Cuando la sesión terminó, el estudio comenzó a vaciarse poco a poco.
Los asistentes recogían reflectores, doblaban vestuarios y desmontaban el fondo blanco que había dominado la habitación durante toda la mañana. El ambiente que unas horas antes parecía perfectamente coreografiado ahora volvía a sentirse más humano, más desordenado.
Scarlett observaba todo desde una de las sillas del maquillaje mientras uno de los estilistas retiraba los últimos restos de polvo de su rostro.
—La campaña quedó increíble —comentó la maquillista mientras guardaba sus brochas—. Las fotos se veían espectaculares desde aquí.
Scarlett sonrió con educación.
—Eso espero.
Estaba acostumbrada a ese tipo de comentarios. Después de años trabajando con marcas, sabía exactamente qué esperar al final de cada sesión: felicitaciones rápidas, promesas de que el material sería un éxito y una agenda llena de nuevas campañas.
Todo seguía el mismo patrón.
Todo… excepto una cosa.
Sebastián Callahan.
Scarlett lo buscó con la mirada.
Él estaba en una mesa al fondo del estudio, revisando las fotografías directamente desde la cámara. Su postura era tranquila, ligeramente inclinada hacia adelante, completamente concentrado.
Ni siquiera parecía notar el ruido alrededor.
Chloe apareció a su lado.
—El coche llegará en diez minutos —dijo revisando su tableta—. Luego tienes la entrevista con la revista a las dos.
Scarlett asintió.
—Perfecto.
Pero sus ojos volvieron a deslizarse hacia Sebastián.
Había algo en su forma de trabajar que le resultaba curioso.
No tenía prisa.
No parecía impresionado por la campaña ni por los números que Scarlett había alcanzado en redes. Era como si todo aquello fuera solo una parte secundaria de su trabajo.
—¿Lo conocías antes? —preguntó Scarlett de repente.
Chloe siguió la dirección de su mirada.
—¿A Sebastián?
—Sí.
—No —respondió ella—. La marca lo recomendó. Tiene buena reputación.
Scarlett volvió a observarlo.
—No parece fotógrafo de moda.
Chloe sonrió ligeramente.
—Porque no lo es. Normalmente trabaja en fotografía documental.
—Entonces ¿por qué aceptó esta campaña?
—Tal vez por el dinero.
Scarlett soltó una pequeña risa.
—Eso sería lo lógico.
Pero por alguna razón, no estaba completamente convencida.
Al otro lado del estudio, Sebastián seguía revisando las fotografías. Sus dedos avanzaban lentamente entre las imágenes hasta que se detuvieron en una.
La misma foto.
La que había capturado cuando Scarlett había dejado de sonreír.
Durante un segundo volvió a observarla con atención.
No era la pose perfecta que buscaban las marcas. Tampoco tenía la expresión cuidadosamente ensayada que la había hecho famosa en redes.
En esa imagen Scarlett parecía… distinta.
Más tranquila.
Más real.
Sebastián amplió la fotografía ligeramente.
Los ojos de Scarlett miraban directamente hacia la cámara, pero había algo en su expresión que no parecía pertenecer al personaje que mostraba al mundo.
Era una mirada breve, casi vulnerable.
Algo que probablemente había durado apenas un segundo.
Sebastián cerró la pantalla de la cámara con suavidad.
—Interesante —murmuró para sí mismo.
Mientras tanto, Scarlett se levantó de la silla y tomó su bolso.
—Me voy —anunció Chloe al equipo.
Los asistentes se despidieron con sonrisas rápidas.
Scarlett caminó hacia la salida del estudio, pero antes de cruzar la puerta miró hacia atrás una última vez.
Sebastián seguía allí.
Como si no tuviera ninguna prisa por marcharse.
Sus miradas se encontraron apenas un instante.
Él inclinó la cabeza a modo de despedida.
Scarlett respondió con una pequeña sonrisa.
Luego salió del estudio.
Minutos después, el ascensor del edificio descendía lentamente hacia la calle.
Scarlett observaba su reflejo en el espejo del interior.
Perfecta.
Cabello en su lugar.
Maquillaje impecable.
Expresión serena.
Exactamente la imagen que todos esperaban.
Pero por alguna razón, las palabras de Sebastián seguían rondando en su mente.
"Te ves muy distinta cuando dejas de intentar ser perfecta."
Scarlett frunció ligeramente el ceño.
No sabía si aquello había sido un cumplido o una crítica.
Tal vez ambas cosas.
El ascensor se abrió en el vestíbulo y Chloe caminó junto a ella hacia la salida.
Afuera, Manhattan estaba completamente despierto.
Los autos llenaban las avenidas, las personas caminaban con prisa y el ruido de la ciudad formaba ese caos familiar que Scarlett había aprendido a ignorar.
Un coche negro esperaba junto a la acera.
Antes de entrar, Scarlett sacó su teléfono para revisar sus redes.
Miles de notificaciones nuevas.
Comentarios, menciones, mensajes.
La vida perfecta seguía funcionando exactamente como siempre.
Pero mientras el coche comenzaba a avanzar entre el tráfico, Scarlett no pudo evitar pensar en algo más.
En una cámara.
En una fotografía.
Y en la extraña sensación de que, por un instante, alguien había visto algo que ella llevaba años intentando ocultar.
Mientras tanto, varias calles más atrás, Sebastián caminaba solo por la acera con la cámara colgando del hombro.
Se detuvo frente a un pequeño café y volvió a encender la pantalla.
La fotografía apareció otra vez.
La observó durante unos segundos.
Luego murmuró casi en voz baja:
—Definitivamente… esta no es la Scarlett que el mundo cree conocer.
Y por primera vez en mucho tiempo, Sebastián Callahan tuvo la sensación de que aquella campaña podría terminar siendo algo mucho más interesante de lo que había imaginado.