El sol comenzaba a ocultarse.
El cielo estaba pintado de tonos naranjas, rosados y dorados, como si el mismo universo supiera que era el final de algo hermoso.
Las maletas ya estaban listas.
El lago, ahora tranquilo, parecía guardar el secreto de todo lo que habían vivido en esos días.
Elena no quería mirar a Adrián… porque sabía que si lo hacía, no iba a querer irse.
Stefani estaba abrazada a Joshua con fuerza.
—No es un adiós —murmuró él contra su cabello—. Es un “hasta pronto”.
—Prométemelo —susurró ella.
—Te lo prometo.
Joshua no decía promesas vacías.
Nunca.
Un poco más lejos, Adrián estaba quieto. Serio. Pensativo.
Elena caminó hacia él.
—¿Vas a despedirte o vas a quedarte ahí mirándome como si fuera un recuerdo? —intentó bromear.
Pero su voz tembló un poco.
Adrián dio un paso hacia ella.
—No soy bueno con las despedidas.
—Yo tampoco.
El silencio entre ellos no era incómodo.
Era pesado.
Era real.
Elena bajó la mirada.
—Tengo miedo —confesó ella en voz baja.
Adrián levantó suavemente su mentón.
—¿De qué?
—De que esto haya sido solo un momento.
Él negó con la cabeza.
—Para mí no fue un momento.
Su voz era firme.
—Fue una decisión.
El corazón de Elena latía demasiado fuerte.
—Los vampiros no sienten igual que los humanos —dijo él—. Nosotros no tardamos meses en entender lo que queremos.
Ella lo miró.
—¿Y qué quieres?
Adrián no dudó.
—A ti.
No lo dijo dramático.
Lo dijo como quien afirma algo inevitable.
Elena sintió que el aire le faltaba.
—Pero yo soy humana…
—Y eso es exactamente lo que me gusta.
Se acercó más.
Sus frentes casi se tocaron.
—No sé cuánto tiempo pase —continuó él—. No sé qué cambie. Pero lo que sentí aquí… contigo… no se va a borrar.
Elena respiró profundo.
—Entonces prométeme algo.
—Lo que sea.
—Que cuando volvamos a vernos… no me mires como si fuera un recuerdo.
Adrián apoyó su frente en la de ella.
—Te miraré como si fueras mi destino.
Y la besó.
No fue como en el lago.
Este beso fue más lento.
Más profundo.
Con un toque de despedida.
Como si ambos quisieran grabarlo en la memoria.
Cuando se separaron, Elena tenía lágrimas en los ojos.
—Nos veremos pronto —dijo él.
—¿Cuándo?
Adrián sonrió apenas.
—Cuando menos lo esperes.
En el regreso.
El viaje de vuelta fue silencioso.
Stefani dormía apoyada en la ventana.
Elena no.
Miraba el paisaje pasar, pero en realidad no veía nada.
Solo recordaba.
El lago.
El atardecer.
Los ojos verdes de Adrián.
Sus manos.
Su voz diciendo “Fue una decisión”.
Cuando finalmente llegaron a casa, todo parecía igual.
Demasiado igual.
Su habitación.
Su cama.
Sus paredes.
Pero ella no era la misma.
Dejó la maleta en el suelo y se sentó en la cama.
Miró su teléfono.
Nada.
Suspiró.
Se recostó mirando el techo.
“¿Cuándo volverán?”
La pregunta giraba en su mente como un eco.
Sabía que los vampiros no vivían como los humanos.
No seguían horarios.
No daban explicaciones.
Pero él prometió.
Y Adrián no parecía alguien que rompiera promesas.
Elena llevó una mano a su pecho.
Todavía sentía ese latido acelerado cuando pensaba en él.
Sonrió un poco.
—Te voy a volver a ver… ¿verdad? —susurró al vacío.
El silencio respondió.
Pero en el fondo…
Ella lo sabía.
Porque algunas historias no terminan con un verano.
Algunas apenas comienzan.
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Editado: 25.02.2026