El adiós que nadie escuchó.
Joshua
El bus arrancó con un sonido seco.
No miré hacia atrás al principio.
No podía.
Derling comenzaba a quedarse atrás lentamente, como si el mundo decidiera avanzar sin pedirme permiso. Las luces de la ciudad se iban volviendo pequeñas, difusas… insignificantes.
Apoyé la cabeza contra la ventana fría.
El reflejo que me devolvía el vidrio no parecía el mío.
Parecía el de alguien que acababa de perder algo que nunca debió tener.
El motor vibraba bajo mis pies. Afuera, los árboles pasaban rápidos, oscuros, interminables. Cada kilómetro que avanzábamos sentía que algo se desgarraba dentro de mí.
¿Por qué duele?
No debería doler.
Yo tomé esta decisión.
Yo borré sus recuerdos.
Yo elegí irme.
Pero aun así… sentía que estaba dejando mi propia alma sentada en ese bar.
Cerré los ojos.
Y la vi.
Vestido rojo.
Sus manos sobre mi cuello.
Esa forma en que sus labios pronunciaron mi nombre como si significara algo más profundo que sonido.
Apreté la mandíbula.
No.
Es lo mejor para ella.
Repetí eso una y otra vez hasta que dejó de sonar como una mentira… o al menos intenté que lo hiciera.
El conductor anunció la última parada.
Había llegado.
Bajé del bus con una mochila ligera y el peso de un mundo entero sobre los hombros.
El aire aquí era diferente. Más puro. Más denso. Más antiguo.
Frente a mí se extendía el bosque.
Oscuro.
Silencioso.
Familiar.
Comencé a caminar.
No había senderos marcados. No para humanos.
Mis pasos eran firmes, precisos. El bosque parecía abrirse a mi paso como si me reconociera. El viento movía las hojas en susurros que solo yo entendía.
Treinta minutos después, la vi.
Una simple cueva.
Fría. Rocosa. Común.
Cualquier humano pensaría que no es más que piedra y sombra.
Pero no lo es.
Entré.
La temperatura descendió. Mis pasos resonaban contra las paredes húmedas. Caminé sin dudar, atravesando la oscuridad hasta que…
Comenzó.
Pequeños destellos.
Primero uno.
Luego dos.
Después decenas.
Brillos azules comenzaron a encenderse en las paredes y el techo rocoso, como estrellas atrapadas bajo tierra. La cueva dejó de ser oscura; ahora parecía un cielo nocturno encapsulado en piedra.
Magia antigua.
Magia nuestra.
Seguí avanzando hasta el final del túnel.
Una roca gigantesca bloqueaba el paso.
Le di dos golpes firmes.
Uno.
Dos.
El suelo vibró levemente.
La roca comenzó a abrirse por la mitad con un sonido profundo, ancestral. No era un mecanismo. No era tecnología.
Era sangre.
Era linaje.
Era pertenencia.
Cuando crucé al otro lado…
Parecía otro mundo.
Un bosque oculto dentro del bosque.
La luz del atardecer caía en tonos dorados sobre hojas verdes intensas. Una cascada enorme descendía desde una montaña cubierta de musgo, el agua brillando como cristal líquido. Pájaros de plumajes imposibles volaban libres.
Era un paraíso escondido.
Nuestro paraíso.
Caminé hacia el pueblo.
Casas construidas con madera antigua y piedra clara, integradas con la naturaleza como si hubieran nacido ahí. El sonido del agua, el viento, las voces.
Y entonces me vieron.
Las conversaciones se detuvieron.
Los niños dejaron de correr.
Algunos adultos se quedaron inmóviles.
—Joshua… —susurró alguien.
No era sorpresa.
Era algo más.
Era alivio.
Me quité la chaqueta. El calor del atardecer tocó mi piel. Cerré los ojos por un segundo y dejé que la luz bañara mi rostro.
Sentí el cambio.
Mis ojos verde esmeralda comenzaron a transformarse.
El color se volvió más profundo.
Más brillante.
Un azul claro, casi celestial bajo la luz del sol.
Los murmullos crecieron.
—El heredero ha vuelto.
—Está completo otra vez…
—El alfa regresó.
Los miembros de la manada se acercaron. Algunos inclinaron ligeramente la cabeza en señal de respeto. Otros simplemente sonrieron.
Pero dentro de mí no había celebración.
Había silencio.
Un vacío que ni este paraíso podía llenar.
Derling.
Stefani estaba sentada en el borde de su cama.
La habitación estaba en silencio.
Demasiado silencio.
Sentía algo extraño en el pecho.
Como si alguien hubiera arrancado algo… y ella no recordara qué era.
Intentó distraerse. Tomó su teléfono. Lo dejó. Caminó hasta el espejo.
Se miró.
Todo estaba normal.
Pero no se sentía normal.
Una presión suave detrás de los ojos.
Un vacío.
Como cuando sabes que olvidaste algo importante pero no logras recordarlo.
Se llevó la mano al pecho.
—¿Qué me pasa…?
No sabía por qué, pero tenía ganas de llorar.
Sin motivo.
Sin recuerdo.
Sin explicación.
Se dejó caer de rodillas frente a la cama.
Y las lágrimas comenzaron a caer en silencio.
No sabía que esa misma tarde, mientras ella se desmoronaba en su habitación…
Joshua estaba siendo recibido como el futuro líder de una manada ancestral.
Ella no sabía de magia.
No sabía de linajes.
No sabía de ojos que cambian de color.
Solo sabía que algo dentro de ella estaba muriendo lentamente.
Y no entendía por qué.
En el paraíso oculto, Joshua levantó la mirada hacia el cielo.
Y en Derling, Stefani levantó la mirada al mismo tiempo.
Como si algo invisible aún los conectara.
Como si la memoria no fuera suficiente para romper lo que el destino ya había escrito.
#1709 en Fantasía
#575 en Joven Adulto
misterio amor fantasia, pasión #amor #drama #romance #erótica
Editado: 25.02.2026