Entre dolor y promesas

Capítulo 4

Ethan

Otro día agotador en la oficina había terminado; por fin podría ir a descansar. Aunque hoy tengo un cambio de planes: iré a cenar a casa de mis padres y luego regresaremos con Lily a casa.

Me alegra mucho tener estas oportunidades de pasar tiempo con ellos. Después de que Sophia y yo nos mudáramos para ir a la universidad, se quedaron solos en una casa llena de recuerdos, así que trato de visitarlos siempre que puedo. Además de los domingos de pasta de mamá, a los que nunca falto, sigo amando sus spaghetti como cuando tenía cinco años.

Llego a casa de mis padres y encuentro a Lily en la cocina junto a mi madre. Está muy entretenida contándole una historia sobre sus juguetes. Es adorable verla tan animada; después de todo el estrés del día, su sonrisa es reconfortante.

—Buenas noches, bellas damas. ¿Interrumpo una conversación importante? —digo con total seriedad para llamar su atención, aunque una sonrisa se me escapa.

—¡Papi, llegaste! —dice Lily mientras baja de la encimera y corre a abrazarme.

—¿Cómo estuvo tu día?

—Increíble. Hoy fuimos al huerto de la abuela a recoger verduras para la cena. También jugué mucho con Charlie, pero ahora ya tengo hambre —agrega con un pequeño mohín.

—La cena casi está lista, querida. Ve con tu padre a lavarte las manos —dice mi madre mientras se acerca a saludarme.

Acompaño a Lily al baño y, al regresar, me encuentro con mi padre saliendo de su estudio. Siempre ha amado pasar tiempo leyendo allí.

—Buenas noches, papá. ¿Cómo estás?

—Hijo, me alegra verte. Estoy muy bien, Hemingway me tuvo entretenido hoy —responde mientras volvemos a la cocina.

—¡Qué bien! ¿Estás leyendo el libro que te regalé?

—Sí, así es.

El resto de la noche transcurre tranquila. Cenamos juntos, conversamos un poco y luego compartimos el famoso brownie de mamá. Después de un rato, Lily comienza a quedarse dormida en mí regazo, la señal definitiva de que es hora de irnos.

Me despido de mis padres, coloco a Lily en su sillita y volvemos a casa.

Al llegar, me aseguro de no despertarla al cargarla en brazos. Subimos por el ascensor y llegamos a nuestro piso. Ya en casa, la llevo a su habitación y no me voy sin darle un beso de buenas noches.

Luego tomo una ducha, tratando de relajarme un poco, y me preparo para dormir.

Quizás ha sido un día abrumador, pero me permito agradecer por estar en casa, en paz, con Lily sana y segura. Mañana veré qué me depara el nuevo día.

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