Grace
De nuevo, no dormí, no realmente. Cada vez que cerraba los ojos, volvía a esa sala. A las preguntas. A mi propia voz repitiendo cosas que creí haber dejado atrás.
Abrí los ojos antes de que amaneciera del todo. Me quedé mirando el techo. Sin moverme.
Tyler estaba detenido. Y aun así… no me sentía en paz.
Decidí levantarme despacio. El suelo frío bajo los pies me ayudó a despejarme un poco.
La casa estaba tranquila, demasiado, como si nada hubiera pasado, como si ayer no hubiera cambiado las cosas.
Cuando llegué a la cocina, Ethan ya estaba ahí, aun no me acostumbraba a que siempre se levantaba temprano. Lo vi allí, de espaldas a mí. Al escucharme,se giró apenas.
—Buenos días —dije suavemente.
—Buenos días Grace —respondió con un leve asentimiento.
Abrí la alacena sin necesidad real. Solo para hacer algo con las manos. Luego lo escuche decir:
—A partir de hoy Lily se quedará en casa, será lo mejor para ella —dijo, al tiempo que miraba el pasillo a su habitación—. Voy a trabajar desde aquí hasta el mediodía.
—De acuerdo —asentí.
—Después tengo que ir a la empresa por unas horas —agregó.
—No hay problema, aquí estaré con ella —contesté.
—Holaa…
La voz llegó desde el pasillo.
Lily apareció despacio, con el pelo desordenado y los ojos todavía medio cerrados.
Caminó directo hacia mí.
—Buenos días linda —dije, agachándome un poco—. ¿Dormiste bien?
Asintió y se apoyó un segundo contra mi brazo. Fue rápido, pero suficiente.
El desayuno pasó sin nada fuera de lo normal. Lily hablaba, señalaba cosas, se reía por momentos. Ethan le seguía el ritmo. No podía evitar admirar su conexión. Yo… por otro lado, estaba ahí, pero no del todo.
—Grace.
Levanté la mirada.
Ethan me estaba observando.
—¿Estás bien?
—Sí —respondí.
Demasiado rápido. Se quedó en silencio un segundo.
—No lo parece.
Bajé la mirada hacia la encimera.
—Solo… estoy un poco cansada.
Asintió apenas, pero no pareció convencido.
—Oye…
Su voz fue más baja esta vez.
Levanté la mirada.
—No tienes que explicarme nada —dijo—. Pero si en algún momento necesitas algo… puedes contar conmigo.
Lo dijo simple, sin presión, sin esperar respuesta. Solo… dejándolo ahí.
Lo miré un segundo. Sin saber muy bien qué hacer con eso.
—Gracias —murmuré al final.
Asintió y volvió a su café.
Después del desayuno, se encerró a trabajar en su oficina, la casa quedó en silencio otra vez.
Me dejé caer en el sofá sin pensar demasiado.
El cuerpo me pesaba. La cabeza… aún más.
Lily apareció con su muñeco en la mano.
Subió al sofá con cuidado y se sentó a mi lado.
No dijo nada, se quedó ahí.
Jugando con una de las orejas del muñeco.
Yo miraba al frente, sin ver realmente nada.
Pasaron unos segundos, o minutos, no lo sé.
Sentí que se acercaba un poco más. Después apoyó la cabeza contra mi brazo.
Me quedé quieta,sin moverme, sin decir nada.
Y entonces me abrazó. Torpe. Como podía. Pero con una fuerza especial, esa que solo los niños transmitían. Ya empezaba a encariñarme con esta pequeña.
Simplemente cerré los ojos. Y por primera vez desde ayer… algo dentro de mí aflojó.
Me quedé así un rato con ella, sin pensar demasiado y le devolví el abrazo.
Más tarde, Ethan salió hacia la empresa. Nos avisó desde el pasillo. Lily levantó la mano para despedirse. Yo solo asentí.
La puerta se cerró.
Lily bajó del sofá y continuó jugando. Iba y venía. Me mostraba cosas. Se reía. Volvía a su mundo mágico.
Yo la observaba. Intentando quedarme en ese momento.
Pero mi mente volvía. Siempre a lo mismo, a las preguntas, a las palabras. A lo que tuve que decir en voz alta.
A cómo, al hacerlo… todo dejó de ser algo lejano.
Me pasé una mano por la cara, exhalé, no era miedo. Era otra sensación, más difícil de explicar.
Era darme cuenta de que, aunque todo hubiera terminado… yo no estaba igual y las cosas tampoco volverían a ser las mismas.
Más tarde, cuando escuché la puerta abrirse, no me moví de inmediato. Escuche los pasos en el recibidor.
Tranquilos. Sin apuro.
—¿Ethan? —pregunté desde la sala.
—Así es, llegué —respondió.
Apareció unos segundos después, aflojando el nudo de la corbata. Su mirada recorrió el espacio hasta detenerse en el sofá.
Lily estaba dormida.
Acurrucada a mi lado, con la cabeza apoyada en mi pierna y su muñeco atrapado entre los brazos.
—Se quedó dormida hace un rato —murmuré.
Ethan se acercó despacio.
Como si no quisiera romper el momento.
Se inclinó apenas, acomodándole un mechón de pelo detrás de la oreja.
El gesto fue tan natural…tan suave, que algo en mi pecho se aflojó sin que pudiera evitarlo.
—La llevaré a la cama —habló en voz baja.
Asentí.
Se agachó con cuidado y la levantó en brazos.
Lily se movió apenas, acomodándose contra él sin despertarse del todo.
—Papi… —murmuró, medio dormida.
—Estoy aquí, pequeña —respondió él, en el mismo tono suave.
Los vi alejarse por el pasillo.
Cuando volvió, la sala estaba tranquila. Se quedó unos segundos de pie, como si no tuviera prisa por irse.
—Gracias —dijo al final, mirándome.
Fruncí levemente el ceño.
—¿Por qué?
—Por quedarte con ella hoy.
Negué apenas.
—Es mi trabajo.
—No solo eso.
No dijo más. Pero tampoco hacía falta.
—¿Ya cenaste? —pregunté, rompiendo el silencio.
—Aún no —negó ligeramente con la cabeza.
—Puedo preparar algo rápido —dije, levantándome.
—No hace falta nada complicado —respondió—. Lo que haya estará bien.
Después de unos minutos, la cocina se llenó de pequeños sonidos, platos, cubiertos, el murmullo bajo de algo calentándose en las hornallas.