Entre Colmillos y Deseo

capitulo 15

Habían pasado cuatro días.

Cuatro días en los que todo parecía imposible de romper.

Elena ya no caminaba con miedo por el territorio.
Se había hecho amiga de algunos miembros de la manada. Reía con ellos. Bromeaba. Incluso discutía cuando algo no le parecía justo.

Joshua y Stefani, por su parte, estaban aprendiendo a moverse juntos sin secretos. Él le enseñaba a escuchar el bosque. Ella le enseñaba a sentirse menos monstruo.

Por primera vez en mucho tiempo…

Había paz.

*******************

La tarde que cambió todo

Esa tarde el sol estaba más brillante que de costumbre.

Elena decidió subir sola a la cima de la cascada.

—No tardes —le dijo Stefani.

—Solo quiero verla desde arriba otra vez —respondió con una sonrisa.

Adrián la vio alejarse.

Pensó en seguirla.

No lo hizo.

No quería parecer sobreprotector.

Grave error.

El sendero estaba húmedo por la bruma constante del agua. Elena subía con cuidado, pero distraída. Pensaba en lo que Adrián le había dicho la noche anterior.

“Siempre.”

¿Siempre qué?

¿Siempre la atraparía?

Sonrió sola.

Y entonces—

Su pie resbaló.

Todo pasó demasiado rápido.

El suelo desapareció bajo ella.

El mundo se inclinó.

—¡ADRIÁN! —gritó por puro reflejo.

El agua la golpeó con fuerza. La corriente la arrastró hacia el borde.

Su corazón latía descontrolado.

El sonido de la cascada se volvió ensordecedor.

Miedo puro.

No quería morir.

No ahí.

No así.

El vacío apareció debajo de ella.

Y cayó.

Adrián sintió el grito antes de escucharlo.

El vínculo.

El peligro.

Corrió.

No como humano.

No como chico.

Como vampiro.

Saltó desde una roca lateral justo cuando el cuerpo de Elena descendía con la fuerza del agua.

Y la atrapó.

Sus brazos la rodearon en el aire.

Para él no pesaba nada.

Para él el mundo se movía más lento.

Aterrizó con precisión en una roca más baja, absorbiendo el impacto sin esfuerzo.

Elena estaba temblando.

Aferrada a su camiseta.

Su corazón golpeaba contra su pecho tan fuerte que Adrián podía sentirlo.

Podía escucharlo.

Y eso lo asustó más que la caída.

—Ya estás bien —murmuró con voz firme.

Ella levantó la mirada.

Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

—Yo… yo pensé que…

No pudo terminar.

Se aferró más fuerte a él.

Y empezó a llorar.

No elegante.

No silencioso.

Un llanto real.

De miedo.

De alivio.

Adrián la sostuvo sin moverse.

No sabía qué hacer con sus manos.

No sabía qué hacer con lo que sentía.

Pero sabía que si hubiera llegado un segundo tarde…

No quería imaginarlo.

Joshua observaba desde abajo.

No por celos.

Por comprensión.

Porque conocía esa mirada en su hermano.

La misma que él tenía cuando miraba a Stefani.

Ese instante en el que entiendes que algo puede desaparecer.

Y el miedo no es por ti.

Es por ella.

Los vampiros no aman como los humanos.

No tardan años en decidir.

No dudan durante meses.

Cuando sienten algo…

Lo saben.

Rápido.

Profundo.

Irrevocable.

Y eso es peligroso.

Porque los humanos se van.

Envejecen.

Cambian.

Se asustan.

—Hermano… —murmuró Joshua para sí mismo—. Esto solo se vive una vez.

Elena finalmente levantó la cabeza.

—Me salvaste…

Adrián la miraba como si todavía no estuviera seguro de que era real.

—No iba a dejar que te pasara nada.

Ella soltó una pequeña risa entre lágrimas.

—Eso fue demasiado dramático.

—Casi te caes por una cascada.

—Pero no me caí.

"Porque tú estabas".

Esa parte no la dijo en voz alta.

Pero él la escuchó igual.

Adrián la bajó con cuidado al suelo.

Sus manos todavía estaban en su cintura.

Demasiado cerca.

Demasiado consciente.

—Gracias —susurró ella.

Él intentó mantener la compostura.

—No hay de qué.

Como si no le hubiera detenido el corazón.

Como si no hubiera sentido el mundo romperse por un segundo.

Elena lo miró fijamente.

Y sin pensarlo demasiado…

Se puso de puntillas.

Y le dio un beso en la mejilla.

Suave.

Cálido.

Humano.

Adrián se quedó inmóvil.

Literalmente inmóvil.

Si pudiera sonrojarse… lo estaría.

Elena lo notó.

Y rió.

Todavía con lágrimas en los ojos.

—Te pusiste rojo.

—No es posible.

—Lo hiciste.

Abajo, la manada comenzaba a reunirse, asegurándose de que todo estuviera bien.

Algunos sonreían.

Otros suspiraban aliviados.

Stefani llegó corriendo y abrazó a Elena con fuerza.

—¡No vuelvas a hacer eso!

—No estaba en mis planes.

Joshua miró a Adrián.

No dijeron nada.

Pero se entendieron.

El peligro no era la cascada.

Era el amor.

Porque cuando un vampiro ama…

Ama para siempre.

Y los humanos…

No siempre se quedan.




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