Entre besos y caricias

Capítulo 2

GABRIELA

Me desperté con el sonido de la alarma y un recuerdo de unos ojos azules que no me dejaban en paz. Después de aquel encuentro con Lorenzo no pude dejar de pensar en él. Había algo que se quedó en mi como una espina que no se ve.

Sacudí la cabeza. Hoy no era día para pensar en extraños peligrosos.Tenía ensayo, un ensayo demasiado pesado.

Me duché, saqué unas mallas y un top de color negro. Metí mi paño y mis zapatos a la bolsa y me puse unas zapatillas deportivas, me até el cabello y agarre las llaves de mi moto.

Es una Kawasaki de color negro, me costo demasiado dinero, ahorre por bastante tiempo para poder comprarla. Siempre me gustaron más las motos que los carros. En la moto puedes sentir el viento y la adrenalina a tope. Algo que en un carro no se disfruta mucho.

Llegué al estudio y ahí se encontraban mis demás compañeros, teníamos una presentación en 4 semanas y la profesora estaba hecha un mojo de nervios. Nos gritaba y cada error, por más pequeño que sea, nos gritaba y hacía que repitiéramos el paso como treinta veces.

-Hola- deje mis cosas en un casillero, y me puse mis zapatos para bailar.

-Hola, ¿cómo estás guapa?- Alejandro se acercó dándome un beso en la mejilla.

Era mi hermano, yo y él bailábamos juntos.

-Cansada, pero estoy bien- dije con una sonrisa,

Alejandro era de México al igual que yo, lo conocí desde pequeña, y como dije, es mi hermano. No será de sangre pero por el tiempo que llevamos juntos podría decirse que su. Entramos a la academia juntos, en Italia llevamos danzando 2 años.

-Vamos, que Alondra se va a enojar si no nos apuramos, ya vez como es de mandona.

Alejandro soltó una pequeña risa ante mi comentario.

-Es verdad, vamos- nos posicionamos en frente ya que íbamos a bailar por separado, cada quien con su pareja

Empezó la música, Alejandro me agarró de la mano y comenzamos a bailar. Bailamos polka luz y sombras de Chihuahua, México.

El folklore me encanta, me recuerda quien soy, de donde vengo, lo quiero. Cada paso, cada giro, cada pañuelo en el aire... es un pedazo de mi tratando de brillar, aunque nadie más lo vea. Desde pequeña me apasionaba el baile, mi inspiración fue mi madre.

Terminó la música, y nuestros compañeros nos aplaudieron. Me encontraba sudada, agotada y feliz. Recuerdo haber arrastrado a Alejandro al baile, él primero me dijo que no era lo suyo, pero ahora es uno de los mejores entre los hombres.

Pase toda la tarde entre zambas, chacareras, risas y bromas, aunque Alondra nos llamará la atención como 5 veces.

-¿Qué vas a hacer por la noche?- le pregunté, agarrando mis cosas y poniéndolas en mi hombro.

-Nada, tenía pensado practicar la coreo ya que unos pasos se me dificultan. No quiero que Alondra me exorcice.

-Quería invitarte a una discoteca que acaban de abrir, no quería ir sola con Lía y su ligue- mencione , encaminándonos hacia el estacionamiento.

-Me parece bien, cuenta conmigo- acepto con una sonrisa-.¿A qué hora sería?

-Sería a las ocho se llama nox .

-Claro, allá nos vemos- se despidió con un abrazo y un beso en la mejilla.

-¡Salúdame a mis tíos!- le grite ya cuñado estaba lejos.

Él me respondió con un movimiento de mano.

Alejandro desapareció y yo me monté a la moto, llenado directamente a mi casa. Ya eran las 5:30 y se me estaba haciendo tarde.

Al llegar a mi departamento fui directo a mi habitación. Fui directo a mi clóset buscando que me ponerme, había una caja hasta el fondo y la puse en la cama. La abrí y estaban todas mis cosas de mi pasado. Había ropa , fotos y más cosas . Me llamo la atención un vestido negro con un corte en ube sin mangas. Lo agarre y lo puse en mi cama junto con unas bragas rojas, sin sostén porque no se necesita.

Me duché rápido, lave mis dientes y salí del baño con un albornoz blanco. Me senté enfrente del tocador, me sequé el cabello y me hice unas ondas no tan marcadas, haciendo que mi pelo castaño largo rose mi espalda baja.

En poco tiempo sentí cómo mi estómago empezaba a rugir, me había dado hambre. Lo único que comí en todo el día fue un dichoso café con pan, y eso fue en la mañana.

Intenté ignorar el hambre, pero fue insoportable. Me levanté de la silla y fui directamente a la cocina por algo. Abrí la nevera y no vi nada, solo había un poco de jamón y lechuga. Pues nada, tendré que hacerme un sándwich.

Mientras me lo comía pensaba en los pasos que aún no pulía a la perfección, aunque no lo crean, a las mejores bailarinas también se les dificulta. Nadie nace sabiendo, todo se aprende con el tiempo.

Cuando termine de comer, lave todos los utensilios que había utilizado. El sándwich me sació el hambre, se que eso no es una comida completa, pero era lo que había.

Tendremos que ir de compras estos días, si no queremos morir de hambre.

Regresé a la habitación y volví a lavarme los dientes. Después de eso me volví a sentar fe te al tocador, el tiempo me pisaba los talones. Ay me faltaba maquillarme, y ver si el vestido me convencía.

¿Por qué es tan difícil ser mujer?

Me puse corrector debajo de los ojos y en la zona T, sombra negra bajo mis ojos cafés y un poco de rubor. Sombras cafés arriba del párpado, me pinte las pestañas y me hice mi lip combo. Me miré al espejo, comprobando si todo había salido bien. Observe si no me había dejado polvo en la cara, porque soy capaz de olvidarme y salir así.

Al pensar eso, recordé una escena de la película “donde están las rubias” donde una mujer le decía a marcus “límpiate adicta” pensado que era una sustancia ilícita, pero nada que ver. Solo era polvo.

Me levanté y me quite el albornoz, me puse mi vestido y unos tacones "cesare paciotti" me paré frente al espejo largo, el vestido resaltaba mis curvas, mi cabello impecable y mi maquillaje también. Al final no tuve que cambiar de atuendo cincuenta veces.



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En el texto hay: accin romarce, accin mafia, acció

Editado: 13.08.2026

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