
La lógica siempre gana discusiones. El ingenio desarma incluso cuando carece de lógica. Y aquella noche... lo entendí.
—Vibración constante.
Ipek, recital South Bank Centre, Londres.
—Ya veo que conociste a nuestra estrella de rock, elshi—Continuó Alex, pasando uno de sus brazos por mis hombros para pegarme a él, mientras yo seguía congelada en mi lugar, queriendo golpear al imbécil frente a mi.
¿Estrella de rock? ¿De qué está hablando?
Lo miré fijamente por unos segundos; sonrisa idiota, piel bronceada y cabello rizado y desordenado. No tenía pinta de estrella de rock.
—¿Qué quieres decir, Alex? No estoy comprendiendo la situación.
—Era una sorpresa —soltó Alex, sonriendo—, él es Milak Karim, guitarrista principal de los Pink moon.
Me tiene que estar jodiendo.
Me quedé completamente inmóvil. No podía responder. ¿Qué se supone que haga ahora? Es famoso y yo pensé que era un payaso infiltrado.
Genial, Ipek. Las has liado como una buena estúpida.
—¿Ya no me quieres patear, señorita refinada? —Habló Milak de nuevo en un tono tan relajado que me descolocó, sin quitar nunca la sonrisa perezosa del rostro—. Puedo quitarme la guitarra de la espalda para que lo hagas porque creo que estás pálida y no quiero que sea el clima quien te haga perder el enojo. Yo te advertí que ese traje de gala es mucho para el ambiente.
¡Nunca soltó el maldito clima!
Ni siquiera me dio tiempo de abrir la boca cuando ya se estaba quitando el estuche de la guitarra que traía en la espalda y la puso en el suelo como si fuera lo más normal en un recital.
Esto no me puede salir peor.
—¡Hey, hey! ¡No! ¡Recoge eso ya! —Me solté del abrazo de Alex, quien solo nos miraba con una ceja levantada pero sentía tanta vergüenza que no le presté atención y cogí al idiota del brazo rápidamente—. Oye, mira, estrella de rock o del circo, no hagas más esto, por favor —susurré con urgencia—, hay fans míos aquí que no han dejado de mirar y grabar desde que empezó esto.
Él se quedó quieto un instante, observándome.
Pensé, ingenuamente, que por fin iba a comportarse como una persona normal.
Entonces me tomó de la cintura de un tirón.
—Entonces quítate ese traje y sigue enojada conmigo, señorita refinada. El clima es culpable por tu palidez.
—¡No es el maldito clima, joder! —hablé más alto de lo habitual por la frustración y el público suspiró, sorprendido —. Ya suelta al clima. Estoy asi por ti, idiota. ¡Estás haciendo el ridículo en una de mis presentaciones más importantes!
Él sonrió más ampliamente como si disfrutara de mi frustración.
Es un maldito gilipollas.
—Elshi ya basta. Es suficiente —se metió Alex de repente, poniendo su palma en mi espalda, intentando calmarme y miró hacia Milak—. Es intensa con lo que le gusta hacer, discúlpala. Recoge tu guitarra y acompáñame atrás para que puedas prepararte para tocar. Ella se va a calmar como el sol en pleno verano, tú confía en mí.
El sarcasmo de Alex terminó de colmar mi paciencia y por un momento consideré darle la patada a él en lugar del idiota que me sostenía la cintura pero me contuve.
—Claro, espero que el verano no acabe nunca en ella, entonces.
Antes de que alguno de los dos pudiéramos replicar Milak me soltó y recogió su guitarra en segundos antes de caminar hacia la puerta a paso confiado, como si no hubiera pasado absolutamente nada.
¿Pero qué rayos le pasa a este hombre?
—Tranquila, es... auténtico—Susurró Alex en mi oído cuando Milak desapareció por la puerta—. No te lo tomes personal, lo conozco desde hace un tiempo. Y esto que hizo es su pan de cada día. Tenle paciencia.
—Alex...
—Relax, elshi, te va a gustar su forma de tocar. No me hagas sentir mal por tu sorpresa.
No pude seguir protestando porque me dejó hablando sola y el silencio a mi alrededor me devolvió a la realidad de golpe.
El recital...
La entrevista...
La dinámica...
El público...
¡Mierda!
Olvidé que tenía a más de doscientas cincuenta personas viéndonos discutir.
Suspiré de forma temblorosa y me giré hacia la tarima donde estaba Mario, sentado en el sofá con el micrófono en una mano. Todo permaneció en silencio absoluto.
Me quiero matar de la vergüenza.
—Lamento el espectáculo que acaban de presenciar. No sabía que era una sorpresa... Prometo que no era parte de la programación que tenía para hoy con ustedes... —sentí el peso de las miradas de todos al oírme.
Solo a mi me pasan estas cosas en la vida. A ninguna autora en el mundo le entra de repente un idiota con una guitarra, tirando todo, al recital donde se esta presentando.
—¿No estaba planeado? —Mario rompió el silencio, escéptico—. ¡Pero todos vimos la complicidad y la química con la que ustedes discutían! ¿No será él nuestro chico de ojos cafés, Ipek?
No.
No.
NO.
Nunca.
—¡No! —mi voz salió demasiado aguda por la rapidez con la que respondí—, quiero decir, ni siquiera sabía quién era hasta que Alex me lo dijo, Mario. No es él. —volví a subirme a la tarima y me senté en el sofá, sintiendo los latidos desbocados de mi corazón contra mi pecho.
El público empezó a chiflar y a sonreír como si hubieran visto una novela romántica en vivo.
Esto va de mal en peor con cada maldito minuto que pasa.
No sé por qué me tiemblan las manos. Quizás por la vergüenza... o porque todo el mundo parece decidido a inventarme un novio en menos de diez minutos.
—Ah, qué decepción. Ya quería salir en la prensa nacional a decir que conocimos al payaso que trae loca a la grandiosa Ipek Elsher —Murmuró Mario, desinflado pero con un movimiento de cejas burlón que delataba que no se creía nada de lo que yo había dicho.
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Editado: 12.08.2026