Ethan
El problema de dirigir una empresa era que nadie aceptaba que tu cabeza estuviera en otra parte. No importaba si habías dormido poco. No importaba si tu hija había insistido durante veinte minutos en que los osos de peluche podían desayunar helado. No importaba si una mujer se había instalado en tus pensamientos de una forma que empezaba a resultar peligrosa.
Las reuniones seguían existiendo, los contratos seguían necesitando firmas y los inversores seguían esperando respuestas.
—Las proyecciones para el próximo trimestre muestran un crecimiento del dieciocho por ciento —dijo Harry, uno de los inversionistas.
Levanté la vista hacia la pantalla de la sala de juntas. Doce personas esperaban una respuesta.
Asentí.
—¿Y el proyecto de Boston? —pregunte para confirmar.
—La adquisición podría cerrarse la próxima semana —respondió James, el jefe de la filial en Bostón.
—Quiero los informes completos antes del viernes —agregué finalmente.
El director financiero tomó nota inmediatamente. La reunión continuó. Números, gráficos y estrategias.
Las mismas cosas que habían ocupado mi vida durante años. Y normalmente funcionaba. Porque los negocios tenían lógica.
Pero las personas no.
—¿Ethan? —reaccioné a mi nombre.
Parpadeé, todas las miradas estaban puestas en mí. Maldición.
—Perdón. ¿Qué has dicho? —respondí intentando recordar de qué hablábamos.
Varias cejas se levantaron alrededor de la mesa.
No era habitual, yo nunca me distraía.
—Pregunté si aprobamos la adquisición o esperamos al siguiente trimestre —repitió Harry.
Miré los documentos apenas un segundo.
—La aprobamos —dije asintiendo.
—Perfecto — Harry asintió comenzando a completar los documentos.
La conversación siguió. Pero mi cabeza no estaba en esa sala, volvía una y otra vez a la misma imagen, Grace sentada en el sofá, temblando, intentando recuperar el aire, las lágrimas que había intentado esconder.
Y aquella expresión de agotamiento absoluto que todavía no conseguía quitarme de la cabeza.
Apreté la mandíbula.
No sabía qué demonios le estaba pasando. Y empezaba a odiar no saberlo.
—Ethan.
Levanté la vista del portátil.
Luca estaba de pie en la puerta de mi despacho sosteniendo una carpeta.
—¿Qué? —respondí secamente.
Se acercó y dejó la carpeta sobre la mesa.
—Llevas cinco minutos mirando la misma página —dijo.
Miré la carpeta, maldita sea, tenía razón.
—Estoy cansado —agregué tratando de evitar el tema.
Luca arqueó una ceja.
—Nunca te he visto así antes Ethan, no desde… —cortó sus propias palabras antes de continuar,
Sabía lo que quería decir, no he estado así desde Elizabeth.
Luca se sentó frente a mí sin esperar invitación.
Durante años había sido mi socio más confiable y probablemente una de las pocas personas capaces de saber exactamente lo que sentía sin decírselo.
—¿Ha pasado algo con Lily? —agregó esta vez.
La pregunta me tomó desprevenido.
—No —respondí rápido.
—Entonces es trabajo.
—Tampoco —negué con la cabeza.
Eso pareció llamar su atención.
—Interesante —dijo lentamente.
Cerré el portátil.
—¿Por qué? —pregunté intrigado.
—Porque si no es Lily ni es trabajo, significa que hay algo más ocupando espacio en tu cabeza —dijo él.
No respondí.
Lucas me observó durante unos segundos.
—Sea lo que sea, intenta solucionarlo antes de la reunión con los inversores de la próxima semana, pero sabes que estoy aquí si me necesitas —añadió.
—¿Ahora también das consejos psicológicos? —dije en un tono divertido.
—No, pero a partir de ahora empezaré a cobrar por consejos —respondió al tiempo que rió divertido.
Y con eso salió del despacho, dejándome solo con mis pensamientos otra vez.
Miré los documentos abiertos sobre la mesa. Intenté volver a concentrarme. Lo intenté de verdad. Pero mi cabeza regresó exactamente al mismo lugar.
A una mujer que insistía en que estaba bien cuando claramente no lo estaba. Y al hecho de que empezaba a preocuparme demasiado por ello…
Cuando llegué a casa ya había anochecido.
Tenía la espalda rígida después de un día interminable y la cabeza todavía llena de preocupaciones.
Lo único que quería era una ducha y unos minutos de silencio.
Pero apenas abrí la puerta principal escuché música.
Muy fuerte.
Fruncí el ceño mientras dejaba las llaves sobre la consola del recibidor.
Y entonces escuché las voces.
—♫ Baby, you're a fiiiiirewoooork... ♫
La voz de Lily resonó por toda la casa.
O al menos algunas palabras.
Porque la mitad de la letra era prácticamente incomprensible.
—♫ Come on... show'em... worf... ♫
Escuché una carcajada.
La de Grace.
—¡No! Esa parte es "what you're worth".
—¡Eso dije! —respondió la pequeña indignada.
—No dijiste nada parecido —respondió riendo Grace.
La música siguió sonando mientras avanzaba por el pasillo.
Y cuando llegué a la cocina me quedé inmóvil.
Lily estaba subida a una silla con una cuchara de madera en la mano, utilizándola como micrófono.
Grace tenía otra y fingía estar en medio de un concierto.
—♫ Make'em go oh, oh, oh... ♫
—♫ Make'em goooo... oooo... ooo... ♫ —repitió Lily.
Grace soltó una carcajada.
—Bueno, eso ha estado más cerca.
—¡Lo estoy haciendo bien! —agrego Lily, orgullosa de si misma.
—Claro que sí —asintió Grace.
—♫ As you shoot across the sky-y-y... ♫
Grace cantó la frase correctamente.
Lily intentó seguirla.
—♫ As you suuu... skyyyy... boom boom boom! ♫
Las dos terminaron riéndose.
Y por alguna razón, yo también.
Porque aquella era una versión de Grace que nunca había visto. Despreocupada, feliz, sin tensión en los hombros y sin esa tristeza constante escondida detrás de los ojos.