Entre Colmillos y Deseo

capitulo 13

Joshua

La vio cruzar el umbral.

La vio pararse frente a su mundo como si siempre hubiera pertenecido allí.

Y por primera vez… no supo qué hacer.

Durante semanas había pensado en cómo explicarle todo.
En cómo decirle lo que era.
En cómo contarle que no era un chico normal.

Pero ahora que la tenía enfrente…

El miedo no era por él.

Era por ella.

Sus ojos café lo miraban directamente. No había miedo en ellos. Había algo peor.

Comprensión.

—Me mentiste —susurró Stefani.

Joshua dio un paso hacia ella, pero la manada detrás permanecía en silencio, expectante.

—Stefani… yo…

Las palabras se le quedaron atrapadas.

¿Cómo le explicas a alguien que eres un vampiro?
¿Cómo le dices que borraste su memoria?
¿Cómo le dices que la llamas “Luna” porque su sangre no es común?

Elena, que había estado detrás de Stefani todo el tiempo, finalmente habló:

—¿Qué está pasando? ¿Por qué este lugar parece… mágico?

El padre de Joshua avanzó.

Alto. Imponente. Ojos azules intensos.

—Porque no es un lugar humano.

Elena retrocedió un paso.

—¿Qué significa eso?

Joshua cerró los ojos un segundo.

Ya no podía ocultarlo.

—Significa que yo no soy humano.

Silencio.

El sonido de la cascada parecía más fuerte ahora.

Stefani no apartaba la mirada.

—Dímelo tú —exigió—. Sin mentiras.

Joshua respiró hondo.

—Soy un vampiro.

Elena soltó una pequeña risa nerviosa.

—Ah, claro. Y yo soy una hada del bosque.

Nadie se rió.

Los ojos de Joshua comenzaron a cambiar.

El verde esmeralda se desvaneció lentamente hasta convertirse en ese azul profundo, imposible, brillante bajo la luz que entraba por la cueva.

Elena dejó de sonreír.

—Eso… eso no es normal.

—No —respondió el padre de Joshua con calma—. No lo es.

Stefani sintió que los recuerdos la golpeaban como olas.

La mordida.

El ardor en el cuello.

El “perdóname”.

Sus manos comenzaron a temblar.

—Me borraste la memoria —dijo, no como pregunta… sino como certeza.

Joshua bajó la mirada.

—Sí.

Elena lo miró horrorizada.

—¿Qué hiciste qué?

—Fue para protegerla.

—¡¿Borrándole la mente?! —gritó Elena.

El aire cambió.

Los miembros de la manada comenzaron a tensarse.

No estaban acostumbrados a humanos en su territorio.

Y menos a humanos alterados.

Uno de ellos dio un paso adelante.

—Alfa, esto es un riesgo.

Joshua levantó la mano.

—Nadie la toca.

Pero ya era tarde.

Elena, nerviosa, dio un paso atrás sin mirar… y tropezó con una raíz húmeda cerca de la cascada. Cayó de lado, golpeándose la cabeza contra una roca.

No fue una escena exagerada.

No fue sangrienta.

Pero el sonido fue seco.

Inquietante.

Stefani gritó su nombre.

Joshua estuvo a su lado en un segundo.

—Respira —ordenó con voz firme.

Elena estaba consciente, pero aturdida.

El golpe había abierto una pequeña herida en su frente.

Y el olor…

El olor cambió todo.

La manada entera se quedó inmóvil.

El aroma de sangre fresca se mezcló con la humedad del bosque.

Algunos ojos comenzaron a tornarse azules.

No por deseo.

Por instinto.

Joshua sintió el conflicto inmediato.

No eran monstruos sin control.

Pero eran vampiros.

Y el olor era fuerte.

Muy fuerte.

—¡Aléjense! —gruñó.

Su voz no fue humana.

Fue la voz de un alfa.

La manada retrocedió, pero la tensión era evidente.

Stefani miró a Joshua con terror.

—¿Van a hacerle daño?

Joshua negó con firmeza.

—No mientras yo esté aquí.

Se quitó la chaqueta y la presionó suavemente contra la herida de Elena.

—Escúchame —le dijo mirándola directamente a los ojos—. Vas a estar bien. Solo fue un golpe.

Elena lo miraba con miedo.

Pero también con algo más.

Confusión.

—Tus ojos…

Joshua respiró profundo.

Forzó el cambio.

Volvieron a verde.

El padre de Joshua observaba en silencio.

—Esto es exactamente lo que advertí —dijo con voz grave—. Los humanos no pertenecen aquí.

Stefani se puso de pie.

—Yo sí pertenezco.

Todos la miraron.

—Si mi sangre reaccionó a este lugar… si la cueva se abrió para mí… entonces no soy solo humana.

El padre de Joshua la estudió.

—Eres la Luna.

Elena parpadeó.

—¿La qué?

Joshua cerró los ojos un momento.

Era el momento que había querido evitar.

—La Luna es quien equilibra a la manada. La única humana cuya sangre no debilita… sino fortalece. La única que puede caminar entre nosotros sin ser destruida por nuestra naturaleza.

Stefani sintió que el suelo bajo sus pies ya no era estable.

—¿Por eso me mordiste?

Joshua la miró directamente.

—Porque tu sangre me llamó. Y porque te estaba perdiendo.

Silencio.

La cascada seguía cayendo.

Elena, más estable ahora, susurró:

—Ok… los vampiros son demasiado… intensos. Esto es mucho.

Joshua casi sonríe.

—No somos lo que crees. No somos historias de terror.

El padre intervino:

—Pero tampoco somos cuentos románticos.

La tensión aún flotaba en el aire.

Pero algo había cambiado.

Ya no era secreto.

Ya no era mentira.

Ya no era olvido.

Stefani miró a Joshua.

—No vuelvas a borrar mi memoria.

—Nunca más —respondió sin dudar.

Y por primera vez desde que entró a la cueva…

No había miedo en sus ojos.

Solo verdad.




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