Entre besos y caricias

Capítulo 1

GABRIELA

Odiaba los ascensores. Ese silencio incómodo, la sensación de encierro, el olor a metal frío y perfumes ajenos.. todo me hacía sentir pequeña por lo que pasó aquel día. Pero ese día tenía prisa. Y ese maldito ascensor era la única forma de llegar al piso 14 a tiempo.

No pensaba correr por las escaleras, después del ensayo no me quedaban más energías. Porfiria sería bueno para mi salud y mi resistencia en el baile, pero esta vez descarto la idea.

Apreté el botón. La carpeta con mis papeles de danza se me resbalaban de las manos. Llevaba el uniforme del café, el pelo desordenado y la ojeras de alguien que trabaja por su sueño, no por obligación. Me miré en el reflejo de las puertas metálicas. No era la Gabriela que mis padres mostraban en las galas de hotel. Era otra. La Gabriela real.

Pensé en como salí del infierno en el que andaba, mi padre era una mierda, y mi madre un sol. Siempre me pregunte que le vio, ¿fue el dinero, o fue otra cosa? Nunca le había preguntado a mi madre cómo fue que lo conoció, y porque no sale de ahí.

Sé que no es fácil salir de una relación tóxica, pero mi madre tuvo años para poder salir de ahí, era un infierno vivir con mi padre. No me imagino estar casada con un hombre así.

Las puertas comenzaron a cerrarse, pero una mano se interpuso en ellas.

Entró un hombre, de repente el aire cambió. Era alto con un traje oscuro, reloj brillante, cabello perfectamente peinado como si acabara de salir de una película donde el protagonista no tiene escrúpulos ni tiempo para enamorarse. No me miro. O fingió no hacerlo. Pero su presencia llenó el espacio como si hubiera nacido para ocuparlo todo.

Me crucé de brazos. Me alejé apenas un poco, sin hacerlo evidente. No tenía miedo. Era precaución. Los hombres así con esa mirada y ese silencio afilado, no suelen venir con buenas intenciones.

El ascensor comenzó a subir .piso 4... piso 7...

Y entonces se detuvo de golpe.

La luz titiló. El sonido metálico hizo eco en mi pecho. Me agarre de la pared sin pensar. Los ascensores son una mierda, que miedo quedarte encerrada y no poder salir nunca. O que tal si se cae la parte de abajo y quedamos muertos.

-Qué fue eso?- pregunte, odiando que mi voz sonara más nerviosa de lo que quería.

El no se movió. Ni siquiera frunció el ceño.

-Nada importante- dijo, como si el mundo entero pudiera derrumbarse y el seguiría impasible.

-¿No vas a hacer nada?

Me miró por primera vez, y ahí fue cuando sentí el peso de sus ojos azules. Oscuros, profundos, vacíos y llenos a la vez. Nunca había visto unos ojos así de hermosos, no era un azul común. era más intenso.

-¿ Hacer que? -respondió- A veces no hacer nada es la única forma de salir vivo.

No sabía si hablaba del ascensor o de otra cosa. Que hombre tan extraño me tocó. Aunque mi pregunta fue un poco estúpida, él que iba a hacer, ni que fuera bombero.

-Siempre eres tan filosófico con desconocidas atrapadas contigo?- hable de golpe.

No fui consciente de lo que dije hasta que hablé. ¿Qué me pasa? Se suponía que hablar con desconocidos era malo.

Levantó una ceja, apenas.

-Solo cuando me miran como tú.

Me quedé en silencio. Porque tenía razón, lo estaba mirando y no podía parar. Debo admitirlo, era atractivo el hombre.

-Cómo te llamas?- pregunté sin pensar.

Silencio

-Se ve que eres demasiado entrometida- Evadió mi pregunta por un rato.

-Me llamo Lorenzo- dijo al final.

Pensé que me preguntaría mi nombre, pero no lo hizo. Y por alguna razón me gustó que no lo hiciera.

El ascensor volvió a moverse. Piso 10... 11... 12...

Cuando llegamos al 14, salió sin mirar atrás

Yo me quedé unos segundo ahí de pie. como si mi cuerpo supiera que algo acababa de empezar, pero mi cabeza no quería aceptarlo. No se quien era ese hombre, que estará haciendo aquí nunca vi a un hombre como él por estos sitios.

Con ese traje que traía, yo podría comprarme una casa. Desde lejos se veía que toda esa vestimenta valía una fortuna.

Salí del ascensor dirigiéndome hacia mi departamento, me instalé aquí cuando gane dinero en un concurso de danza. Abrí la puerta adentrándome dejando mi carpeta en la mesa, fui por un vaso de agua a la cocina. Me encontré con Lia saliendo de su cuarto. Es mi mejor amiga que tiene su propio estudio de tatuajes.

-Hola, cómo te fue- preguntó acercándose hacia mí.

-Cómo siempre, clientes que te hacen la vida imposible- me queje dejando el vaso en la mesa.

Mi día era como todos los demás, clientes molestos, exigiendo que nos demos prisa ya que ellos tenían el tiempo contado. Si tuvieran demasiada prisa no deberían de pasar por un maldito café, deberían irse directo a lo que tengan importante.

-Te entiendo, hoy en el estudio un hombre me invitó a salir.

-¿Enserio?, espero que le hayas dicho que si

-Obvio que sí, era guapo, alto y rubio con todo el brazo lleno de tatuajes- dijo alzando las cejas-. Además quería invitarte a una discoteca que acaban de abrir.

La mire mal, ella sabía perfectamente que no me gustaba andar de loca.

-No lo sé casi no tengo tiempo, además sabes que ya no me gusta salir de fiesta- me senté en una silla, y Lía también.

-Ándale hazlo por mí- hizo un puchero con los labios-. Que si conoces a un hombre guapo y sexy con mucho dinero. Y sé perfectamente que este sábado no trabajas.

-Es verdad, pero tengo ensayo a las 3 y salgo a las 5. Terminaré cansada.

-No hay problema, la disco abre a las ocho. - me guiño el ojo con una sonrisa en la cara -. Y habrá música latina.

-Maldita sabes cómo convencerme - le golpee suavemente el brazo con una sonrisa-. Está bien, iré.

-Muy bien, yo no estaré en casa así que vendremos por ti- me aviso.

-¿A qué te refieres con que vendremos?¿Quién viene contigo? - fruncí el ceño-. Desembucha.

-¿Qué onda con esa frase?- se burló-. Pero está bien, te contaré. Fue el sexi rubio del que te acabo de hablar.



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En el texto hay: accin romarce, accin mafia, acció

Editado: 13.08.2026

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