Entre Cámaras y leyes

CAPITULO 2

CAPÍTULO 2

KRISTHINA

Eran exactamente las nueve de la mañana cuando crucé las puertas de cristal del bufete. El eco de mis tacones se mezclaba con el murmullo de asistentes que se desplazaban de un lado a otro, cargando carpetas y ajustando agendas. El mármol brillante del piso reflejaba la precisión que exigía aquel lugar: impecable, rígido, inquebrantable.

Chloe, mi asistente, me alcanzó apenas entré. Su cabello castaño, recogido en una coleta, y sus ojos color miel enmarcaban un rostro serio, aunque con la calidez suficiente para recordarme que no todo en ese trabajo era frialdad. Con el tiempo, se había convertido en alguien de absoluta confianza, una especie de ancla en medio del vértigo que suponía trabajar en el bufete más reconocido del país.

—Doctora Rodríguez —dijo con voz firme—, dejaron esto para usted. Es urgente.

—Muchas gracias, Chloe —respondí—. Puedes retirarte.

Mientras se alejaba, no pude evitar recordar mi primer día en aquel lugar, cuando llegué como pasante, con un futuro incierto pero la convicción de haber luchado mucho para estar allí. Desde el primer momento en que pisé el bufete, Chloe se convirtió en una presencia fundamental en mi vida profesional. Su generosidad y discreción eran la razón por la que confiaba plenamente en ella.

RECUERDO

Aquel día apenas comenzaba a orientarme por los pasillos del bufete. Todo parecía demasiado grande, demasiado rígido, y tenía la sensación de que cualquier error podía costarme caro. Con una carpeta en las manos, me acerqué a la recepción en busca de ayuda.

—Disculpa… ¿sabes dónde debo dejar estos informes para el área penal? Es mi primer día y estoy algo perdida —pregunté, con un nudo en la garganta.

La joven que organizaba los documentos levantó la mirada. Su sonrisa contrastaba con la frialdad del lugar.

—Claro, ven conmigo. Yo también me perdí durante las primeras semanas. Es completamente normal —respondió con naturalidad.

Aquello me sorprendió. La mayoría me trataba como una rival o como una sombra invisible.

—Gracias… Soy Kristhina Rodríguez, la nueva pasante.

Ella rió suavemente y extendió la mano.

—Chloe. Y si necesitas un mapa de este laberinto, puedo dibujarlo de memoria. Confía en ti y en lo que sabes. Este lugar no es para personas débiles; todos estamos aquí por un puesto.

Al llegar al área penal, se despidió con una sonrisa cálida y desapareció por el pasillo.

ACTUALIDAD

Sobre mi escritorio me aguardaba una carpeta con un sello rojo. La tomé con la serenidad habitual con la que abordaba cada caso, hasta que mi atención se detuvo en un nombre que quebró momentáneamente esa calma: Burak Yilmaz.

Era un actor de amplio reconocimiento. Aunque el bufete había gestionado diversos asuntos legales para él, nunca antes uno de sus casos había recaído en mis manos. Mi experiencia se enfocaba en derecho penal, civil y constitucional; en cambio, los procesos relacionados con Yilmaz solían vincularse a la difusión de noticias falsas y a conflictos del ámbito económico, especialmente contractuales.

A medida que avanzaba en el expediente, comprendí de inmediato la magnitud del caso y la razón por la cual me había sido asignado. Se trataba de una acusación por abuso sexual ocurrida durante el rodaje de su nueva serie. La prensa no tardaría en enterarse y cada minuto contaba.

Sin perder tiempo, redacté un correo urgente solicitando una conversación inmediata. El tiempo estaba en nuestra contra, y cualquier descuido podía convertir aquel proceso en un escándalo público.

NARRADOR OMNISCIENTE

Al otro lado de la ciudad, Burak leyó la notificación que apareció en la pantalla de su teléfono. El mensaje, enviado desde el bufete, indicaba que la abogada a cargo de su caso solicitaba una conversación urgente. Su expresión se tensó de inmediato; los recuerdos de su pasado con su expareja y la responsabilidad que implicaba Milenka acudieron a su mente con precisión.

Sin responder al mensaje, optó por llamar directamente al despacho. Cada segundo era crucial: debía anticiparse y mantener el control de la situación antes de que los medios se adelantaran.

El teléfono sonó sobre el escritorio y Chloe respondió con rapidez y profesionalismo.

—Bufete Vilches, ¿en qué puedo ayudarle? —dijo con voz clara y firme.

—Buenos días. Habla Burak Yilmaz —respondió él, con tono serio y controlado—. Necesito comunicarme con la abogada a cargo de mi caso. He recibido un mensaje solicitando una conversación urgente.

—Un momento, por favor. Enseguida le comunico.

Sin demora, transfirió la llamada.

—Kristhina, el señor Burak Yilmaz está en línea. Indica que el asunto es urgente —informó Chloe antes de colgar.

Kristhina tomó el auricular. Al escuchar su voz, percibió una firmeza serena, controlada, que imponía atención incluso en un contexto estrictamente profesional.

—Señor Yilmaz, habla Kristhina Rodríguez, abogada a cargo de su caso —dijo con tono preciso.

—Abogada Rodríguez, gracias por atender. Como usted sabe, en mi contra se ha presentado una denuncia por presunto abuso sexual. He sido notificado esta mañana y necesito asesoría inmediata antes de que la situación escale públicamente.

—Entiendo la gravedad del asunto —respondió ella—. Para actuar con la debida diligencia, necesito confirmar algunos datos. ¿Ha recibido una notificación formal por parte de la autoridad competente o se trata de información preliminar?

—He recibido una notificación formal. La denuncia ha sido admitida a trámite.

—De acuerdo. ¿Puede indicarme la fecha de los hechos denunciados y si existe algún proceso previo relacionado con la denunciante?

—Los hechos se sitúan en fechas recientes. Existe un vínculo estrictamente profesional, ya que actualmente nos encontramos rodando una serie.




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