Entre dolor y promesas

Capítulo 26

Grace

El sonido de la cafetera fue lo primero que escuché al bajar las escaleras aquella mañana de domingo. El aroma del café recién hecho ya llenaba la cocina y, por un instante, me quedé observando la escena frente a mí.

Ethan terminaba de servirse una taza mientras Lily permanecía sentada sobre la encimera, moviendo las piernas de un lado a otro con impaciencia.

—Buenos días —saludé.

Ambos levantaron la vista casi al mismo tiempo.

—¡Grace! —exclamó Lily con una enorme sonrisa.

—Buenos días —respondió Ethan.

Me acerqué hasta la cafetera para servirme una taza también y fue entonces cuando escuché la voz emocionada de Lily.

—¡Hoy vamos con los abuelos! —dijo ella con una sonrisa enorme.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Vamos? —pregunté un poco confundida.

Ethan dejó la taza sobre la isla.

—Mis padres nos invitaron a almorzar, pensé que sería buena idea salir un poco de la rutina, los domingos siempre los pasamos allí —agregó él.

Y era verdad, los domingos siempre iban a casa de los padres de Ethan. Ahora que me había establecido aquí, aprovechaba ese día para ponerme al día con mis cosas. Volver a mi departamento ya no tenía sentido; no después de la muerte de mi mamá. Siendo realistas, pagar la renta solo para pasar allí los fines de semana era un gasto inútil. Hacía unas semanas que Ethan me había propuesto la idea. Era la mejor opción para encargarme de Lily a tiempo completo; incluso si a él le surgía un viaje de trabajo imprevisto un fin de semana, yo estaría aquí para cuidarla.

Salí de mi cabeza y lo miré unos segundos.

—¿Estás seguro? No quiero sentir que estoy invadiendo un momento personal y familiar —dije dubitativa.

Él negó con una pequeña sonrisa, pequeña pero que aún logró formar esos pequeños hoyuelos, idénticos a los de Lily.

—Grace, si mis padres te invitaron es porque quieren que estés allí y créeme, no querrás decirle que no a mi madre —agregó riendo.

No supe muy bien qué responder, aquí, con ellos dos empezaba a sentir que pertenecía, pero el hecho de que incluso sus padres quisieran incluirme me hizo sentir un afecto especial.

El trayecto hasta la casa de los padres de Ethan transcurrió entre las historias interminables de Lily. Nos contó cómo había aprendido a dibujar mariposas, las cuales por cierto, dibujaba en cualquier lado ahora, que el señor Nieves había perdido su gorro y sobre todo no paró de admirar los árboles, comentando que estaban mucho más bonitos por la primavera.

No pude evitar sonreír mientras ella hablaba.

—No sé de dónde saca tanta energía —murmuré mirando a Ethan de reojo mientras conducía.

—Yo tampoco lo descubrí hasta ahora —respondió Ethan con una risa baja, mientras negaba con la cabeza.

Ethan estacionó el auto frente a una casa de ladrillos claros, con un pequeño jardín repleto de hortensias y rosales perfectamente cuidados. Me quité el cinturón de seguridad mientras observaba la fachada.

—¿Todo bien? —preguntó Ethan al notar que no me movía.

Lo miré y sonreí con cierta timidez.

—Solo estoy un poco nerviosa —dije despacio.

Él arqueó una ceja.

—¿Nerviosa? —inquirió.

Asentí.

—Es la primera vez que conozco a tus padres, quiero causar una buena impresión —agregó.

Una sonrisa sincera apareció en su rostro.

—Créeme, Grace, desde que mi madre supo que vendrías, lleva dos días contándome todo lo que planeó para hoy.

No pude evitar sonreír también.

—Eso no ayuda a que me sienta menos nerviosa —dije.

—Entonces déjame decirte otra cosa —esperó a que lo mirara para hablar de nuevo —Les vas a caer muy bien ¿de acuerdo?

No dijo "creo", lo afirmó con una seguridad que, por alguna razón, consiguió tranquilizarme un poco.

Ethan bajó primero del auto para ayudar a Lily, que ya intentaba desabrocharse el cinturón ella sola.

—¡Quiero tocar el timbre yo! —dijo emocionada.

—De acuerdo, pero despacio —respondió Ethan tomándola de la mano.

Los seguí hasta la entrada, ni siquiera sabía donde poner las manos, estaba realmente nerviosa por esta interacción.

La puerta se abrió incluso antes de que Lily alcanzara el timbre.

—¡Mi niña! —exclamó una mujer de cabello castaño claro mientras se agachaba para abrazarla.

Lily prácticamente se lanzó sobre ella.

—¡Abuela! —canturreo Lily emocionada.

La escena me hizo sonreír de inmediato.

Un hombre apareció detrás de ella con una expresión tranquila y una sonrisa amable.

—Así que tú debes de ser Grace.

Me tendió la mano.

—Soy George, encantado de conocerte —dijo al tiempo que estrechaba mi mano.

—Mucho gusto —respondí sonriendo tímidamente.

—El gusto es nuestro, hemos oído hablar mucho de ti —agregó.

Sentí que mis mejillas se calentaban.

Miré rápidamente a Ethan, él solo sonrió, claramente divertido por mi reacción.

Al cruzar el umbral me encontré con una casa cálida, había fotografías familiares por todas partes, retratos de Ethan cuando era niño, imágenes de vacaciones, cumpleaños, navidades.

Una familia que había construido toda una vida entre aquellas paredes. Mientras recorría el recibidor con la mirada, no pude evitar preguntarme cuántos de estos recuerdos seguirían viviendo allí.

—Grace.

La voz de la madre de Ethan me hizo volver al presente.

—Me alegra mucho que hayas venido —dijo ella con una sonrisa cálida.

Una sonrisa tan sincera que gran parte de mis nervios desaparecieron.

—Muchas gracias por invitarme —respondí.

—No tienes que agradecer nada — Tomó mi mano durante un instante —Esta casa siempre tendrá un lugar para las personas que hacen feliz a nuestra familia.

Por un momento no supe qué responder, solo pude sonreír.

El almuerzo transcurrió entre conversaciones sencillas. El padre de Ethan habló sobre la empresa, donde había trabajado durante años antes de dejar la dirección en manos de su hijo, su madre habló sobre unas flores nuevas que había plantado en el jardín y nos mantuvimos entretenidas hablando de nuestras favoritas. Lily contó, por tercera vez aquella semana, cómo había conseguido terminar un rompecabezas por sí sola.




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