Entre Colmillos y Deseo

capitulo 5

Mentiras que arden.

Stefani no podía concentrarse.

Desde que Joshua había entrado a la escuela, algo dentro de ella se había desordenado por completo. Intentaba copiar lo que el profesor escribía en la pizarra, pero su mente regresaba una y otra vez a esos ojos verdes que parecían atravesarla.

Sentía su presencia incluso sin mirarlo.

Como si él la llamara en silencio.

Estaba guardando sus cuadernos cuando el altavoz interrumpió la clase.

—Stefani, favor de presentarse en la oficina.

Varias cabezas se giraron hacia ella.

Sintió calor en las mejillas.

Se levantó lentamente y salió del salón con el corazón acelerado.

El pasillo estaba casi vacío. Sus pasos resonaban contra el suelo pulido mientras caminaba hacia la oficina. Pensó en Sara. Pensó en Joshua. Pensó en todo menos en respirar.

Cuando entró, la secretaria le sonrió.

—Stefani, necesitamos que acompañes al estudiante nuevo para mostrarle la escuela.

Joshua estaba de pie junto al escritorio.

Su estómago se contrajo.

—Hola —dijo él.

—Hola…

Ella apenas pudo sostenerle la mirada.

Caminaron juntos por el pasillo principal.

Al principio ninguno habló.

Joshua observaba cómo Stefani jugaba nerviosamente con la correa de su mochila.

—Pareces tensa.

—No lo estoy.

Joshua sonrió.

—Mientes mal.

Stefani tragó saliva.

—Solo no estoy acostumbrada a que me miren así.

Joshua se inclinó un poco hacia ella mientras caminaban.

—No puedo evitarlo.

El corazón de Stefani se aceleró.

Pasaron por la biblioteca. Joshua tocó un libro al azar.

—¿Te gusta leer?

—Sí… cuando puedo.

—¿Y escribir?

Stefani negó con la cabeza.

—Prefiero observar.

Joshua la miró con atención.

—Eso explica mucho.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué?

—Tus ojos. Siempre estás mirando como si buscaras algo.

Stefani apartó la vista.

Él estaba demasiado cerca.

Recorrieron el gimnasio, el patio y las aulas vacías. Joshua hacía preguntas simples, pero cada respuesta de Stefani parecía acercarlos más.

—¿Siempre eres así de dulce?

—No soy dulce.

Joshua sonrió lentamente.

—Lo eres. Aunque no lo admitas.

Stefani sintió que el aire le faltaba.

Al volver al salón, el maestro levantó la mirada.

—Joshua, siéntate junto a Sara.

Stefani sintió una punzada en el pecho que no supo explicar.

Joshua obedeció.

Sara le sonrió con orgullo.

Durante la clase, Stefani no pudo dejar de notar cómo Sara se inclinaba hacia Joshua, tocándole el brazo, riéndose demasiado fuerte.

Joshua apenas respondía.

Pero de vez en cuando, Stefani sentía su mirada sobre ella.

Eso la desarmaba.

En la última hora, Stefani fue a su casillero.

Necesitaba agua.

Necesitaba pensar.

Estaba guardando sus libros cuando escuchó unos pasos.

Sara.

—Sabes —dijo cruzándose de brazos—, te he visto mirarlo toda la tarde.

Stefani se tensó.

—No inventes cosas.

Sara se acercó.

—¿Te gusta Joshua?

Stefani cerró el casillero lentamente.

—No. Nada que ver.

Sara la observó con frialdad.

—Más te vale que sea cierto.

—No es asunto tuyo.

Sara sonrió, pero sus ojos estaban llenos de veneno.

—Todo lo tuyo es asunto mío.

Se fue sin decir más.

Stefani apoyó la frente contra el metal frío.

Respiró hondo.

Había mentido.

Porque cada vez que Joshua la miraba, su cuerpo reaccionaba.

Porque cada vez que hablaba, algo dentro de ella se rompía un poco.

Y aunque intentara negarlo…

una atracción peligrosa estaba creciendo en su pecho.

Al otro lado del pasillo, Joshua la observaba en silencio.

Sabía que ella mentía.

Sabía que sentía lo mismo.

Y la Luna, desde lo alto, sonreía.




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