Entre Copas y Letras

II. Descubriendo el Pueblo y Encuentros Incómodos

El sol matutino acariciaba la ventana del cuarto de Camila mientras ella se desperezaba entre las sábanas de su antigua cama. Aunque llevaba años sin despertar en su casa familiar, la sensación era familiar y reconfortante. Desde el aroma del café recién hecho que subía desde la cocina hasta el ruido de las aves afuera, todo parecía estar en perfecto equilibrio.

Después del desayuno con sus padres, Ana, su hermana menor, la esperaba ansiosa para salir a recorrer el pueblo.

-Vamos, Cami, quiero que veas lo que ha cambiado desde que te fuiste -dijo Ana, con un entusiasmo que Camila no pudo ignorar.

Aunque Ana conocía cada rincón del lugar, estaba emocionada por poder compartir esos momentos con su hermana mayor. Camila, por su parte, estaba deseosa de distraerse y disfrutar de la tranquilidad del pueblo, alejada de las responsabilidades y las decepciones recientes.

A lo largo del día, caminaron por las calles empedradas mientras Ana señalaba tiendas y lugares que habían cambiado, describiendo en detalle las novedades del pueblo. Pasaron por la plaza principal, visitaron el mercado y se detuvieron en un café local.

-Este café antes era una tiendita, ¿te acuerdas? -comentó Ana mientras abrían la puerta de cristal.

-Sí, claro. Solía venir aquí por dulces cuando era niña -respondió Camila, mirando alrededor con una leve sonrisa nostálgica.

Mientras Ana se dedicaba a revisar el menú, Camila disfrutaba del ambiente cálido y el murmullo relajado de los clientes. Todo parecía perfecto hasta que una voz que ya conocía la sacó de ese estado de paz.

-Mira quién ha decidido volver -dijo una voz con un tono burlón y algo áspero que resonó detrás de ella.

Camila levantó la vista, reconociendo a la mujer que había visto la noche anterior en la plaza. La misma mujer de ojos profundos y actitud desafiante. No pudo evitar sentir una ligera incomodidad al cruzar miradas con ella de nuevo.

-¿Disfrutando del tour? -agregó la desconocida, su sonrisa burlona era inconfundible.

-Algo así -respondió Camila, sin entender bien por qué le dirigía la palabra otra vez-. ¿Nos conocemos?

-Nosotras no, pero... digamos que sé quién eres -dijo la mujer, cruzando los brazos, sin ocultar su desprecio. Era obvio que estaba disfrutando de la situación.

Ana, que había notado la conversación, levantó la cabeza del menú. -Ah, ella es la dueña del bar del que te hablé. Este pueblo es pequeño, así que... bueno, es normal encontrarse con todo el mundo.

Camila se sintió algo incómoda al no saber cómo responder. La extraña, claramente conocía su nombre y su trabajo, pero Camila seguía sin saber nada de ella.

-Me parece curioso que alguien que escribe tanto sobre el amor entre mujeres no tenga ni idea de lo que realmente significa -comentó la mujer, sin perder el tono irónico.

Camila frunció el ceño. ¿Por qué ese comentario? Sabía que estaba siendo atacada, pero no entendía por qué.

-¿Qué quieres decir con eso? -preguntó, conteniendo el tono de molestia que amenazaba con salir.

-Nada. Solo una observación. -La mujer se encogió de hombros y, antes de que Camila pudiera responder, se dio la vuelta y salió del café sin más explicaciones.

Ana intentó suavizar la situación. -No le hagas caso, es un poco... brusca, pero no es mala persona. Siempre está en su propio mundo.

Camila trató de sacarse de la cabeza ese encuentro incómodo y continuó disfrutando del recorrido con su hermana. Aunque el pueblo le brindaba una sensación de paz y nostalgia, la extraña mujer seguía rondando sus pensamientos. Había algo en su actitud que la irritaba y, al mismo tiempo, la intrigaba.

La tarde transcurrió tranquila, pero cuando llegó la noche, Ana convenció a Camila de salir nuevamente.

-Vamos al bar del pueblo. Te prometo que será divertido. No te vas a arrepentir -dijo Ana con una sonrisa traviesa.

Camila, aunque no muy entusiasmada por volver a encontrarse con la mujer del café, aceptó la propuesta. Sabía que era importante para su hermana, y lo último que quería era arruinar el plan.

El bar estaba animado. La música y las conversaciones llenaban el aire con una energía vibrante que contrastaba con la tranquilidad del día. Camila y Ana encontraron un lugar cerca de la barra, y mientras Ana saludaba a unos amigos, Camila intentaba relajarse.

Todo parecía estar en orden, hasta que, una vez más, sintió la presencia de aquella mujer.

-Oh, miren quién ha decidido volver por aquí. -La misma voz sarcástica la saludó. Camila levantó la mirada para encontrarse con los ojos burlones de la dueña del bar, que la miraba desde detrás de la barra.

-Tú otra vez -dijo Camila, con una mezcla de sorpresa y frustración.

-¿Te sorprende verme en mi propio bar? -contestó la mujer con una sonrisa mordaz.

Camila bufó ligeramente. -No me sorprende, pero... parece que siempre apareces cuando menos lo espero.

La dueña del bar se rió entre dientes. -Es un pueblo pequeño, princesa. No es tan difícil encontrarse... aunque parece que tú no puedes evitar meterte en mi camino.

-Tampoco es que tenga muchas opciones -dijo Camila, encogiéndose de hombros-. Es un pueblo pequeño, como tú dices.

La mujer se acercó un poco más, apoyándose en la barra. -De todas formas, es interesante ver cómo una escritora tan famosa de... novelas lésbicas -dijo, enfatizando las últimas palabras-, parece no tener idea de lo que está escribiendo. ¿O me equivoco?

-No entiendo por qué te importa tanto lo que escribo -respondió Camila, intentando no mostrarse afectada por el comentario.

-Digamos que me parece... curioso -dijo ella con una sonrisa que dejaba claro que no tenía intenciones de ser amable.

Ana, que había estado ocupada hablando con unos amigos, se dio cuenta del intercambio. -¿Todo bien por aquí?

-Perfectamente -respondió la dueña del bar, sin dejar de mirar a Camila. Luego, dirigiéndose a Ana, añadió-. Solo le estaba dando la bienvenida a la escritora.



#2764 en Novela romántica

En el texto hay: romance, lesbica, lgbt+

Editado: 17.02.2025

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