
Dicen que al alma guarda recuerdos... pero hay lugares que los crean y sin darme cuenta aquel idiota sería uno muy especial.
– El primer sonido
Aquella noche, recital South Bank Centre, Londres.
El olor antiguo llenaba al aire junto a cientos de perfumes de todas las clases a mi alrededor. El piso de mármol fino resonaba contra mis tacones. Podía sentir la calefacción en cada respiración, las luces blancas iluminaban con fulgor el pasillo.
Al llegar a la puerta que conducía a la entrada principal de la galería vi a mi manager: Alex, esperándome con una sonrisa de lado. Él no era solo mi manager; era mi mejor amigo. Lo conocía desde hacía más de 7 años y en ese tiempo... estaba lleno de anécdotas sin final.
—¿Lista?—Preguntó con entusiasmo apenas disimulado.
—Si, siempre.
Ambos caminamos hacia la entrada principal y esperamos unos minutos, ansiosos hasta que finalmente el presentador del evento dijo mi nombre.
—¡Démosle la gran bienvenida a la poeta del año: Ipek Elsher!
—Esto es todo tuyo, elshi —Susurró Alex antes de abrir la puerta para mi.
Caminé hacia la tarima mientras los aplausos invadían mis oídos.
Ese absurdo apodo que Alex siempre me decía antes de entrar a cualquier evento me hacía sentir más segura de lo que estaba haciendo y ahora mismo me siento jodidamente segura.
—¡Hola a todos!—saludé cuando el presentador me extendió el micrófono y me senté en el sofá beige que había en el centro a su lado, tranquila—. Es un gusto estar con ustedes.
Los invitados estaban sonrientes, la música suave sonaba de fondo. Es todo tan tranquilo como a mi me gusta.
—Hoy todos estamos emocionados por saber qué sorpresas nos tienes preparadas —habló el presentador, mirándome a los ojos—, pero primero lo primero. ¿Ya hay dueño en tu corazón o todavía nos mantendrás a oscuras sobre quién es la persona a la que le dedicas la mayoría de tus poemarios en los últimos tres años?
Se hizo un silencio sepulcral cuando el presentador formuló la pregunta. Y por un momento me quedé en blanco. Esperaba muchas preguntas pero no esa en especifico y menos siendo la de entrada.
¿Por qué son tan intensos conmigo a la primera?
Miré hacia el público, buscando a Alex con la mirada pero no estaba en ningún lado.
Maldición, nunca está cuando lo necesito.
Acerqué el micrófono a mi boca y reí levemente antes de hablar, visiblemente nerviosa.
—Empiezas fuerte, Mario. Pero no, hoy no será el día que revele quién es el afortunado.
El público abucheó al unísono, visiblemente decepcionado.
Y eso me hizo sonreír sin poder evitarlo.
Se decepcionan como si fueran ellos los que mantienen el secreto.
—Hey, pero no se decepcionen tan rápido, no les va a gustar mi siguiente aclaración entonces.
—Oh, ¿es así? Cuéntanos, ¿qué no nos puede gustar, Ipek?—Siguió Mario al instante, intrigado y el público se calló de golpe.
—Sé que quieren saber quién es el afortunado... —sonreí al ver cómo todos contenían la respiración—. Pensándolo bien, puedo darles una pista.
Todas las miradas se quedaron fijas en mí mientras hablaba y eso me hacía sentir más nerviosa de lo que estaba.
—Él no está aquí físicamente pero ha estado en cada uno de los que han leído mis poemarios. Ya ustedes lo conocen, saben perfectamente cómo es.
Mario soltó una risa y el público le siguió en secuencia antes de que él hablara de nuevo.
—Pero, cariño, nosotros y más yo, queremos el nombre de ese hombre de ojos cafés.
¿Por qué siguen tan intensos con el nombre?
—Es privado. Pero está vivo, ¿vale? Y tan idiota como cualquier mortal.
Apenas terminé de hablar el auditorio estalló en risas.
Pero no he dicho nada gracioso...¿Por qué están atacados?
Miré a mi alrededor mientras todos se rían y me quedé congelada al ver al maldito de Alex riéndose en una esquina.
Ese traidor.
Él al percatarse de mi mirada fulminante se encogió de hombros y trató de ponerse serio pero fallando miserablemente.
—Vale, vale. Joder, discúlpanos, Ipek, pero si así te expresas de ese hombre podemos deducir que un payaso andante —Habló finalmente Mario, respirando hondo para calmar su ataque de risa y al ver mi expresión endurecerse se puso erguido en el sofá y levantó su mano libre en un gesto de paz forzada—. Hey, tranquila. Era una broma. No es un payaso, ya tu cara nos lo acaba de decir... quizás sea un empresario con mal sentido de supervivencia ¿no?
Eso me hizo reír, esfumando la tensión que había y Mario se relajó.
Porque no era un empresario pero sí tenía malo el sentido de la supervivencia.
—Quizás así sea —hablé cuando el público dejó de reír—, pero les aseguro que es un hombre con el que nunca se puede a...
No pude terminar de hablar porque la torre de copas de vino cayó al suelo de golpe.
¿Qué carajos?
Todos volvimos a ver hacia su dirección. Había un chico pelinegro congelado al lado de la torre caída y al percatarse de su estupidez habló pero fue peor.
—Lo siento, no...no la vi—intentó recoger el desastre pero terminó golpeando a uno de los camareros que se había acercado para ayudar con la punta del estuche de guitarra que tenía en la espalda.
Me cubrí la boca con la mano al ver ese espectáculo.
—¡Oh, mierda! ¡Perdón!—gritó el chico, exasperado, mirando al camarero golpeado.
Rápidamente cogió el mantel de la mesa y... ¿espera qué? ¡Se puso a limpiar el vino del suelo con el mantel!
Mientras el público seguía llorando de la risa, me levanté de golpe del sofá y bajé de la tarima.
Solo esta mierda me faltaba.
Me acerqué rápidamente hacia donde estaba el chico.
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chica fria, guitarrista, humor aventura travesuras y romance
Editado: 29.07.2026