Ethan
Hay silencios que pesan más que cualquier ruido. El de esta casa, por ejemplo, siempre llega cuando Lily se queda dormida. Entonces todo se apaga, excepto los recuerdos. Esos que aparecen en cualquier lugar y momento. Puedo estar aquí y ver las fotos en las paredes, los espacios donde antes hubo experiencias hermosas. Trato de que no me afecte, pero es imposible. Aún no estoy listo para superarlo.
Las personas siempre dicen que el tiempo lo cura todo, pero para mí es diferente. Solo trato de aprender cómo vivir con esa herida todos los días.
Tengo una promesa aferrada al corazón: ser fuerte para Lily. Ella se merece a alguien valiente, alguien que pueda transmitirle la fortaleza necesaria, aunque por dentro yo todavía no pueda mantenerme firme.
Lo que más me consuela es saber que, por más que hay amores que se van, no dejan de existir. Solo se transforman... y nos acompañan.
Un nuevo día se asoma por la ventana a través de los rayos del sol. Me dispongo a levantarme y empezar con mi rutina de siempre antes del trabajo. Me cambio a un conjunto deportivo para salir a correr antes de que Lily despierte; así, al regresar, podremos desayunar juntos.
Odio tener que levantarla tan temprano todos los días, pero como no puedo dejarla sola mientras estoy en la empresa, la llevo a casa de mis padres para que esté con ellos. Aunque ya pasaron tres años desde que Elizabeth no está, nunca logré encontrar una niñera que durara mucho tiempo. Es frustrante, porque no quiero molestar a mis padres, aunque obviamente a ellos no les molesta pasar tiempo con Lily. Sobre todo a mi madre, que ama a su pequeña nieta.
Creo que es tiempo de volver a publicar el anuncio de niñera. Ojalá esta vez sí funcione.
Al volver a casa, me doy una ducha rápida y preparo el desayuno favorito de Lily: pancakes. Luego me dirijo a su habitación para despertarla. La imagen que veo al entrar me estruja el corazón; verla acurrucada entre sus mantas me transmite una paz increíble. Esta niña es lo que me mantiene a flote cada día.
—Buenos días, princesa —digo mientras me inclino para acariciar su rostro.
—Papi, hola —responde mientras se incorpora y me da un abrazo fuerte.
—Es hora de levantarse, hoy hice tu desayuno favorito —le digo mientras ella sonríe de oreja a oreja.
—¡Pancakes, sí! —exclama, y no puedo evitar admirar su rostro alegre.
—Bueno, vamos a cambiarte y a desayunar, que se nos hace tarde —le digo mientras la ayudo a elegir su ropa.
El desayuno pasa rápido, pero son estos pequeños momentos los que quiero atesorar.
Al poco tiempo, llega mi madre a buscar a Lily, ya que hoy tengo una reunión fuera de la ciudad y me atrasaría mucho si fuera a dejarla hasta su casa.
—Abu Alice, hola —dice Lily al verla entrar a la cocina—. Estoy lista.
—No tan rápido, señorita. Primero mi beso y abrazo de despedida —le digo mientras me agacho para rodearla con mis brazos.
—Pórtate bien, ¿sí? Te veré en la noche.
Luego me levanto y saludo a mi madre también.
—Gracias, de verdad, mamá. Significa mucho para mí. Quizás pronto ya no tengas que hacerlo, voy a publicar el anuncio de niñera de nuevo.
—Ay, hijo, sabes que no hay problema. Tu padre y yo estamos encantados con ella, no te preocupes, seguro pronto encontrarás a alguien pronto.
—Bueno, hora de irse, pequeña —dice ella mientras me saluda y acompaña a Lily hacia la puerta.
Hoy será un día estresante. Aún no me fui y ya quiero volver a casa, pero al menos sé que Lily está en buenas manos. Aunque hoy mismo publicaré ese anuncio.
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