CONTINUACION : EL ANTRO
La música retumbaba en el pecho.
Las luces giraban.
Pero para Adrián solo existía una cosa:
Elena.
El vestido rojo.
La mano de ese chico en su espalda.
Demasiado cerca.
Demasiado cómodo.
Y cuando ella rió —esa risa que antes era solo suya— algo dentro de él se rompió.
No pensó.
Cruzó la pista en segundos.
El chico apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando Adrián tomó la mano de Elena y la giró hacia él.
—Baila conmigo —dijo, firme.
No era una invitación.
Era una orden.
Elena sostuvo su mirada.
Fría.
—¿Perdón? —respondió ella con calma venenosa—. ¿Nos conocemos?
Eso golpeó.
Pero Adrián no soltó su muñeca.
—No juegues conmigo.
—No te estoy jugando. Solo no sé quién eres.
La misma frase.
La misma herida.
Sus ojos verdes brillaron con algo más oscuro.
—Ven.
Y la sacó de la pista.
Elena no se resistió.
Pero tampoco cedió.
Fuera del ruido, en el pasillo lateral del antro, el silencio fue más intenso que la música.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó él, la voz baja pero cargada.
—Divirtiéndome.
—Con él.
—Sí. Con él. Porque él sí sabe quién soy.
Eso dolió.
Adrián dio un paso más cerca.
—Sabes que estoy mintiendo.
Elena lo miró directo.
—Entonces ¿por qué lo hiciste?
Silencio.
—Quería saber si me amabas.
Ella soltó una risa corta, incrédula.
—¿Y la mejor forma fue fingir que no existo?
—Elena—
—No. Tú decidiste jugar. Ahora jugamos los dos.
Y se soltó de su agarre.
—Esto no termina hoy.
Y volvió a la pista.
Dejó a Adrián ahí.
Con celos ardiendo en el pecho.
Afuera del antro
Joshua observaba a Stefani bailar con el otro chico.
No aguantó más.
La tomó del brazo y la llevó afuera.
Ella se soltó de inmediato.
—¿Qué te pasa?
—Eso debería preguntarlo yo.
—¿Yo? ¿No eras tú el que no me conocía esta mañana?
Joshua apretó la mandíbula.
—Sabes que eso no es real.
—Ah, claro. Entonces explícame qué parte es real.
Se quedaron mirándose.
La tensión entre ellos era diferente.
Más profunda.
Más peligrosa.
—Te sentí antes de entrar al salón —dijo Stefani en voz baja.
Joshua se quedó quieto.
—Y tú me sentiste a mí. No puedes mentirle a algo así.
Él no respondió.
Y eso fue respuesta suficiente.
Stefani dio un paso atrás.
—Si querías una prueba… la vas a tener.
—Stefani—
—No. Ahora vamos a jugar bajo mis reglas.
Joshua la miró, sorprendido.
Ella se inclinó un poco hacia él y susurró algo q.
Algo que hizo que los ojos de Joshua se oscurecieran.
Luego sonrió.
Pero no era una sonrisa dulce.
Era estrategia.
Y volvió adentro.
Esa noche, cuando Elena y Stefani regresaron a casa, se miraron en silencio.
—¿Seguimos? —preguntó Elena.
Stefani asintió.
—Unos días más.
—Que sientan lo que es pensar que te pierden.
Elena respiró profundo.
—Estoy demasiado enojada para perdonarlo tan fácil.
—Yo también.
Y aunque en el fondo dolía…
El orgullo ahora era más fuerte.
Mientras tanto, en el otro lado de la ciudad—
Joshua se pasó la mano por el cabello.
—Se nos fue de las manos.
Adrián miraba el techo, tenso.
—Ella estaba con él como si…
No terminó la frase.
Joshua suspiró.
—Van a seguir jugando.
—Entonces que jueguen.
Pero en su voz no había seguridad.
Porque por primera vez…
No sabían si estaban ganando.
O si estaban a punto de perderlas de verdad.
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Editado: 25.02.2026