Entre Colmillos y Deseo

capitulo 12

El bosque recuerda.

El sábado llegó más rápido de lo que Stefani esperaba.

O tal vez ella simplemente no pudo dormir.

Toda la noche soñó con agua cayendo.

Con un brillo azul.

Con unos ojos que la miraban desde la oscuridad.

Se levantó antes del amanecer. El cielo apenas comenzaba a aclararse cuando salió de su casa con el mapa doblado en el bolsillo de su chaqueta.

Elena iba a su lado, claramente arrepentida de haber aceptado.

—Si morimos, quiero que quede claro que fue tu idea —murmura.

Stefani apenas sonríe.

El bosque frente a ellas parecía diferente esa mañana.

Más silencioso.

Más denso.

Como si estuviera esperando.

A medida que avanzaban entre los árboles, el aire se volvía más frío. No era un frío normal. Era un frío que parecía nacer del suelo.

El mapa vibraba ligeramente en la mano de Stefani.

O tal vez era su pulso.

—¿Escuchaste eso? —susurra Elena.

Las hojas crujen.

Pero no por el viento.

Como si alguien caminara… paralelo a ellas.

Observando.

Stefani se detiene.

Siente algo.

Una presión leve en el pecho.

Un tirón invisible que la guía hacia la derecha.

—Es por aquí.

—¿Cómo sabes?

No sabe.

Solo camina.

Mientras tanto…

En el pueblo oculto, Joshua se detiene en medio de una conversación.

Su mirada se pierde hacia el bosque.

Lo siente.

Como una corriente eléctrica recorriéndole la espalda.

—Padre… —murmura.

El hombre frente a él, imponente, de mirada azul intensa y rasgos afilados, lo observa con calma.

—Ella se está acercando.

Joshua aprieta los puños.

—Es imposible. Le borré todo.

El padre niega lentamente.

—No puedes borrar lo que la sangre reconoce.

Joshua siente el miedo regresar.

No por él.

Por ella.

De vuelta en el bosque, los árboles comienzan a separarse.

Y ahí está.

La cueva.

Exactamente como en el mapa lo indica .

Simple.

Inofensiva.

Pero el aire alrededor vibra.

Elena traga saliva.

—Dime que no vamos a entrar.

Stefani ya está caminando hacia la entrada.

Cada paso hace que su corazón lata más fuerte.

Al cruzar el umbral…

Todo cambia.

Pequeños destellos azules comienzan a encenderse en las paredes.

Uno.

Dos.

Decenas.

Elena suelta un pequeño grito.

—¡¿Qué es eso?!

Pero Stefani no responde.

Está mirando el techo rocoso iluminado como si fueran estrellas.

Y entonces—

Una imagen golpea su mente.

Un beso.

Un susurro.

“Perdóname.”

Se lleva la mano a la cabeza.

—Lo sabía… —susurra.

Las luces azules brillan con más intensidad.

Reaccionan a ella.

Como si la reconocieran.

En el pueblo, Joshua cae de rodillas.

El vínculo arde.

—¡Está dentro! —dice con desesperación.

Su padre se mantiene firme.

—La cueva la acepta.

—No está lista.

—Nunca lo estará si la sigues alejando.

Joshua se pone de pie.

Sus ojos cambian a azul profundo.

—Si algo le pasa…

—Entonces sabrás que el destino no se puede reescribir.

Dentro de la cueva, Stefani avanza como en trance.

La gran roca aparece frente a ellas.

—Eso no estaba en el mapa —susurra Elena.

Stefani levanta la mano.

Y sin saber por qué…

Golpea dos veces.

Uno.

Dos.

El suelo vibra.

La roca se abre lentamente.

Elena retrocede.

—No, no, no…

Pero Stefani ya está cruzando.

Y lo que ve al otro lado la deja sin aliento.

Un bosque dentro del bosque.

Una cascada brillante.

Luz dorada cayendo desde un cielo que no debería existir bajo tierra.

—¿Qué es este lugar…? —susurra.

Las aves vuelan.

El agua cae.

Y a lo lejos…

Un grupo de figuras se gira hacia ella.

La han sentido.

La han estado esperando.

Joshua corre.

No usa caminos.

No usa puertas.

La magia lo envuelve mientras atraviesa el pasaje oculto.

Cuando emerge del otro lado…

La ve.

De pie frente a su mundo.

Frente a su verdad.

Y al mismo tiempo—

Stefani levanta la mirada.

Sus ojos café se encuentran con los suyos.

Azules.

Ya no verdes.

No esta vez.

Y en ese instante…

Todo vuelve.

El beso.

La mordida.

La sangre.

El dolor.

El “perdóname”.

Stefani da un paso atrás.

Pero no de miedo.

De comprensión.

—Me mentiste —susurra.

Y detrás de Joshua, la manada observa en silencio.

Porque la Luna…

ha regresado.




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