Grace
Después de que Lily se quedara dormida anoche, no tardé mucho en hacer lo mismo. De hecho, dormí tan bien que lo único que logró llamar mi atención fue un sonido que venía desde la entrada.
Intenté tranquilizarme. Tomé mi celular: eran las cinco de la mañana. ¿Qué vecino podría estar haciendo ruido a esta hora?
Me levanté despacio, intentando averiguar el origen, ya preparada —con mi característico mal humor matutino— para hacer una muy “amable” sugerencia de que pararan.
Pero resultó que el ruido no venía de los pasillos. Venía de dentro del departamento.
Una sombra oscura fue lo único que alcanzaron a reflejar las luces de la ciudad. Apenas una silueta. No tuve tiempo de pensar demasiado, así que tomé lo primero que encontré: el atizador de la estufa.
Tendría que servir. Me acerqué lentamente, sujetándolo con fuerza, levantándolo con cautela mientras acortaba la distancia. El corazón me latía demasiado rápido.
No llegué a efectuar el golpe cuando lo vi.
No puede ser real. Seguramente estoy tan dormida que esto es producto de mi imaginación.
—Gra… Grace, ¿qué haces con un atizador? Soy yo. Baja eso, tranquila —dijo la voz ronca y ligeramente preocupada de Ethan.
No fue hasta que sentí sus manos sobre las mías, bajando el atizador, que realmente reaccioné.
Me tomó un segundo recuperar el aliento antes de hablar.
—Ethan, no puedo creer que hicieras eso. Casi me da un infarto —agregué, intentando regular mi respiración—. No sabía que regresabas a esta hora. No avisaste nada anoche.
—Lo sé, lo siento —respondió—. Ayer me liberaron antes y, cuando conseguí el pasaje, ya sabía que acá sería muy tarde. Por eso intenté entrar despacio, para no despertarlas. Pensé que las vería en el desayuno.
—De acuerdo, pero la próxima vez avisa de alguna manera —continué—. Creí que eras un ladrón. Estaba lista para atacar.
—De eso estoy seguro —respondió, con una leve risa, alternando la mirada entre el atizador y yo.
Su risa provocó algo cálido en mi interior. No lo había visto así desde que lo conocí. O quizás… esa era su verdadera forma de ser. Para ser sincera, todavía no sabía mucho de él. Solo lo que dejaba ver en la superficie.
Fue su voz la que me sacó de ese pensamiento.
—Iré a ducharme en el baño de mi habitación, así no despierto a Lily —dijo, mientras recogía su maleta del suelo y pasaba a mi lado en dirección a su habitación.
Regresé a mi habitación también, aunque ya no volví a dormirme. No podría, después de ese pequeño incidente matutino.
Cerca de las siete, aproveché que Lily aún no despertaba para ir preparando el desayuno. Ya me imaginaba su sorpresa cuando viera a su padre en casa nuevamente. Claramente, para ella sería una experiencia mucho más alegre y memorable… a diferencia de mí, que casi dejo inconsciente a mi jefe en la primera semana de trabajo.
Cuando llegué a la cocina, Ethan estaba revisando su teléfono y tomando café. No le di los buenos días, ya que nos habíamos visto horas antes, así que simplemente le sonreí al acercarme a la encimera y comencé con el desayuno.
Hoy se me ocurrió hacer huevos con tostadas y fruta.
No esperaba su ayuda para algo tan sencillo, pero, mientras revolvía los huevos, él comenzó a pelar y cortar la fruta. Fue una interacción simple, pero se sintió bien. La compañía… el silencio cómodo.
No pasó mucho tiempo antes de que una vocecita nos sacara de nuestra concentración.
—¡Papá!
Lily corrió por el pasillo y, sin dudar, se lanzó hacia él. Ethan apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de agacharse y abrazarla.
Fuerte. Como si la hubiera extrañado más de lo que iba a admitir.
Se notó en el suspiro que soltó al hacerlo.
—Hola, pequeña —murmuró, acomodándole el cabello con cuidado.
—Volviste, ya estás aquí —dijo ella, con una sonrisa que no había visto antes.
—Pues claro, princesa. Siempre regreso. Sabés que no es muy fácil librarse de mí —respondió él, con una sonrisa divertida.
Ella rió y volvió a esconderse en su cuello.
Verlos así era… increíblemente adorable. Simplemente existiendo ahí, el uno para el otro.
No pude evitar sonreír antes de darme vuelta y comenzar a servir el desayuno.
Después de eso, el día pasó más rápido de lo que esperaba.
Lily no se separó de Ethan en ningún momento, hablándole sin parar, contándole cada detalle de sus días. Él la escuchaba con paciencia, respondiendo a cada historia con un brillo genuino en los ojos.
Más tarde, cuando Lily se quedó dormida en su habitación, probablemente exhausta de tantas emociones, Ethan regresó a la sala.
Yo ya estaba sentada, revisando mi celular, cuando habló:
—¿Todo bien por acá? —preguntó, apoyándose contra la pared.
—Sí —respondí—. Lily se adaptó muy bien conmigo cuando te fuiste.
Asintió.
—Me dijo.
Eso me sorprendió.
—De hecho, se explayó bastante. Es su forma de ser… nunca se guarda una palabra —agregó, con una leve sonrisa.
—¿Ah, sí? Porque conmigo no habló demasiado estos días. Incluso la noté un poco triste —comenté.
—Lo sé… y es mi culpa —respondió—. Odia cuando viajo por varios días. Antes, cuando mi madre la cuidaba, también me lo decía.
Hizo una pequeña pausa antes de continuar.
—Creeme que lo odio tanto como ella, pero, como soy socio principal, siempre termino siendo yo el que tiene que hacer esos viajes.
Suspiró.
En ese momento, mi teléfono vibró.
El sonido rompió la calma.
Fruncí el ceño al ver un número desconocido.
—Perdón, necesito atender —murmuré, alejándome unos pasos mientras Ethan asentía—. ¿Hola?
—¿Señorita Miller?
La voz al otro lado era seria. Formal.
—Sí, soy yo. ¿Quién habla? —pregunté, dudosa.
—Le hablamos del Departamento de Policía de Nueva York. Queríamos informarle que el prófugo relacionado con su accidente ha sido detenido.