Ethan
Algo no estaba bien esa mañana, lo supe incluso antes de verla. La cocina estaba vacía, miré el reloj, era tarde para que ella siguiera durmiendo.
—¿Grace? —llamé mientras miraba a mi alrededor, esperando encontrarla.
No obtuve respuesta, un momento después apareció Lily desde el pasillo.
—Buenos días, papi —dijo ella caminando lentamente hacía mí, aún un poco adormilada.
—Buenos días, pequeña —respondí dándole un beso y abrazo.
Miró alrededor intrigada
—¿Dónde está Grace papi? —preguntó ella, con la intriga ahora notable en su voz.
Negué despacio.
—Todavía no ha salido de su habitación —contesté simplemente para no preocuparla.
Lily frunció el ceño.
—Ella siempre se despierta primero —agregó ella, luciendo confundida.
Y tenía razón, algo aquí no encajaba.
Me moví a través del pasillo sin pensarlo demasiado y me detuve frente a la puerta de su habitación.
Golpeé con los nudillos cuidadosamente para no asustarla.
—¿Grace? —todo lo que obtuve fue silencio.
Volví a llamar.
—¿Grace, estás despierta? —insistí, esta vez un poco más preocupado.
Escuché un pequeño movimiento al otro lado de la puerta.
—¿Sí...? —respondió con la voz completamente ronca.
Abrí apenas la puerta.
La encontré incorporándose lentamente en la cama.
Su rostro estaba pálido. Tenía el cabello completamente despeinado y unas marcadas ojeras bajo los ojos, parecía realmente agotada.
—¿Todo está bien? —pregunté aunque ya tenía la respuesta frente a mis ojos.
Intentó sonreír.
—Sí... solo dormí un poco mal —su voz se escuchaba rota a pesar de sus intentos por esconderla.
Mentía y era demasiado obvio, pero ya había aprendido sobre Grace estos últimos meses, ella no pedía ayuda fácilmente, no quería verse débil, necesitaba tener todo bajo control.
—Cuando te sientas un poco mejor para caminar, ven a la cocina, yo preparo el desayuno, ¿de acuerdo? —ordené, pero mi voz no salió como una imposición, sino como una simple sugerencia.
—No hace falta, Ethan yo… —intentó hablar pero una tos áspera hizo que perdiera el hilo de voz.
—Grace —La interrumpí con suavidad pero dejándole claro que hablaba en serio.
—Solo baja cuando te sientas capaz, no hay prisa —agregué finalmente, dando media vuelta para ir a la puerta.
Ella suspiró.
—Está bien —respondí suspirando profundamente, cansada.
Diez minutos después apareció en la cocina.
Caminaba despacio, frágil. Y verla así, rompió mi compostura, el corazón se me estrujo ligeramente.
—Buenos días... —murmuró despacio.
Lily corrió inmediatamente a abrazarla.
—¿Estás triste? —preguntó Lily aún aferrada a su lado.
Grace sonrió con esfuerzo.
—No, pequeña, solo estoy un poco cansada, es todo —dijo mientras comenzaba a sacar una taza del armario.
Pero, de pronto, apoyó una mano sobre la encimera. Cerró los ojos apenas un segundo. Eso fue todo, estuve a su lado en un segundo,
—Grace —hablé llamando su atención.
Ella abrió los ojos.
—Estoy bien Ethan —trató de protestar.
Pero no le respondí.
Le apoyé el dorso de la mano sobre la frente casi por instinto, los dos nos quedamos inmóviles, su piel estaba ardiendo.
Ella levantó lentamente la vista hasta encontrar la mía.
—Tienes fiebre —dije manteniendo la vista en su rostro.
—No es para tanto… —ahí estaba de nuevo, intentando minimizar la situación.
—Grace —insistí con un tono serio pero preocupado.
Negó con una pequeña sonrisa.
—Solo necesito un café —se movió tratando de servirse.
—Lo que necesitas es volver a la cama.
—Ethan...
—No es una sugerencia, Grace —hablé tratando de hacerla entrar en razón.
Suspiró con resignación.
—No puedo dejarte todo el trabajo a ti, para eso estoy aquí —trató de argumentar.
—Yo me encargaré de todo hoy, pero tú necesitas volver a la cama —agregué.
Ella se quedó callada.
—Puedo ocuparme del desayuno, también del almuerzo y de Lily —le aseguré.
—Pero...
—No discutas conmigo —por primera vez desde que la conocía, utilicé este tono firme con ella.
Ella bajó la mirada.
—No me gusta sentir que soy una carga —habló con la voz quebrada, pero no por la enfermedad.
Aquellas palabras hicieron que algo se encogiera dentro de mí.
Di un paso hacia ella.
—¿Sabes qué es lo curioso? —comencé diciendo.
Ella levantó la vista hacía mí.
—Cuando yo me rompía por dentro, tú nunca me hiciste sentir una carga —confesé de repente.
Su expresión cambió por completo.
—Ahora déjame devolverte aunque sea una pequeña parte de todo eso —mi voz como una súplica.
Sus ojos comenzaron a humedecerse, desvió la mirada para que no lo notara, pero ya era tarde, ví algunas lágrimas deslizarse por su mejilla.
Lily apareció sosteniendo al señor Nieves.
—Él siempre me cura cuando estoy enferma.
Grace soltó una pequeña risa, limpiándose las mejillas.
—¿Ah, sí? —preguntó interesada, a pesar de su estado actual.
—Siii, sus abrazos son mágicos, los míos también—confesó Lily.
—Creo que esa podría ser la solución —respondí, siguiéndole la corriente a mí hija.
—Entonces Grace necesita abrazos —la pequeña la rodeó con sus bracitos.
Grace cerró los ojos mientras la abrazaba de vuelta.
—Gracias, princesa —habló sinceramente.
—Ahora ya te vas a curar —agregó Lily, manteniendo el abrazo.
Conseguí convencerla de volver a la habitación.
Después de darle un antiinflamatorio y un vaso de agua, esperé hasta verla acomodarse entre las mantas.
—Descansa —dije al tiempo que revisaba que estuviera cómoda en la cama.
—Lo intentaré —respondió despacio.
Me dirigía hacia la puerta cuando escuché su voz.
—Ethan —llamó a mi nombre.