Entre Colmillos y Deseo

capitulo 18.

El despertador sonó a las 6:30 a.m.

Stefani gruñó y estiró el brazo para apagarlo.

—Odio los lunes… —murmuró.

Se levantó, se miró al espejo, se acomodó el cabello y bajó a desayunar. Su madre ya estaba en la cocina.

Todo normal.

Demasiado normal.

Pero algo se sentía… vacío.

Desde que volvieron habían pasado dos semanas.

Dos semanas sin noticias.

Sin llamadas.

Sin mensajes.

Nada.

Stefani intentaba no pensar mucho en Joshua. Ella era fuerte. Sabía que lo que sentía no iba a desaparecer tan fácil.

Pero Elena…

Elena era diferente.

En la escuela

Stefani la vio apoyada contra su casillero.

Pero no estaba sonriendo.

No estaba riendo.

No estaba siendo ella.

—Hey —saludó Stefani.

Elena tardó dos segundos en reaccionar.

—Ah… hola.

Stefani frunció el ceño.

—¿Dormiste?

—Sí…

Mentía.

Tenía ojeras suaves bajo los ojos.

No lloraba.

No se quejaba.

Pero había algo en su mirada.

Como si estuviera esperando algo que nunca llegaba.

Caminaron hacia clase.

—Han pasado dos semanas —dijo Stefani con cuidado.

Elena fingió no entender.

—¿Y?

—Y no han dado señales.

Silencio.

Elena tragó saliva.

—Tal vez… fue solo eso.

—¿Solo qué?

—Un momento.

Eso dolió más de lo que esperaba.

Porque Elena no era de esas que se ilusionaban fácil.

Pero ahora…

Había una tristeza distinta en ella.

No era dramática.

No era intensa.

Era silenciosa.

Como la luna.

Ella siempre decía que lo que sentía era como la luna: constante, tranquila, que no necesitaba ser vista todo el tiempo.

Pero esto no era luna.

Era miedo.

El miedo de pensar que tal vez nunca volvería a ver a Adrián.

Stefani la observó caminar adelante.

—Tengo que arreglar esto —pensó.

No sabía cómo.

Pero no iba a dejar que su amiga se apagara así.

Mientras tanto…

Joshua y Adrián estaban sentados en el balcón de la antigua casa en el bosque.

Serios.

Decidiendo.

—Si vamos… no puede ser por unos días —dijo Joshua.

Adrián miraba el horizonte.

—Un año.

Joshua lo miró.

—¿Estás seguro?

—Si voy a hacerlo… lo hago bien.

Joshua suspiró.

—Hay algo más.

Adrián giró la cabeza.

—¿Qué?

Joshua dudó un segundo.

—¿Y si no nos aman como creemos?

Silencio.

—Eso es estúpido —respondió Adrián.

—¿Lo es? Nosotros sentimos diferente. Más rápido. Más profundo. Ellas son humanas.

Adrián apretó la mandíbula.

—¿Qué propones?

Joshua habló con calma.

—Que cuando lleguemos… actuemos como si no las recordáramos.

Adrián lo miró como si estuviera loco.

—¿Quieres herirlas?

—Quiero saber.

—Eso suena cruel.

—El amor eterno no puede basarse en ilusión.

Adrián se quedó pensando.

No era macabro.

No era algo horrible.

Pero sí era cruel.

—Solo unos días —agregó Joshua—. Veremos cómo reaccionan. Si luchan. Si nos enfrentan. Si nos odian.

Adrián cerró los ojos.

Imaginó la cara de Elena si él la miraba… sin reconocerla.

El pecho le dolió solo de pensarlo.

—Ella no merece eso.

—Entonces confía en ella.

Eso fue lo que terminó de convencerlo.

Porque si Elena realmente lo amaba…

Lo demostraría.

Y si no…

Mejor saberlo ahora.

—Está bien —dijo finalmente Adrián—. Pero si veo que la estoy rompiendo… lo detengo.

Joshua asintió.

—En dos días salimos a Derling.

De vuelta en la escuela

Elena miraba por la ventana.

El cielo estaba gris.

Suspiró.

“Tal vez no vuelva.”

La idea le atravesó el pecho.

Pero intentó sonreír.

—Estoy bien —se dijo.

Pero en el fondo sabía…

Que si Adrián apareciera frente a ella ahora mismo…

Correria a abrazarlo.

Sin orgullo.

Sin dudas.

Sin miedo.

Y sin saberlo…

En solo dos días…

Lo tendría frente a ella.

Pero no como esperaba.




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