Entre dolor y promesas

Capítulo 10

Ethan

Habían pasado varios días desde la última entrevista que hice y debía tomar una decisión pronto, porque en tres días tenía un viaje a Londres.

Por alguna razón no podía olvidar el encuentro que tuvo Lily con Grace, la última candidata. El momento en que se presentó, saludándola con tanta ternura… pude ver la emoción en los ojos de Lily al hablar con ella, incluso presentándole al señor Nieves. Nunca hacía eso. Ese oso era casi como una extensión suya; si lo había hecho, significaba que sintió una confianza especial. Era la seguridad que necesitaba para poder estar tranquilo al momento de dejarla.

Ese mismo día, luego de la entrevista, llamé a Greg para que me contara un poco más sobre el tiempo que Grace trabajó para ellos. Me dijo que su pequeño Isaac se había encariñado mucho con ella durante el tiempo que estuvo en su casa. Incluso había días en los que seguía preguntando por qué se había ido. Esa fue otra de las confirmaciones que necesitaba.

Me quedé en silencio un momento cuando tomé el teléfono. Esto no era solo una decisión de trabajo… era dejar entrar a alguien más en nuestras vidas. Sin poder evitarlo, mis ojos se desviaron hacia la fotografía sobre el escritorio.

Elizabeth.

Su sonrisa seguía siendo la misma: cálida y reconfortante, como si el tiempo no hubiera pasado para ella. Sentí ese nudo familiar formarse en mi pecho. Durante todo este tiempo había intentado mantener cierto orden, sin cambiar demasiado, como si de esa manera pudiera aferrarme a lo que había perdido.

Pero Lily estaba creciendo.

Y yo no podía hacerlo todo solo.

Suspiré lentamente, dejando escapar el aire de mis pulmones. Sabía que no se trataba de un reemplazo, nunca lo sería… pero, aunque me costara aceptarlo, necesitaba ayuda. Y eso era exactamente lo que estaba haciendo.

Así que esta vez, un poco más tranquilo, marqué el número que tenía frente a mí en el currículum y esperé.

El tono sonó un par de veces antes de que contestaran al otro lado de la línea.

—Hola —dijo suavemente una voz.

Por un momento tardé en responder.

—Señorita Miller, buenos días, soy Ethan Blackwood, le llamaba por su postulación a la vacante de niñera —dije lentamente.

Hubo un pequeño silencio de su parte también.

—Sí claro, dígame —respondió ella.

Noté un leve cambio en su voz, como si se hubiera puesto un poco más atenta, quizás nerviosa.

—Estuve revisando las diferentes postulantes —continúe — Y termine la evaluación.

Otra breve pausa.

—Me gustaría ofrecerte el puesto si aun estas interesada —añadí.

Esta vez se hizo un silencio aún más intenso, incluso creí que la llamada se había cortado.

—Sí… —respondió finalmente, con una ligera emoción en la voz—. Sí, claro que estoy interesada.

No pude evitar relajarme un poco al escuchar su respuesta.

—Bien —dije—. Entonces, si estás de acuerdo, me gustaría que comenzaras lo antes posible. Tengo un viaje en unos días, así que sería ideal que pudieras adaptarte antes.

—De acuerdo, no hay problema —respondió—. Puedo organizarme para empezar cuando lo necesite.

Asentí, aunque ella no pudiera verme.

—Perfecto. También, como mencioné en la entrevista, el trabajo requiere que vivas aquí en la casa. Tendrás tu propio espacio, por supuesto.

—Lo entiendo —dijo con seguridad—. No será un inconveniente.

Hubo un pequeño silencio, esta vez más tranquilo.

—Entonces… —añadí—, te enviaré la dirección completa y los detalles por mensaje. Podemos coordinar para que vengas mañana, si te parece bien.

—Sí, mañana está bien —respondió con una leve calidez en la voz.

Dudé un segundo antes de hablar nuevamente.

— Y Grace.

—¿Sí?

—Gracias por aceptar.

Del otro lado se hizo un pequeño silencio, distinto a los anteriores.

Más suave.

—Gracias a usted por la oportunidad —respondió finalmente.

No supe por qué, pero esa respuesta me dejó una sensación distinta.

—Nos vemos mañana entonces.

—Nos vemos.

La llamada terminó.

Bajé lentamente el teléfono, quedándome en silencio unos segundos.

—¿Papi?

Giré la cabeza.

Lily estaba de pie en la puerta, mirándome con curiosidad.

—¿Grace va a venir? —preguntó abrazando al señor Nieves.

No pude evitar sonreír.

—Sí, pequeña —respondí—. Va a venir.

Y, por primera vez en mucho tiempo… esa decisión, que por más que me costó, se sintió correcta.

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