Entre Colmillos y Deseo

capitulo 19

Miércoles.

Tercera hora de clase.

El murmullo normal del pasillo llenaba el aire hasta que…

La puerta del salón se abrió.

Y el mundo de Elena se detuvo.

Joshua.

Adrián.

Ahí.

De pie.

Como si nunca se hubieran ido.

Stefani fue la primera en reaccionar.

Sintió el cambio en el aire incluso antes de verlos. Esa energía fría, eléctrica, imposible de ignorar.

—Están aquí… —susurró.

Elena levantó la vista.

Y su corazón casi explotó.

Sin pensarlo, ambas se pusieron de pie.

No les importó el profesor.

No les importó nadie.

Corrieron hacia ellos.

Elena fue directa a Adrián.

Stefani a Joshua.

Pero cuando estuvieron frente a ellos…

Algo estaba mal.

Muy mal.

Adrián la miró.

Pero no como antes.

No había reconocimiento.

No había suavidad.

Solo una expresión educada. Vacía.

—¿Sí? —dijo él con calma.

Elena parpadeó.

—¿Qué…?

Joshua miró a Stefani.

—¿Las conocemos?

Silencio.

Elena sintió que el piso desaparecía.

—¿De qué están hablando? —su voz tembló apenas—. ¿Es una broma?

Adrián inclinó ligeramente la cabeza.

—Creo que nos confundes.

Eso fue como una bofetada.

Stefani lo observaba fijo.

Demasiado fijo.

Joshua sostuvo su mirada… apenas un segundo más de lo normal.

Y eso fue suficiente.

Porque antes de que entraran al salón…

Ella los había sentido.

Esa conexión no se inventa.

Si ella lo sintió…

Él también.

Elena retrocedió un paso.

Su orgullo apareció como un escudo.

—Claro —dijo, endureciendo la expresión—. Mi error.

Y se dio la vuelta.

Pero no alcanzó a dar dos pasos cuando varias chicas del colegio se acercaron a ellos.

—¿Son nuevos?
—¿De intercambio?
—Puedo enseñarles la escuela…

Una de ellas se colgó del brazo de Adrián con una sonrisa demasiado interesada.

Otra pasó la lengua por sus labios mirando a Joshua.

—Podrían enseñarme otras cosas… —dijo con tono filoso.

Elena se detuvo.

Apretó la mandíbula.

No miró atrás.

No les iba a dar ese gusto.

Y salió del edificio.

Stefani dudó.

Miró a Joshua una última vez.

Él mantuvo el papel.

Pero sus dedos estaban tensos.

Demasiado tensos.

Stefani salió detrás de Elena.

La alcanzó en el estacionamiento.

—Elena.

—No quiero hablar —respondió ella con los ojos brillosos pero llenos de rabia.

Stefani se acercó más y bajó la voz.

Le susurró algo al oído.

que cambió la expresión de Elena.

La tristeza se transformó en algo más peligroso.

Una sonrisa lenta apareció.

—¿Estás segura? —preguntó Elena en voz baja.

Stefani asintió.

—Completamente.

Elena respiró hondo.

—Entonces juguemos.

Esa tarde

Vestidos.

Maquillaje.

Perfume.

Tacones.

Stefani llevaba un vestido negro ajustado, elegante, con una abertura lateral que dejaba ver su pierna al caminar.

Elena eligió uno rojo oscuro, ceñido pero sofisticado, que resaltaba su cabello color miel y su piel clara.

No iban a llorar.

Iban a atacar.

—¿Lista? —preguntó Stefani.

—Más que nunca.

No irían solas.

Dos chicos del último año —guapos, populares, seguros de sí mismos— aceptaron acompañarlas al antro de la ciudad.

Sí.

Era miércoles.

Sí.

Había clases al día siguiente.

Pero a nadie le importaba.

En el antro

Luces neón.

Música vibrando en el pecho.

Risas.

Y entonces…

La puerta se abrió.

Joshua y Adrián entraron.

También impecables.

También peligrosamente atractivos.

Y no estaban solos.

Las mismas chicas del colegio estaban con ellos.

Pero cuando Joshua levantó la mirada…

Se congeló.

Stefani estaba en la pista.

Riendo.

Con otro chico tomándola por la cintura.

Demasiado cerca.

Adrián buscó con la mirada.

Y la vio.

Elena.

Con el vestido rojo.

Girando lentamente mientras el chico frente a ella la acercaba más.

La mano de él en su espalda.

La sonrisa de ella… provocadora.

Adrián sintió algo que no había sentido en años.

Celos.

Oscuros.

Calientes.

Joshua tragó saliva.

—Están jugando —murmuró.

Adrián apretó la mandíbula.

—Nosotros empezamos.

En la pista, Stefani se inclinó hacia Elena.

—¿Ves? —susurró.

Elena sonrió sin mirar hacia ellos.

—Cucharada de su propia medicina.

Y cuando Elena levantó la vista…

Buscó directamente los ojos verdes de Adrián.

Lo sostuvo.

Desafiante.

Como diciendo:

“Yo también sé actuar.”

La música subió.

La tensión también.

Y esta vez…

No eran ellos los que tenían el control.




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