Entre dolor y promesas

Capítulo 25

Grace

La habitación todavía estaba en silencio, iluminada apenas por los primeros rayos de sol que se colaban entre las cortinas. Estiré el brazo hasta la mesa de noche para tomar el teléfono.

15 de abril.

Me quedé observando la fecha durante unos segundos.

Mi cumpleaños…

Solté un suspiro y bloqueé la pantalla.

Hacía años que ese día había dejado de significar algo especial.

Cuando era pequeña, mamá siempre preparaba panqueques para el desayuno. Decía que nadie debía empezar un cumpleaños con el estómago vacío y hacía que todo el día fuera especial. Después de su muerte intenté mantener la tradición, pero hacer aquellos panqueques sola y terminar sentada frente a una mesa vacía fue suficiente para no volver a hacerlo. Desde entonces, era solo un día más.

Me levanté, me cambié y bajé a la cocina como una mañana más.

Lily apareció junto a mí en el pasillo, todavía despeinada y abrazando al señor Nieves.

—Hola, Grace —dijo ella suavemente.

—Buenos días, pequeña dormilona —contesté al tiempo que la ayudaba a subir a una silla mientras comenzaba a preparar el desayuno.

Unos minutos después apareció Ethan. Llevaba el cabello un poco revuelto, bostezó y luego se pasó la mano por la cara, aún un poco dormido. Era increíble verlo así de normal los fines de semana. No había rastro del ceño fruncido de empresario ni tampoco de sus atuendos formales.

—Buenos días —saludó dirigiéndose hacia la cafetera.

—Hola —contesté, continuando con el desayuno.

Todo era tan normal que, por un instante, hasta yo misma olvidé la fecha. Quizás era mejor así, de todas formas.

Después de desayunar, Ethan recibió una llamada y subió al despacho a contestar.

Lily y yo nos quedamos jugando en la sala. Yo le ayudé trayendo algunos juguetes más de su habitación mientras ella se entretenía pintando.

En un momento estábamos tranquilas, disfrutando de la comodidad del momento. Incluso yo me concentré demasiado en un dibujo que Lily me pidió que la ayudara a hacer, hasta que mi teléfono sonó de repente.

Lo tomé y me sorprendí al ver el número: mi tía Jane. Hacía tiempo que no hablábamos. La muerte de mamá nos afectó mucho a ambas, pero ella siempre estuvo ahí cuando la necesité, hasta que tuvo que mudarse a Alaska por trabajo. No dudé y contesté; sabía que, si llamaba, era porque tenía un tiempo libre y debía aprovecharlo.

—¿Grace, querida? ¿Estás ahí? —preguntó ella cuando contesté.

—Tía Jane, así es, aquí estoy. Es bueno escucharte de nuevo —respondí sonriendo.

—¡Feliz cumpleaños, cariño! —exclamó al otro lado de la línea.

—Espero que estés disfrutando tu día. ¿Harás algo especial? —preguntó ella.

—De hecho… creo que no. Será un día tranquilo —dije despacio.

—Lo entiendo, cariño, pero aunque sea cómprate un trozo de pastel, siquiera, ¿de acuerdo? —agregó ella—. Debo irme, pero me alegra haberte escuchado un momento. Y, Grace… —añadió, queriendo decir algo más.

—¿Sí? —respondí, esperando sus próximas palabras.

—Tu madre estaría muy orgullosa de ti. Nunca lo olvides —añadió ella.

—Gra… gracias, tía Jane. Nos vemos —respondí con un pequeño nudo en la garganta. El comentario me afectó más de lo que quería admitir.

—Adiós, querida —dijo ella, y la llamada terminó.

En cuanto levanté la vista, no pude evitar notar a Lily parada, mirándome fijamente.

—¿Hoy es tu cumpleaños, Grace? —habló ella despacio.

—Así es, pequeña —respondí asintiendo—. Pero no te preocupes, no es nada especial —agregué enseguida.

En ese momento escuché la puerta del despacho abriéndose. Ethan salió, aún revisando su celular, pero se detuvo al vernos.

—¿Qué sucede? —preguntó, moviendo la vista entre ambas.

—Papi, hoy es el cumpleaños de Grace —dijo Lily, moviéndose hacia él.

Él levantó la vista, sorprendido.

—¿Qué? ¿Por qué no nos dijiste? —murmuró despacio.

—Yo… no suelo celebrarlo —dije sin levantar la vista.

No hizo más preguntas.

—Entiendo —añadió sin indagar más.

El resto de la mañana transcurrió con normalidad. Luego del almuerzo aproveché que Ethan estaba en casa para quedarse con Lily y fui a hacer las compras. Disfruté del cálido sol de primavera mientras caminaba y terminaba de conseguir todo lo que necesitaba.

Cuando volví al departamento y abrí la puerta, me sorprendió encontrar todo a oscuras, sabiendo que recién era pasada la media tarde.

—¿Ethan? ¿Lily? —pregunté, pero nadie respondió.

Quizás habían ido a la casa de la abuela de Lily. Era extraño, porque, si no, me habrían avisado.

No pude dar muchos pasos dentro de la sala cuando las luces se encendieron de golpe.

—¡Sorpresa! —dijeron las voces de Ethan y Lily al unísono.

La pequeña corrió hacia mí tan rápido que no tuve más opción que inclinarme y cargarla en brazos.

—¡Feliz cumpleaños, Grace! —habló ella mientras me abrazaba fuertemente.

—Muchas gracias, Lily —contesté, devolviéndole el abrazo.

Mis ojos se desviaron hacia la isla, donde Ethan estaba parado junto a un pequeño pastel. Claramente lo habían hecho ambos, porque aún podía ver un rastro de harina en su mejilla.

—Feliz cumpleaños, Grace —dijo él mientras sonreía sinceramente.

—Gra… Gracias, no era necesario que hicieran esto. Lo aprecio mucho, de verdad —agregué, mirando a ambos.

Las sonrisas en sus rostros no hicieron más que remover algo dentro de mí, algo que hacía mucho no sentía: que tenía gente que se preocupaba por mí, que me hacía sentir querida.

Después de una interpretación un tanto desafinada del "Feliz cumpleaños", pero que solamente me hizo sonreír más, soplé la vela que estaba sobre el pastel.

Lily desapareció un momento y volvió corriendo con un dibujo en sus manos.

—Tu regalo —dijo ella, extendiéndolo hacia mí.

Cuando lo tomé en mis manos pude ver que era un dibujo de flores, todas decoradas con papel picado de colores y brillantina.




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