Sangre y promesas
Pasó una semana.
Siete días en los que Stefani intentó convencerse de que Joshua solo era un chico misterioso.
Siete noches en las que soñó con sus ojos verdes.
Y siete días en los que Joshua luchó contra su propia naturaleza.
El hambre lo estaba consumiendo.
No podía beber de cualquiera.
No podía matar.
No podía perder el control.
La Luna lo observaba.
Y su cuerpo comenzaba a fallar.
Joshua estaba en una esquina del patio trasero de la escuela, oculto entre los árboles. Sus manos temblaban mientras sostenía un pequeño conejo.
—Perdóname… —susurró.
Sus colmillos atravesaron la piel del animal.
El sabor no era suficiente.
Nada era suficiente sin ella.
Entonces escuchó pasos.
Stefani.
Ella había salido a tomar aire.
Se detuvo al ver la escena.
El conejo.
La sangre.
Joshua.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—Dios mío…
Joshua levantó la cabeza.
Sus miradas se cruzaron.
Stefani dio un paso atrás.
Luego otro.
Y corrió.
Esa noche, Stefani no pudo dormir.
Se duchó, se cambió de ropa, intentó convencerse de que todo había sido una alucinación.
Estaba frente al espejo cuando una ráfaga de viento movió las cortinas.
Se giró.
Joshua estaba dentro de su habitación.
—¡¿Qué haces aquí?! —susurró, aterrada.
—Necesito hablar contigo.
Ella retrocedió.
—Lo que vi hoy…
Joshua respiró hondo.
—Soy un vampiro, Stefani.
Ella soltó una risa nerviosa.
—Eso no es gracioso.
Joshua bajó la mirada.
—Ojalá lo fuera.
Se acercó lentamente.
—No estoy aquí para hacerte daño.
—Entonces explícame lo del conejo.
Joshua cerró los ojos.
—Tengo hambre. Mucha.
Stefani tragó saliva.
—Eso no prueba nada.
Joshua levantó la cabeza.
Sus colmillos descendieron lentamente.
Stefani dejó escapar un pequeño jadeo.
—Oh…
El silencio se volvió pesado.
Ella lo miró fijamente.
—¿Tienes hambre… o por qué me miras así?
Joshua apretó la mandíbula.
—Si fuera solo hambre… ya te habría probado.
Stefani sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.
—Yo… lo pensaría.
Joshua dio un paso más cerca.
—Necesito proponerte algo.
Ella respiraba rápido.
—Habla.
—Déjame tomar de tu sangre. Solo un poco. Así no tendré que lastimar a nadie. Y si con el tiempo tú quieres… podrías convertirte en mi Luna.
Stefani lo miró, confundida.
—¿Tu Luna?
—Mi pareja. Mi igual. Mi eternidad.
Ella bajó la mirada.
—No puedo decidir eso ahora.
Joshua asintió.
—Lo entiendo.
Hubo un silencio.
Stefani levantó lentamente la cabeza.
—Pero… puedes tomar.
Joshua se tensó.
—¿Estás segura?
Ella asintió con un leve movimiento.
Joshua se acercó despacio.
Sus manos tomaron su cintura con cuidado.
Stefani contuvo el aliento.
Joshua inclinó la cabeza y besó suavemente su cuello.
Su piel ardía bajo sus labios.
Luego sintió los colmillos.
Entraron despacio.
Dolió.
Como fuego.
Como un ardor profundo.
Stefani apretó los puños… pero no gritó.
Podía aguantar.
Joshua bebió solo lo necesario.
Se apartó rápidamente, respirando agitado.
—Gracias… —susurró.
Stefani estaba temblando.
—Joshua…
Pero él ya estaba retrocediendo.
—Lo siento.
Y en menos de un parpadeo…
desapareció.
Stefani cayó sentada en la cama, tocándose el cuello.
Su vida acababa de cambiar para siempre.
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Editado: 25.02.2026