Entre dolor y promesas

Capítulo 17

Ethan

La casa estaba demasiado silenciosa hoy, lo noté apenas salí del despacho con el teléfono todavía en la mano y encontré la planta baja completamente a oscuras, salvo por la tenue luz de la cocina.

Fruncí ligeramente el ceño. Era tarde, demasiado tarde para que Grace siguiera despierta.

Cuando entré, la encontré apoyada contra la encimera con una taza entre las manos. Ni siquiera parecía estar tomando nada; solo la sostenía mientras miraba un punto fijo frente a ella.

Pérdida…

—¿Grace? —dije para llamar su atención.

Se sobresaltó apenas, ese pequeño gesto fue suficiente para tensarme.

Giró la cabeza rápidamente y me dedicó una sonrisa débil.

—Perdón, ¿te desperté?

Negué con la cabeza mientras me acercaba.

—No, acabo de terminar unos informes importantes, no me di cuenta de la hora —expliqué.

Ella asintió, bajando la mirada otra vez hacia la taza, como si eso pudiera solucionar lo que le pasaba.

Desde que volvió ayer había algo raro en ella, más callada, ausente.

Como si una parte de su cabeza estuviera atrapada en otro lugar. Y odiaba haberlo notado tanto.

Porque significaba que llevaba días prestándole demasiada atención.

—¿Dónde está Lily? —pregunté.

—Dormida. Costó un poco, pero lo logré.

Su voz sonaba cansada y rasposa, como si hubiera llorado.

Me apoyé contra la isla de la cocina observándola en silencio.

Había aprendido rápido que Grace escondía las cosas que le dolían. Lo hacía sonriendo apenas, cambiando de tema o fingiendo que estaba cansada.

Pero algo en ella esta noche se sentía distinto, más frágil.

Y eso me inquietaba más de lo que debería, aunque no quisiera admitirlo.

—No has cenado —comenté al ver el plato intacto cerca del fregadero.

—Yo… No tenía hambre —dijo simplemente.

Mentía, era evidente.

Las ojeras bajo sus ojos estaban más marcadas que de costumbre y tenía los hombros tensos, como si llevara horas intentando mantenerse entera.

Quise preguntarle qué pasaba, quise insistir.

Pero no sabía cómo hacerlo sin que levantara otra vez una de esas paredes invisibles que aparecían cada vez que sentía que alguien se acercaba demasiado.

Así que solo asentí, el silencio cayó entre nosotros, incómodo y pesado.

Hasta que unos pequeños pasos interrumpieron la quietud.

Lily apareció en la entrada de la cocina abrazando su manta y frotándose un ojo.

—No puedo dormir… —dijo susurrando.

Mi corazón se apretó. Si era tan tarde y no podía dormir, significaba que era una de sus pesadillas… Las comenzó a tener hace ya medio año. Una vez me las contó: decía que veía a una mujer preciosa que venía a buscarla y jugaban en un jardín de margaritas, hasta que, de repente, una tormenta invadía el lugar… Cuando el trueno sonaba, la mujer desaparecía, y ahí era cuando ella despertaba aterrada. También es una de las razones por las cuales últimamente odia las tormentas. No podía dejar de pensar que ese sueño era la forma que tenía su memoria de recordarle a Elizabeth. Sé que parece cruel, pero es como pasó en la vida real: estábamos felices con su llegada, contentos y nerviosos por ser padres primerizos… Hasta que el “trueno” llegó y, de pronto, Elizabeth ya no estaba.

La reacción inmediata de Grace me sacó de mis pensamientos.

Toda la tensión de su cuerpo pareció suavizarse apenas vio a Lily.

Se agachó frente a ella y apartó unos mechones rubios de su rostro.

—¿Otra pesadilla? —dijo despacio.

Lily hizo una mueca triste y asintió, ahí me di cuenta que ella ya sabía de las pesadillas…

Grace abrió los brazos sin dudarlo y la acurrucó contra ella automáticamente.

Mi pecho se tensó de una manera incómodamente familiar.

Porque Grace tenía esa capacidad extraña de llenar espacios vacíos sin siquiera intentarlo.

La observé mientras acariciaba la espalda de Lily con paciencia infinita, hablándole en voz baja hasta que ella empezó a relajarse.

Y entonces Lily dijo algo que me tomó completamente desprevenido.

—¿Puedes quedarte conmigo hasta que me duerma? —preguntó, con un tono de duda en su voz.

Grace sonrió apenas.

—Claro que sí, pequeña.

Lily levantó la cabeza y me miró.

—Tú también, papá.

Solté una pequeña risa nasal.

—Eso suena más a una orden que a una petición.

—Así es —dijo ella sonriendo traviesamente.

Grace soltó una risa suave, pequeña, pero real. Y maldición, creo que no había entendido cuánto necesitaba escucharla reír hasta ese momento.

Una hora después, Lily finalmente dormía, hice lo que me pidió y me quedé junto a ella, Grace la acunaba en su regazo y yo leía su libro favorito.

Cuando Grace salió de la habitación, cerró la puerta con cuidado y apoyó la frente contra la pared durante un segundo, como si estuviera agotada.

—Gracias —murmuró al verme todavía en el pasillo.

—No hay problema, me alegra que se haya podido dormir —dije simplemente.

Ella sonrió levemente de nuevo y asintió.

Duró apenas un instante, después desapareció otra vez.

Y esa sensación incómoda volvió a instalarse en mi pecho.

La seguí hasta el salón sin decir nada, solo por un impulso.

Grace se dejó caer en el sofá lentamente y se abrazó las piernas.

No encendió la televisión, no miró el teléfono, solo se quedó ahí, perdida dentro de su propia cabeza, de nuevo.

Me senté en el sillón frente a ella.

—¿Quieres hablar? —pregunté despacio.

Ella negó enseguida, demasiado rápido.

—No hay nada que decir —agregó sin mirarme.

No le creí. Pero tampoco quería presionarla.

Grace era como un animal herido; si sentía demasiada presión, huía. Así que me limité a observarla en silencio.

Los segundos pasaron lentamente, hasta que noté el cambio.

Su respiración, demasiado rápida.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.