Ethan
Grace no estaba bien. No sabía exactamente qué era, pero algo había cambiado.
Lo noté desde la mañana.
No fue algo evidente. No dijo nada fuera de lugar, no hizo nada extraño… pero había una distancia distinta. Más marcada. Como si estuviera ahí, pero no del todo.
Todo luego de la llamada que recibió anoche.
—¿Estás bien? —pregunté en un momento, observándola mientras desayunábamos.
—Sí —respondió rápido, como intentando convencerse a ella misma—. Solo dormí mal.
Asentí. No insistí más, pero no creía que estuviera bien.
Después de dejar a Lily en la guardería, no regresé al departamento. Fui directo a la empresa.
La rutina ayudaba, siempre lo hacía.
Reuniones, correos, decisiones que no podían esperar. Todo lo que normalmente lograba mantener mi mente ocupada… y lejos de lo que no quería pensar.
Pero esta vez no funcionó igual.
Grace seguía ahí. En el fondo de mi mente.
Interrumpiendo cada intento de concentración.
—Ethan, necesitamos tu aprobación para esto —dijo uno de los socios, deslizando unos documentos frente a mí.
Bajé la mirada, repasando las hojas sin realmente procesarlas.
—Está bien —respondí después de unos segundos—. Déjalo en mi escritorio, lo revisaré más tarde.
Asintió y salió de la oficina.
Me quedé solo, otra vez.
Exhalé lentamente, apoyándome en el respaldo de la silla.
No era normal, no para mí, perder el foco así.
Pero había algo en la forma en que se comportó esta mañana que no me dejaba tranquilo. También sabía que no debía intentar presionarla ni querer saber más. Después de todo, era solamente la niñera de Lily… aunque esperaba que esto no afectara su forma de trabajar. Por algo la elegí en primer lugar. Hubo una confianza sincera en ella. Solo esperaba que lo que fuera que le estuviera pasando no interfiriera en sus responsabilidades.
El sonido de mi teléfono vibrando llamó mi atención.
Miré la pantalla. Un mensaje del portero del edificio.
Fruncí el ceño antes de abrirlo.
" Buen día, señor Blackwood. Quería consultarle si la señorita Grace salió temprano hoy. No la he visto regresar al edificio. "
Mi expresión se tensó. ¿No había vuelto?
Miré la hora. Demasiado tarde para que eso fuera normal.
Apoyé el teléfono sobre el escritorio, pero no aparté la mirada.
Algo no encajaba. Ella no me avisó nada esta mañana.
¿A dónde podría haber ido para tardar tanto?
Tomé el celular nuevamente.
Dudé un segundo antes de escribir. Luego abrí el chat con Grace y escribí:
" ¿Todo bien? "
Observé el mensaje en la pantalla unos segundos. No sabía qué más poner, así que simplemente lo envié.
Después de unos minutos, la respuesta llegó.
" Sí, todo bien. "
Lo leí una y otra vez. Era demasiado corto y simple.
Apoyé el teléfono sobre el escritorio, pero no dejé de mirarlo.
No me convencía. No después de cómo estaba esa mañana.
Exhalé lentamente, pasándome una mano por la nuca.
No tenía sentido insistir por mensaje. No iba a decir más.
El resto de la mañana pasó sin que lograra concentrarme del todo.
Respondí lo necesario. Aprobé lo urgente. Escuché más de lo que hablé.
Pero mi cabeza no estaba ahí. Seguía fija en esa sensación de que algo no estaba bien.
Así que decidí irme antes de lo previsto.
No era habitual. Pero tampoco era algo que no pudiera permitirme.
—Tengo que salir —le dije a Mary, mi asistente, mientras me ponía el saco—. Cualquier cosa urgente, llamame.
Asintió, sonriendo y sin preguntar más.
Salí del edificio con la sensación de estar dejando cosas a medio hacer. Pero no importaba. No en ese momento.
De camino al departamento pasé por la guardería.
No estaba en mis planes, pero… tampoco lo había estado el resto de lo que pasó hoy.
Cuando entré al edificio, me dirigí al salón de Lily. A través de los ventanales la vi, ahí, sentada en el suelo con otros niños, concentrada en lo que parecía ser un dibujo.
Me permití observarla por un momento. Tranquila. En su mundo. Eso me hizo sonreír levemente.
Una de las cuidadoras se dio cuenta de mi presencia y se acercó.
—Señor Blackwood, ¿Todo bien? ¿Viene por Lily?
—Así es —respondí—. Solo vine un poco más temprano hoy.
Asintió con una sonrisa.
—Claro, iré por ella. Espere un momento.
Mientras la llamaba, me quedé pensando.
Había algo que no terminaba de cerrar.
La rutina establecida que tenía —la guardería de Lily, mi trabajo—… me hacía sentir culpable. Por mis asuntos, ella debía pasar gran parte del día rodeada de personas que, por más que conociera, no transmitían la misma sensación de hogar.
Así que, ya que Grace y Lily se habían adaptado bastante bien, lo mejor sería que Lily pasara más tiempo en casa. Después de todo, seguía siendo solo una niña. Quería que sus recuerdos fueran más cálidos, más propios.
Así que eso haría. Intentaría que pasara más tiempo en casa. Incluso si yo tenía que trabajar. Estaba más tranquilo sabiendo que estaba en un hogar… y que tenía a Grace con ella.
Los pasos de Lily corriendo hacia mí me hicieron levantar la vista.
—¡Papi!
Me agaché para recibirla, abrazándola con firmeza.
—Hola, princesa.
—Hoy viniste más temprano.
Sonreí levemente.
—Ajá. Quiero ir a casa, ¿te parece buena idea?
La sonrisa que iluminó su rostro fue respuesta suficiente.
Cuando llegamos al departamento, el silencio volvió a estar ahí.
Abrí la puerta. Nada. Todo en calma.
Dejé las llaves sobre la encimera, observando el espacio.
Grace todavía no había vuelto. Sentí la tensión regresar, más fuerte esta vez.
—¿Grace? —llamé, aunque sabía la respuesta.
Nada.
Lily dejó su mochila en el suelo.
—¿Dónde está Grace, papi? Quiero jugar con ella.