Entre dolor y promesas

Capítulo 28

Grace

Me desperté antes de que sonara la alarma. Durante unos segundos permanecí inmóvil, observando el techo de mi habitación, mientras los recuerdos de la noche anterior volvían a mi mente uno tras otro.

La voz de Ethan…

La forma en que se había quebrado al hablar de Elizabeth, el dolor que todavía cargaba después de tantos años.

Cerré los ojos un instante.

Hasta ahora sabía que había perdido a la mujer que amaba, pero escuchar su historia había sido completamente diferente. Ya no veía solamente al hombre serio que dirigía una empresa o al padre que intentaba hacerlo todo por su hija, ahora veía a alguien que había aprendido a levantarse después de perder una parte de sí mismo.

Y, aun así, cada mañana encontraba fuerzas para continuar.

Solté un suspiro antes de incorporarme. No sabía cómo serían las cosas entre nosotros después de aquella conversación.

Solo esperaba que Ethan no se arrepintiera de haber confiado en mí, porque aunque ninguno quería aceptarlo, las cosas habían cambiado entre nosotros.

Al bajar a la cocina encontré la misma escena de casi todas las mañanas, el aroma del café, la luz del sol entrando por las ventanas.

Y Ethan, desayunando en la cocina. Levantó la vista al escuchar mis pasos.

—Buenos días —su voz sonó diferente, no era un cambio evidente, pero sí suficiente para que lo notara.

Sonreía con más facilidad al contestarle.

—Buenos días —respondí sonriendo lentamente.

Lily tardó unos minutos más en despertar y unirse a nosotros, el momento era sencillo y cotidiano.

Pero, por alguna razón, se sentía diferente, más ligero.

Como si la conversación de la noche anterior hubiera derribado una pared invisible que no había notado hasta ahora.

Después del desayuno, Ethan subió al despacho.

Antes de cerrar la puerta, se giró hacia nosotras y habló:

—Hoy trabajaré desde casa. Tengo varias reuniones —dijo despacio.

Asentí.

—Nosotras intentaremos no hacer demasiado ruido —agregué.

Él sonrió, una sonrisa sincera y relajada.

—No te preocupes, esa clase de ruido ya forma parte de esta casa —habló manteniendo la sonrisa.

Aquella frase me tomó por sorpresa.

Hace unos meses, estaba convencida de que el silencio era lo único que Ethan necesitaba, tal vez después de todos estos meses aprendió a disfrutar de estos momentos…y quizás también de mi compañia.

La mañana transcurrió entre dibujos, muchos colores y una improvisada fiesta de té organizada por Lily.

Había colocado todos sus peluches alrededor de una pequeña mesa de plástico que estaba en medio de su habitación.

—Tú eres la invitada especial —me dijo mientras acomodaba una taza diminuta frente a mí.

—Es un honor querida —respondí sonriendo ampliamente.

—Y el señor Nieves hizo los pastelitos— agregó señalando a su lado.

—Tiene mucho talento, quizás debería hacer estos más seguidos, están deliciosos — asentí mientras pretendía comer los falsos pastelitos de juguete.

Lily asintió muy convencida.

Mientras seguíamos fingiendo beber aquel inexistente té, escuché abrirse la puerta del despacho.

Vi a Ethan por la puerta abierta de la habitación, apareció con el teléfono apoyado entre el hombro y la oreja. Nos hizo un pequeño gesto con la mano.

Le sonreí en respuesta.

Terminó la llamada unos segundos después.

—¿Interrumpo una reunión importante? —dijo acercándose despacio.

Lily negó rápidamente.

—¡Es la fiesta del té! —exclamó ella emocionada.

—Vaya... entonces creo que llegué a tiempo —Se agachó junto a nosotras.

Aceptó una taza de juguete y fingió beber.

—Está delicioso —mencionó aún con esa enorme sonrisa en el rostro.

—Y los pastelitos los hizo el señor Nieves —explicó Lily orgullosa, pasándole uno.

—Habrá que contratarlo como chef — contestó entonces.

Lily soltó una pequeña carcajada y me hizo sonreír también.

Observé la escena frente a mí y recordé algo que Ethan me había dicho la noche anterior.

"Pensaba que si trabajaba más... dejaría de doler."

Quizás por eso ahora dejaba todo durante unos minutos para compartir un juego con su hija.

Como si hubiera comprendido que esos momentos eran demasiado valiosos para seguir perdiéndoselos.

Después de unos minutos, volvió a ponerse de pie.

—De acuerdo, gracias por el té pero papá debe regresar al trabajo, ¿de acuerdo pequeña?

Lily hizo un pequeño gesto de decepción.

Él se inclinó para besarle la frente.

—Cuando termine, prometo jugar otra vez —dijo acariciando su cabello.

—¿Lo prometes? — preguntó murmurando Lily.

—Lo prometo —afirmó él.

Y esta vez no tuve ninguna duda de que pensaba cumplirlo.

El resto de la mañana pasó rápido.

Preparé el almuerzo mientras Lily coloreaba sentada en la isla de la cocina.

Cuando todo estuvo listo, serví un plato para Ethan.

Subí al despacho y golpeé suavemente la puerta.

—¿Puedo pasar? —pregunté dudando.

—Claro —su voz se escuchó al otro lado.

Entré despacio.

Él seguía concentrado frente al portátil.

Dejé el plato sobre una esquina del escritorio.

—Te traje el almuerzo, un poco de pasta, porque si se enfría no sabrá igual.

Levantó la vista.

—Muchas gracias.

Había pronunciado aquella palabra muchas veces desde que nos conocíamos. Pero nunca había sonado así, cálida, más sincera.

—No es nada —dije girando hacia la puerta.

Cuando me disponía a salir, volvió a hablar.

—Grace —su voz hizo que me detuviera, me giré.

—¿Sí? — pregunté esperando por sus siguientes palabras.

Permaneció en silencio por un momento, luego se levantó y caminó hacia mí.

—¿Dormiste bien? —habló al llegar hasta donde estaba.

La pregunta me tomó desprevenida pero sonreí.




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