Entre dolor y promesas

Capítulo 3

Grace

Lo primero que sentí al intentar abrir los ojos fue dolor, mucho dolor. Ni siquiera entendía de dónde venía, era abrumador.

Intenté abrirlos para entender dónde estaba, pero al instante una luz blanca, casi cegadora, me obligó a cerrarlos.

—¿Dónde...? —mi voz salió tan débil que apenas pude escucharme a mí misma.

Algo no dejaba de sonar: bip, bip, bip. Era lo único que lograba distinguir con claridad.

Reuní fuerzas para volver a abrir los ojos. Vi todo blanco, una silla a mi lado y varias máquinas de donde provenían los sonidos. Definitivamente estaba en un hospital.

¿Pero por qué?

Entonces los recuerdos regresaron, juntos y brutales: Tyler, la motocicleta, la forma en que zigzagueaba frente a mi auto... el camión... el impacto.

No podía ser real. Entré en pánico. Necesitaba moverme, salir de ahí. Pero cuando lo intenté, un dolor punzante me atravesó las piernas. No podía moverlas.

—No... esto no puede ser verdad —murmuré, intentando convencerme de que solo era una pesadilla.

—¡Cielos, Grace! Despertaste —dijo alguien al entrar a la habitación.

Reconocí esa voz al instante. Era Emily.

Cuando la miré, noté su rostro pálido, los ojos hinchados, como si hubiera llorado sin descanso. Aun así, no pude evitar recordar lo que había hecho.

—¿Por qué estoy aquí? —pregunté, aunque podía imaginar la respuesta.

Ella dudó un instante antes de hablar.

—Tuviste un accidente... fue grave. Estuviste inconsciente varios días.

Sentí una presión en el pecho.

—¿Y Tyler? —pregunté sin pensar.

Emily apretó los labios.

—No lo encontraron —dijo finalmente—. Después del accidente desapareció. La policía está investigando, pero... sigue prófugo.

El aire se me escapó de los pulmones.

—Él... lo hizo a propósito —susurré—. Intentó matarme.

Emily asintió, con los ojos llenos de culpa.

—Grace, lo siento tanto —dijo entre sollozos—. Si no te hubiera traicionado, nada de esto habría pasado.

—Emily... necesito que te vayas —dije con la voz rota—. No es el momento. Apenas puedo con esto... por favor, déjame sola.

—Está bien —respondió mientras se limpiaba las lágrimas—. Estaré cerca por si necesitas algo.

Cuando la puerta se cerró, el silencio volvió a envolver la habitación.

Y entonces lo supe. No había sido un accidente.

Y esta vez, no iba a quedarme callada.

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