cada rato le llamaban, a toda hora y hace rato le habían hablado y aún no regresaba.
-No, pero dicen que el capitán se trae algo con él.
-¿Crees que sea algo más...?
-¿Sexual? Ni idea, pero al inicio te acuerdas que Julián estaba algo rebelde, míralo ahora, se volvió más reservado y casi no lo vemos.
-No tengo un buen presentimiento de lo que pasa. Yo oí que el capitán lo manda a traer a su camarote y que pasan una serie de eventos nada lindos o eso oigo mucho.
-Si todos oímos eso, los piratas no son muy discretos que digamos. No eres el primero con el que platico del tema, en si solo me faltaban tú y Cruz, pero ya lo conoces, Cruz es un caso especial.
-Si lo sé, pero siento que se está haciendo, porque cuando hablo con él se le ve que no es así- recordé.
-Si también me he dado cuenta de eso.
-Oye ¿qué castigos son los que más les hacen en general a ustedes?- cambie algo el tema.
-De esos que te dejan cortés y moretones, pero no son muy graves. Raúl me dijo que a lo mucho le daban latigazos, que yo siento que es el peor. Por ahora.
-¿Entonces es Julián al que le va peor? o eso pensamos ¿Quién le seguiría de nosotros?
-Eso está entre Mario y Raúl, como que se turnan.
-¿Todos tenemos celda propia?
-Por ahora, oí que es posible que a la próxima que se pueda conseguirían más gente. Murieron más de la mitad de nosotros y no creen que duremos mucho.
-Eso lo dijeron al inicio, de que les íbamos a durar muy poco pero ya llevamos meses aquí.
-Y les está sorprendiendo eso, creyeron que los que iban a durar eran solo un par de nosotros y eso era mucho, pero somos 7.
-Vamos princesa- dijo un hombre mientras empujaba a Julián hacia donde estábamos.
-Princesa haz lo de ellos- demandó y se fue.
-¿Que hacen?- nos dijo en voz algo baja.
-Estamos haciendo un día de campo aquí- le dijo Mario, nadie se lo creería.
-Estamos limpiando los cañones- le dije mientras le pasaba un trapo y un cepillo.
-Gracias ¿Cómo van?- pregunto cuando se los pase.
-Vamos la mitad de los que nos tocaban- dijo Mario exagerando su cansancio.
-Tenemos que apurarnos, oí que ya deberían de llevar más de eso o si no tendrían castigo- nos advirtió.
-¿Dónde lo oíste?- pregunto Mario.
-Mientras venía para acá oí al segundo al mando decir eso- respondió Julián.
-Es imposible avanzar tanto- le dije.
-Si pero ya ven como son, quieren arruinarnos la existencia- recordó Julián.
-Oí un método para hacer que no nos vaya tan mal, pero no sé qué es ni cuando lo harán- recordó Mario.
-Si yo también lo oí. Dicen que si quieres salir de esclavo, tienes que pelear a muerte con uno de ellos, pero que solo pocos lo logran y dan solo un día para aceptar. Para que al siguiente ya hasta tengas un oponente, pero siempre dicen que el oponente es mejor- contó Julián.
-¿Entonces si logras matarlo te quedarías con su lugar?- pregunté para ver si entendí.
-Sí y no, si porque tendrás su camarote, no porque dependiendo de cómo lo lograste te dan un lugar con ellos. Pero eso sí enseñandote lo necesario para ese lugar- me contestó.
-¿Julián porque te llaman mucho?- pregunto Mario y Julián se congeló.
-No quiero hablar del tema- respondió con la mirada baja.
-En el barco se habla mucho de eso- continuo Mario.
-Que te importa eso, mejor apuremos en esto para que no nos castiguen- nos pidió.
-Julián, eso saldrá un día- le dije sonando mucho a Cruz.
-Olviden eso, no quiero que nos castiguen- nos pidió y aceptamos, pero no logramos terminar.
 



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En el texto hay: piratas, amor gay, romance

Editado: 03.12.2018

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