Entre dolor y promesas

Capítulo 22

Ethan

Había pasado años aprendiendo a no dejar que nada me afectara. Era una habilidad, una necesidad. En este trabajo, dudar demasiado podría costarte millones. Una mala decisión podía arrastrar a cientos de personas contigo. Por eso aprendí a controlar mis emociones antes de que ellas me controlaran a mí.

Funcionaba, siempre había funcionado…Hasta que apareció Grace.

—La propuesta de expansión está lista para su aprobación —habló Jackson.

Levanté la vista del documento. La sala de juntas estaba llena. Directores e inversores. Personas esperando una decisión. La clase de situaciones en las que normalmente estaba completamente presente, pero mi mente estaba en otra parte.

En la cocina, en el momento que le ayudé con los cereales, en la forma en que Grace había apartado la mirada cuando nuestros cuerpos se rozaron y sentí su respiración acelerarse.

Era ridículo, completamente ridículo, no era un adolescente enamorándome por primera vez, porque todo esto me afectaba tanto. Aunque creo que la pregunta sería: ¿Por qué ella me afectaba tanto?

—¿Señor Blackwood? —volvió a decir Jackson.

Volví a enfocarme rápidamente.

—Continúa —dije asintiendo.

La siguiente diapositiva se proyectó y Jackson continuó con la presentación. Intenté escuchar, de verdad que lo intenté.

Pero entonces apareció una pregunta en mi cabeza.

¿Grace había dormido bien?

La idea me hizo fruncir el ceño. Porque no tenía sentido, no era mi problema, Grace era una adulta, sabía cuidarse por su cuenta. Entonces, ¿por qué me preocupaba?

El viaje de regreso a casa fue más largo de lo normal. O quizás mi cabeza estaba demasiado ocupada. Cuando entré, esperaba encontrar la casa tranquila.

Pero escuché voces. Grace y Lily. Me quedé quieto unos segundos. Había algo en escuchar sus risas que hacía que el peso del día desapareciera.

Encontré a Grace sentada en el suelo del salón con Lily. Estaban rodeadas de libros y lápices de colores.

—Papá —dijo Lily al verme—. Grace dice que los dragones no existen ¿Puedes creerlo? —agregó ella indignada.

Levanté una ceja divertido pero tratando de parecer serio a la vez.

—¿Y tú qué opinas? —pregunte con un tono muy serio para la situación que incluso me reí mentalmente de mí mismo.

—Que sí existen —contestó Lily sin dudar.

Asentí seriamente.

—Buena respuesta pequeña —le dije sonriendo y asintiendo.

Grace me miró.

—¿La estás apoyando? —preguntó igual de indignada pero no pude evitar notar la diversión en su voz al terminar la oración.

—No quiero empezar una discusión con una niña de cuatro años, especialmente sabiendo cómo terminará —le respondí.

—Sabia decisión —dijo ella sonriendo divertida.

No pude evitar sonreírle de vuelta.

Y entonces ocurrió. El pensamiento apareció sin permiso, esto se sentía bien, demasiado bien.

Más tarde, después de acostar a Lily, encontré a Grace en la cocina. La escena era demasiado parecida a la noche anterior.

Ella con una taza entre las manos. Yo intentando fingir que no quería quedarme.

—¿Otra vez despierta? —pregunté.

Levantó la mirada.

—Podría decirte lo mismo —dijo ella ahora más enfocada en mí.

Me apoyé contra la encimera.

—Trabajo —respondí intentando excusarme.

—Claro —ella sonrió apenas.

Una sonrisa pequeña. Pero suficiente para cambiarle el rostro. Y odié lo mucho que me gustaba verla así.

—¿Qué? —preguntó frunciendo el ceño.

—¿Qué quieres con qué? —pregunté fingiendo inocentemente, sabiendo que me atrapó viéndola sonreír.

—Nada, olvidalo —agregó entonces.

Pero no era nada. Era todo, era la forma en que ahora buscaba estar cerca de ella. La forma en que escuchaba sus pasos y los reconocía. La forma en que me preocupaba cuando estaba demasiado callada, porque ahora sabía que significaban.

—Ethan —su voz me devolvió al presente.

—¿Sí? —dije volviendo a mirarla.

Dudó un momento.

—¿Siempre eres así? —preguntó tímidamente.

La pregunta me sorprendió.

—¿Así cómo? —dije de repente curioso por saber a que se refería.

—Como si todo el tiempo estuvieras esperando que algo malo pasara —agregó despacio.

El silencio cayó entre nosotros, porque había acertado, más de lo que ella sabía, aparté la mirada hacía la ventana.

—Supongo que algunas cosas te cambian —respondí casi susurrando.

Grace bajó la vista.

—Así es —dijo ella.

Y en ese momento entendí algo. Ella también sabía lo que era vivir esperando el próximo golpe, ahora podía verlo.

Nos quedamos en silencio, cerca, muy cerca. Y durante un segundo pensé en decirle la verdad. No toda, pero sí una parte. Algo, lo que fuera, para poder quitarme uun poco de este peso de mis hombros.

Pero entonces escuché la pequeña voz de Lily desde el pasillo.

—Papá...

Nos separamos inmediatamente.

Lily apareció con su manta arrastrándose por el suelo.

—Tuve un sueño feo, de nuevo —dijo con la voz un poco temblorosa.

Todo mi cuerpo reaccionó antes de pensar. Fui hacia ella, corriendo

—Ven aquí cariño, todo estará bien, papá está aquí, ¿de acuerdo? —dije mientras la levantaba en mis brazos.

Y mientras ella escondía la cara contra mi hombro, sentí la presencia de Grace acercándose, cuando levanté la vista, ella estaba cerca de ambos, acariciando la espalda de Lily mientras la pequeña aún seguía en mis brazos

Le regalé una sonrisa sincera, de agradecimiento.

Y me di cuenta de algo que llevaba días intentando negar.

Grace no era solo alguien que estaba viviendo en mi casa. Ya estaba empezando a formar parte de ella. Y eso era algo que me daba más miedo que cualquier reunión, cualquier contrato o cualquier enemigo.

Porque había pasado años sobreviviendo a perder cosas. Y no estaba seguro de poder soportar siquiera la idea de perderla a ella…




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