Entre Colmillos y Deseo

capitulo 3

Sonrisas que mienten

Stefani se detuvo frente al espejo antes de salir de casa.

Observó su reflejo con atención: el cabello perfectamente acomodado, el maquillaje suave, la ropa que sabía que llamaría la atención. Suspiró.

La chica que todos veían.

La chica popular.

La chica fuerte.

Ninguna de esas era realmente ella.

Tomó su mochila y salió sin hacer ruido.

No quería despertar a su hermana.

No quería darle otra oportunidad para herirla antes de empezar el día.

El trayecto hasta la escuela se le hizo eterno. Las casas del pueblo de Derling parecían observarla mientras caminaba. El aire estaba pesado, extraño, como si una tormenta invisible estuviera por caer.

Sentía un nudo en el pecho.

No sabía por qué.

Los pasillos estaban llenos de ruido cuando llegó.

Risas. Voces. Pasos.

Todo normal.

Stefani caminó con la espalda recta y la sonrisa ensayada. Varias personas la saludaron. Un par de chicos intentaron llamar su atención.

Ella solo respondió por educación.

No tenía energía para coquetear.

Cerca de los casilleros, la vio.

Su hermana estaba apoyada contra la pared, observándola con esa mirada llena de desprecio que Stefani conocía demasiado bien.

—Qué sorpresa —dijo con voz dulce—. Llegó la reina.

Stefani abrió su casillero.

—No empieces.

—¿Por qué? ¿Te duele que diga la verdad?

Su hermana se acercó.

—Todos creen que eres perfecta… pero yo sé que estás rota.

Stefani cerró los ojos por un segundo.

—Déjame tranquila.

—Claro —sonrió—. Me encanta verte fingir que no te importa.

Stefani se alejó sin responder.

Sus manos temblaban.

En clase, las palabras del profesor entraban por un oído y salían por el otro. Miraba por la ventana sin ver realmente el paisaje.

Sentía algo raro.

Como si alguien la estuviera buscando.

Se tocó el pecho.

El corazón le latía más rápido de lo normal.

Intentó convencerse de que solo era estrés.

En el almuerzo, se sentó con sus amigas, pero apenas habló.

—¿Te pasa algo? —preguntó una de ellas.

—No —mintió.

—Dicen que llegó alguien nuevo al pueblo —comentó otra—. Un chico.

Stefani levantó la mirada.

—¿Nuevo?

—Sí. Nadie sabe de dónde viene.

Su estómago se revolvió.

No sabía por qué.

Solo lo sintió.

Terminó de comer rápido y se levantó.

Necesitaba aire.

Se refugió en el patio trasero de la escuela, donde casi nadie iba.

Se sentó en una banca y cerró los ojos.

Las lágrimas amenazaron con salir.

“Eres fuerte”, se dijo.

Pero estaba cansada.

Cansada de fingir.

Cansada de su hermana.

Cansada de sentirse sola incluso rodeada de gente.

De pronto, una ráfaga de viento helado le recorrió la piel.

Abrió los ojos.

Por un instante creyó ver una sombra moverse entre los árboles.

Parpadeó.

Nada.

Se levantó lentamente.

Un pensamiento extraño cruzó su mente:

Mi vida está a punto de cambiar.

No sabía cómo.

No sabía cuándo.

Solo sabía que el destino ya había puesto sus ojos en ella.




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