Grace
Me desperté lentamente, confundida por la luz suave que entraba desde las ventanas del salón. Parpadeé varias veces antes de entender por qué tenía el cuello incómodo y una manta que definitivamente no había puesto sobre mí.
El sofá.
Entonces lo recordé todo de golpe, la respiración acelerada, las lágrimas, las manos de Ethan sosteniendo las mías mientras intentaba evitar que me desmoronara por completo frente a él.
No puede ser, una oleada de vergüenza me atravesó entera.
Cerré los ojos apenas un segundo, deseando desaparecer.
Perfecto, ahora también tenía ataques de pánico delante de mi jefe.
Me incorporé lentamente, intentando acomodarme el cabello desordenado mientras trataba de ignorar el calor que me subía al rostro.
—Buenos días —habló Ethan.
Levanté la cabeza sobresaltada.
Estaba apoyado contra la entrada de la cocina con una taza entre las manos. Llevaba una camiseta negra y el cabello ligeramente despeinado, como si tampoco hubiera dormido demasiado.
Y me estaba mirando, demasiado atento.
—Hola —murmuré.
—¿Cómo te sientes? —preguntó.
Quise decir “bien” automáticamente.
Pero después de la escena de la noche anterior, incluso para mí habría sonado ridículo.
—Mejor —agregué finalmente.
Él asintió despacio, aun mirándome.
Ninguno mencionó directamente lo ocurrido. Y honestamente, agradecí que no lo hiciera.
Porque no sabía cómo enfrentar la humillación de haberme quebrado así frente a alguien. Especialmente frente a él.
Ethan se movió a la cocina y regresó con una taza humeante en las manos.
—Te hice café, supuse que lo necesitarías —dijo al tiempo que extendía la taza hacia mí.
Lo miré por un momento
—No tenías que hacerlo, pero gracias —dije suavemente.
—Lo sé, no hay problema —añadió.
La respuesta fue simple, natural.
Como si cuidar de mí no le pareciera un problema.
Y eso me descolocó más de lo que debería.
Tomé la taza caliente entre las manos intentando ignorar la forma en que él seguía observándome discretamente.
Como si estuviera asegurándose de que no volviera a romperme.
El silencio entre nosotros ya no se sentía tan incómodo como antes.
Ahora era… extraño, demasiado suave, íntimo. Y eso era peligroso.
Lily apareció poco después a través del pasillo.
—¡Hola! —dijo alegremente.
Sonreí al verla saludarme primero con un fuerte abrazo que devolví, luego corrió directo hacia Ethan en la cocina.
—Buenos días, pequeña —dijo él, mientras la abrazaba, haciéndola girar en sus brazos,
—Grace, papi está haciendo el desayuno —me llamó Lily.
Levanté la vista y asentí sonriendo, viendo la escena en la cocina, Ethan yendo de un lado a otro con los ingredientes, como si quisiera que todo saliera perfecto. Sonreí levemente.
Cuando regresé de cambiarme, Lily se acomodó en el taburete a mi lado mientras Ethan terminaba el desayuno y, por unos minutos, todo se sintió absurdamente normal.
Demasiado normal, como si perteneciera ahí, como si pudiera acostumbrarme a todo esto.
Y precisamente eso me asustó.
Mi teléfono vibró sobre la mesa y mi cuerpo entero se tensó. Instantáneamente. Lo agarré demasiado rápido.
Un número de la corte.
Sentí un nudo formándose en mi estómago.
—¿Todo está bien? —preguntó Ethan.
Levanté la vista apenas un segundo.
Claro que lo había notado.
—Sí… solo debo atender esto.
Intenté sonar tranquila mientras me levantaba y caminaba hacia el baño para más privacidad.
Pero apenas cerré la puerta detrás de mí, el aire empezó a sentirse más pesado. Respiré hondo antes de atender.
—¿Sí? —dije despacio.
—¿Grace Miller?
La voz masculina del otro lado sonaba profesional, fría.
Mi cuerpo se puso rígido de inmediato.
—Así es—respondí.
—Le hablo de la Corte Suprema del Estado de Nueva York, División Penal de Manhattan, en relación al caso de Tyler Reed. La llamamos para informarle que esta mañana se confirmó oficialmente la sentencia.
Sentí que el estómago se me hundía.
La voz del hombre continuó del otro lado de la línea, profesional, distante, como si estuviera leyendo cualquier otro expediente.
—El acusado fue declarado culpable de los cargos de Agresión en Primer Grado, Abandono de la Escena de un Incidente con Lesiones Graves y Conducción Temeraria —continuó.
Cerré los ojos con fuerza.
No podía respirar.
—La condena establecida por el tribunal es de ocho años de prisión estatal efectiva, con posibilidad de reducción por buena conducta según determine el Departamento Correccional del Estado de Nueva York.
Ocho años. La frase quedó atrapada dentro de mi cabeza.
—¿Señorita Miller? ¿Sigue ahí?
Tragué saliva rápidamente.
—Sí… sí, aquí estoy —dije con el nudo en la garganta.
—Recibirá una copia oficial de la resolución judicial en las próximas cuarenta y ocho horas. ¿Tiene alguna pregunta?
Intenté decir algo, pero nada salió de mi boca.
—No —confirmé finalmente.
—De acuerdo, gracias por su tiempo.
La llamada terminó.
Y el silencio que quedó después fue incluso peor.
Apoyé ambas manos sobre el lavabo mientras intentaba respirar despacio. No iba a llorar, no ahí, no en la casa de Ethan.
No de nuevo.
Cuando levanté la vista hacia el espejo, apenas me reconocí. Y eso me dio más miedo que cualquier otra cosa.
Al salir del baño, Ethan levantó la cabeza inmediatamente.
Como si hubiera estado esperando. La preocupación en su mirada hizo que algo incómodo se moviera dentro de mi pecho.
—¿Grace?
—Estoy bien —mentí demasiado rápido.
Él frunció apenas el ceño.
—¿Segura? —agregó aun viéndome a los ojos
Asentí enseguida mientras volvía a sentarme junto a Lily.