El sonido de la cámara volvió a romper el silencio del estudio.
Click.
Scarlett mantuvo la mirada fija en Sebastián, tal como él había pedido. No había sonrisa en su rostro, solo una expresión tranquila que parecía más natural de lo que ella misma esperaba.
Durante años había aprendido exactamente cómo posar: qué ángulo favorecía más su rostro, cómo inclinar la cabeza, cómo hacer que cada fotografía pareciera espontánea aunque estuviera cuidadosamente calculada.
Pero aquella vez era distinto.
Sebastián no daba demasiadas instrucciones. No le pedía que girara el cuerpo ni que levantara ligeramente el mentón, como solían hacer otros fotógrafos. Simplemente observaba.
Click.
Scarlett sostuvo la mirada un segundo más de lo habitual.
Él volvió a disparar.
—Bien —dijo finalmente, revisando la pantalla de la cámara.
Chloe observaba desde un lado del estudio con los brazos cruzados, atenta a cada detalle.
—Probemos otra posición —sugirió uno de los asistentes.
Scarlett cambió de postura con naturalidad. Movió ligeramente el peso de su cuerpo hacia un lado y dejó que uno de los mechones de su cabello rubio cayera sobre su hombro.
Click.
Sebastián caminó unos pasos alrededor de ella, buscando otro ángulo.
No hablaba mucho.
Eso también era extraño.
La mayoría de los fotógrafos llenaban el ambiente con indicaciones constantes o con comentarios exageradamente amables para mantener a la modelo relajada.
Sebastián parecía cómodo en el silencio.
Click.
Scarlett comenzó a notar algo más.
Él no la observaba de la forma habitual.
No era esa mirada superficial que evaluaba su belleza como si fuera parte del producto. Era algo distinto, más concentrado, como si estuviera intentando encontrar algo que los demás no veían.
—Mira hacia la ventana —dijo de pronto.
Scarlett giró ligeramente la cabeza.
La luz de la mañana entraba por los ventanales del estudio, suavizando los contornos de su rostro.
Click.
Sebastián revisó la imagen unos segundos.
Frunció el ceño apenas, como si estuviera pensando.
—¿Todo bien? —preguntó Chloe desde el fondo.
—Sí —respondió él—. Solo quiero intentar algo diferente.
Scarlett volvió a mirarlo.
—¿Diferente?
Sebastián levantó la cámara otra vez.
—Olvida que estás en una sesión.
Ella arqueó una ceja.
—Eso no suele ser fácil.
—Lo sé.
Hubo un breve silencio.
Luego añadió:
—Pero inténtalo.
Scarlett respiró lentamente.
Olvidar las cámaras no era algo que hiciera a menudo. Su vida entera giraba alrededor de ellas. Cada gesto, cada sonrisa, cada fotografía publicada estaba pensada para mantener una imagen impecable.
Sin embargo, por alguna razón, la forma tranquila en que Sebastián hablaba hacía que la situación pareciera menos rígida.
Se relajó ligeramente.
Click.
El fotógrafo bajó la cámara y observó la pantalla.
Esta vez no dijo nada.
Scarlett notó la pequeña arruga que aparecía entre sus cejas cuando se concentraba.
—¿Qué pasa? —preguntó ella.
Sebastián levantó la mirada.
Durante un segundo pareció debatirse entre decir algo o no.
Finalmente habló.
—Nada.
Scarlett cruzó los brazos.
—Eso no suena muy convincente.
Una ligera sonrisa apareció en el rostro de Sebastián.
Fue breve, pero suficiente para cambiar completamente su expresión.
—Solo estoy pensando —dijo.
—¿En qué?
Él dudó un instante antes de responder.
—En que te ves muy distinta cuando dejas de intentar ser perfecta.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Scarlett no estaba acostumbrada a escuchar algo así.
La mayoría de las personas elogiaban precisamente lo contrario.
Perfecta.
Siempre perfecta.
—Ese es literalmente mi trabajo —respondió ella con calma.
Sebastián inclinó la cabeza ligeramente.
—Lo sé.
Volvió a levantar la cámara.
Click.
La sesión continuó durante casi una hora. Cambiaron vestuarios, posiciones y escenarios dentro del estudio, pero algo en el ambiente había cambiado sutilmente.
Scarlett no podía explicar exactamente qué era.
Tal vez la forma en que Sebastián observaba cada fotografía antes de tomar la siguiente.
Tal vez la sensación incómoda de que, por alguna razón, él parecía ver más de lo que mostraban las imágenes.
Cuando finalmente terminaron, los asistentes comenzaron a recoger el equipo.
Scarlett tomó una botella de agua de la mesa cercana.
—¿Siempre trabajas así? —preguntó.
Sebastián levantó la mirada desde su cámara.
—¿Así cómo?
—En silencio.
Él se encogió ligeramente de hombros.
—Me gusta observar primero.
Scarlett dio un pequeño sorbo de agua.
—La mayoría de los fotógrafos hablan demasiado.
—Tal vez tienen miedo del silencio.
Ella lo miró con curiosidad.
—¿Y tú no?
Sebastián apagó la cámara.
—No.
Hubo un momento de silencio entre ellos.
Luego Chloe apareció nuevamente con su tableta.
—Las fotos se revisarán esta tarde —dijo—. Si todo está bien, la campaña saldrá la próxima semana.
Sebastián asintió.
—Perfecto.
Scarlett estaba a punto de irse cuando él volvió a hablar.
—Scarlett.
Ella se giró.
—¿Sí?
Sebastián sostuvo la cámara entre las manos un momento antes de decir:
—Hay una foto que quiero revisar con más calma.
—¿Solo una?
—Sí.
Scarlett sonrió ligeramente.
—Espero que sea la mejor.
Sebastián no respondió de inmediato.
Solo la observó durante un segundo antes de decir:
—Es diferente.
Scarlett no sabía por qué, pero esa palabra volvió a provocar en ella una sensación extraña.
Diferente.
Mientras caminaba hacia la salida del estudio, no pudo evitar preguntarse cuál de todas las fotografías estaba viendo Sebastián Callahan en ese momento.