Grace
No quería ir.
La idea llevaba días instalada en mi cabeza, repitiéndose una y otra vez, como si al nombrarla menos pudiera evitarla.
Pero no, hoy era el día. Y no había forma de esquivarlo.
Abrí los ojos antes de que sonara la alarma, como todos estos últimos días.
La luz todavía era tenue, apenas filtrándose por la ventana. Me quedé quieta, mirando el techo. Sintiendo ese peso en el pecho que ya empezaba a ser familiar.
Como si algo se hubiera instalado ahí… y no pensara dejarme.
Hoy es el juicio y aún no puedo procesar nada de lo que pasó estos últimos meses, menos el hecho de que la persona a la que me iba a enfrentar era mi amigo, el hombre que alguna vez amé.
Exhalé lentamente, intentando tranquilizarme.
—Tienes que ir —murmuré en voz baja, más para convencerme a mí misma, porque claramente no había otra opción.
Me levanté despacio. El contacto de mis pies con el suelo frío me hizo estremecer apenas, bien, necesitaba sentir algo real. Algo que no fuera esta presión en el pecho.
Salí de la habitación intentando no hacer ruido. El departamento estaba en silencio, un silencio tranquilo, inocente. Como si no supiera lo que estaba a punto de pasar.
Cuando llegué a la cocina, Ethan ya estaba ahí, siempre madrugaba.
Se giró al escucharme.
—Buenos días —dijo sonriendo levemente.
—Hola —respondí tratando de sonar tranquila, aunque mi voz salió más baja de lo normal, más tensa.
¿Se nota? Esa fue la primera vez que esa idea cruzó mi cabeza.
¿Se me notara todo esto? Espero que no…
Abrí la alacena sin realmente buscar nada, solo necesitaba mover las manos, hacer algo, lo que fuera.
—¿Estás bien? —preguntó.
Y ahí supe la respuesta a mi pregunta, él se daba cuenta.
—Sí, claro—respondí mintiendo descaradamente.
Su mirada se quedó en mí un segundo más, como si intentara descifrar la situación.
—Oye, se que tienes la tarde libre hoy, ¿podría salir por un momento? Tengo un asunto personal que atender —añadí antes de que pudiera decir algo más.
Primero pareció sorprendido, luego movió la cabeza para asentir.
—De acuerdo, gracias por avisar, me encargaré de Lily —respondió, nada más, sin preguntas ni presión.
—Buenos días…
La voz de Lily rompió el silencio.
Apareció en el pasillo, medio dormida y con el pelo desordenado.
Caminó directo hacia Ethan y él la cargo en brazos para saludarla, luego miro en mi dirección.
—Hola Grace —dijo, aun aferrada a los brazos de su papá.
—Hola pequeña, ¿lista para desayunar? —dije al tiempo que comenzaba a moverme para preparar la comida.
—¡Siiiii! —respondió ella con una sonrisa enorme iluminando su rostro.
El desayuno pasó rápido entre que terminé de cocinar y luego comimos los tres juntos, pero por un momento, ahí disfrutando de un hecho tan cotidiano, hizo que me distrajera de lo demás.
Cuando llega la hora, por la tarde, me agaché frente a Lily y me despedí.
—Voy a salir un rato, ¿sí?
Me miró.
—¿Vuelves luego?
—Claro que si princesa, serán solo unas horas —respondí.
Ella asintió y me dio uno de sus abrazos y eso fue…la fuerza que no sabía que necesitaba en estos momentos.
Cuando salí del edificio, el aire me golpeó de lleno, frío, más de lo que esperaba, pero sabía que no era debido al clima.
El trayecto se me hizo eterno, las calles, los autos, la gente. Todo seguía igual.
Como si el mundo no tuviera idea de lo que estaba pasando dentro de mí.
Después de unos veinte minutos el edificio del juzgado apareció frente a mí ,grande, gris, imponente. Representando exactamente como me sentía.
Me detuve unos segundos antes de entrar, respiré, una vez, dos.
—Puedes hacerlo —me dije a mi misma, pero no lo sentía así, avance igualmente.
El interior era frío, luces blancas, pasillos largos, voces bajas.
Después de anunciar mi llegada, esperé, las manos me temblaban rítmicamente, trate de ocultarlas y tranquilizarme.
Y entonces lo vi..No de frente, sino de costado, lo estaban llevando a la sala.
No podía creerlo, ahí estaba.
Tyler.
El cuerpo se me tensó de inmediato, la respiración se cortó de golpe, como si alguien me hubiera quitado el aire sin avisar.
No lo mires.
No lo mires.
Repetí.
Pero podía sentirlo, su presencia, el hecho de que estaba ahí, real, de carne y hueso.
Se veía… distinto. Más apagado. Tal vez era solo la distancia o el contexto, pero me costó reconocer a ese Tyler que conocía de toda mi vida.
Cuando el momento llego, entre en la sala, me senté, con las manos juntas, demasiado rígidas, consciente de cada movimiento.
En ese momento las voces comenzaron. Palabras formales, fechas, datos, mi historia, la historia de esa noche, reducida a hechos, a frases ordenadas.
Cuando dijeron mi nombre…
Todo se detuvo.
Me levanté. Las piernas pesadas. Cada paso resonando más de lo normal. Me senté. Frente a todos.
Respiré una vez más y comencé a hablar antes que las palabras me asfixiaran. Conté todo, sin adornos ni pausas innecesarias.
Pero no era lo mismo. Porque esta vez…él estaba ahí.
No lo miré. No podía. Pero sentía su mirada. Como algo constante. Inamovible.
Y, aun así…no me detuve.
Cuando terminé, el silencio fue breve, formal y controlado.
—Puede retirarse —dijo el juez.
Asentí. Me levanté y la mirada de Tyler se cruzó con la mía, desearía no haber hecho contacto visual, porque lo que vi en sus ojos es difícil de explicar, sabría que no podría olvidar esa sensación.
Así que salí. El aire afuera me golpeó distinto, más real, ayudándome a procesar un poco todo lo ocurrido.
Respiré profundamente.
Como si hubieras estado conteniendo todo durante horas.
Caminé un momento sin pensar en nada más. Necesitaba eso. Distancia , tiempo para asimilarlo todo.