CAPÍTULO 3
LA LECTURA
Nunca había estado en una sala de casting.
Olía a café, a papeles y a nervios. Había una mesa larga, con Matías Palacios en el centro, dos directores que no conocía, y una chica con una carpeta que no paraba de tomar notas.
Y yo, con el mismo vestido negro del día anterior, porque no tenía otro.
Samantha me había mandado un mensaje a las 7am: "No te pongas nerviosa, solo es leer. Y si te tiembla la voz, piensa que Max está en calzoncillos. A mí me funciona".
Arturo me esperaba en la puerta. Me dio una botella de agua.
— Tranquila. Es solo una lectura para probar luz y cámara. La actriz principal está enferma. Solo necesitan a alguien que le dé la réplica a Max. Nada más.
— ¿Nada más? ¿Y si la cago?
— No la vas a cagar. Tú eres la chica que mandó a tomar agua a Max Palacios. Ya eres leyenda aquí.
Me hizo reír. Pero por dentro me moría.
La puerta se abrió y entró Max.
Camisa blanca, pelo recién peinado, sin gorra. Cuando me vio, se frenó.
— ¿Viniste? — me dijo, sorprendido. Como si pensara que no iba a ir.
— Me obligó Samantha. Dijo que si no venía le ibas a rogar tú y que te verías patético.
Él se rió. Se acercó.
— Gracias por venir, Aruna. En serio.
Matías nos llamó.
— ¡Vamos! Aruna, siéntate aquí al lado de Max. Van a leer la escena 12 de "A Primera Vista". Página 34.
Me dieron el guión. Mis manos sudaban.
Leí el título de la escena: BALCÓN - NOCHE - PRIMER BESO
Ay, Dios.
— ¿Están listos? — dijo el director —. Acción.
Max empezó.Su voz cambió por completo.
Ya no era el chico de la mesa siete. Era el actor. Su mirada se volvió suave.
— "Te dije que no vinieras" — leyó Max, mirándome —. "Si nos ven juntos, van a hablar".
Yo tenía que contestar. Mi frase era: "Que hablen. Ya estoy cansada de esconderme".
Pero mi voz no salía. Miré a Arturo. Arturo me hizo un gesto de "tú puedes". Miré a Samantha, que estaba detrás de cámaras, haciéndome una porra muda con los puños.
Respiré. Y lo miré a él. A Max. No a Maximiliano Palacios, a Max.
— Que hablen — dije, y mi voz salió temblorosa, pero salió —. Ya estoy cansada de esconderme. Si tengo que esconderme para estar contigo, entonces no quiero estar.
Max se me quedó mirando. Un segundo más de lo que decía el guión.
— "Aruna..." — dijo, pero no estaba en el guión. Estaba improvisando. Me dijo mi nombre real, no el del personaje.
— "¿Qué?" — contesté yo, también fuera del guión.
El director no dijo corte. Matías tampoco. Todos se miraron.Max se inclinó un poco. Estábamos tan cerca que podía oler su perfume.
— "Si te beso ahora, no hay vuelta atrás" — leyó, volviendo al guión, pero con la voz bajita, solo para mí.
Mi corazón iba a explotar.
— "Entonces no vuelvas" — leí yo.Silencio.
Y entonces Max hizo lo que decía el guión. Se acercó. Me tomó la cara con una mano. Con mucho cuidado, como si yo fuera a romperme.
Y me besó.
No fue un beso de película. Fue un beso de prueba, corto, suave, de apenas dos segundos. Pero me quemó los labios.
— ¡Corte! — gritó el director, por fin.Nos separamos. Yo estaba roja. Él también.
Matías se levantó. Vino hacia mí. Yo pensé que me iba a decir "gracias, ya te puedes ir".
Me tomó las manos.— ¿De dónde saliste, Aruna Rivera? — me dijo, emocionado —. ¿Quién te enseñó a actuar así?
— Nadie... yo... yo solo leí...
— No leíste. Lo sentiste. — Se volteó hacia el director —. Ella. Quiero que ella haga el casting oficial mañana. La quiero para la protagonista.
¿Qué?
Samantha gritó desde atrás: "¡TE LO DIJE! ¡TE DIJE QUE ERAS BUENA!"
Arturo aplaudía como loco.
Y Max... Max no decía nada. Me miraba. Con esa misma mirada del guión. Como si no hubiera vuelta atrás.
Salimos de la sala. Yo no podía caminar
.Arturo me abrazó: "¡Vas a ser la protagonista de A Primera Vista! ¡Con Max! ¡Con nosotros!"
Samantha me abrazó por el otro lado: "¡Te dije que pensaras que estaba en calzoncillos y funcionó!"
Me reí, llorando. Llorando de verdad. Por primera vez en dos semanas en Madrid, sentía que mi maleta había valido la pena.
Le mandé un audio a mi mamá Ana, a mi papá Nicolás y a Pamela, las tres en el grupo familiar:
"Mamá, papá, Pamela... creo que quedé en una película".
Max se acercó por detrás, cuando todos se habían ido.
— Oye, mesa siete — me dijo bajito —. ¿Mañana me aceptas un café? No en el Santa Ram. En uno donde yo sea el cliente y tú no me tengas que atender. Quiero invitarte yo.
Lo miré. Con el guión todavía en la mano. Con los labios todavía temblando por el beso.
— ¿Es una cita?
— Es un gracias por el beso — me dijo, sonriendo —. Aunque haya sido de mentira.
Pero no fue de mentira. Los dos lo sabíamos.
— Sí — le dije —. Sí acepto.
Y esa noche, cuando llegué a mi departamento, no podía dormir. No por el casting. No por la película.
Porque por primera vez, Maximiliano Palacios no me había mirado como a una mesera. Me había mirado como a Aruna.
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Gracias por llegar hasta aquí.
Es mi primera novela y ver qué ya somos casi 50 lecturas me tiene muy emocionada.
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