Grace
La primera sensación que tuve al despertar fue el calor. No el de la fiebre, sino el de las mantas que me cubrían hasta los hombros.
Abrí los ojos lentamente y permanecí unos segundos mirando el techo, intentando recordar los eventos del día anterior.
Entonces las memorias llegaron a mí.
La fiebre, a Ethan cuidándome, su voz diciéndome que ya no estaba sola.
Cerré los ojos nuevamente.
Aquellas palabras habían conseguido quedarse conmigo incluso después de dormirme. Hacía demasiado tiempo que nadie me decía algo así. Y, peor aún, hacía demasiado tiempo que no podía creerlo.
Me incorporé despacio. Todavía me sentía algo débil, pero aquella sensación de ardor había desaparecido casi por completo.
Miré hacia la mesa de noche. Había un vaso de agua, el termómetro y el medicamento que Ethan había dejado allí.
Sonreí sin poder evitarlo, él verdaderamente se había preocupado por mí.
Me levanté y me cambié antes de salir de la habitación.
Cuando llegué a la cocina, Lily estaba sentada en la isla, comiendo unas frutas mientras Ethan preparaba el desayuno.
Los dos levantaron la vista al mismo tiempo cuando oyeron mis pasos.
—¡Grace! —exclamó Lily con una sonrisa radiante.
No pude evitar devolverle la sonrisa.
—Buenos días, pequeña —respondí acercándome a ella.
La pequeña extendió los brazos hacia mí y la abracé, depositando un beso en su cabeza.
—¿Ya estás mejor? —preguntó luego de unos segundos.
—Mucho mejor —asentí al responder.
—Te traje agua ayer y al señor Nieves también —comentó ella.
—Lo sé. ¿Recuerdas que me dijiste que él te hacía sentir mejor cuando enfermabas? Bueno, creo que eso también ayudó —agregué.
Una gran sonrisa se formó en el rostro de Lily.
—¿Ves? Te lo dije, él es increíble —respondió ella aún sonriendo y volviendo a su bowl de frutas.
Aproveché el momento para saludar a Ethan.
—Buenos días —dije para llamar su atención, ya que él seguía de espaldas a mí, concentrado en el desayuno, no pude evitar notar lo tenso que parecía desde que llegué a la cocina.
—Buenos días —contestó, pero su voz sonó pesada, como si le costara hablar.
Traté de ignorar la sensación que se formaba en mí pecho, pero su expresión hizo que sea imposible de ignorar.
Se veía cansado, mucho más de lo normal y no parecía solamente cansancio laboral, era algo diferente, más serio.
—¿Dormiste bien? Luces cansado Ethan —inquirí despacio, tratando de no abrumarlo pero necesitaba saber qué sucedía.
—Sí Grace, estoy bien, no te preocupes, solo fue una mala noche —añadió rápido queriendo evadir la conversación.
Al escuchar su respuesta decidí no insistir y respondí:
—De acuerdo, pero estoy aquí si me necesitas —agregué finalmente.
Él asintió a mi respuesta y se concentró en la estufa, pero su mirada se volvió al teléfono en la encimera. No sabía qué estaba ocurriendo, pero desde que había entrado a la cocina lo había visto revisarlo varias veces. Como dije, no volví a insistir, pero la sensación extraña en mi pecho no desapareció.
Durante el desayuno, estuvo más distraído de lo habitual. Lily hablaba y yo intentaba seguirle la conversación, pero todo se sentía diferente, era como si el Ethan que conocía estuviera a kilómetros de aquí, distante y perdido en sus propios pensamientos.
Finalmente decidí hablar para romper el silencio.
—¿Tienes mucho trabajo hoy? —comencé diciendo. —Me encargaré de Lily para que puedas trabajar tranquilo.
—Si, tengo algunas cosas pendientes en la empresa —respondió despacio. —Volveré para la cena.
Sin más que agregar se preparó y salió del departamento, pero la sensación aún estaba ahí, imposible de ignorar.
La mañana transcurrió tranquila, estuve acompañando a Lily, luego hice el almuerzo y comimos juntas, me sentía un poco más tranquila, como si la rutina se restableciera después de mi fiebre y la tensión de hace unas horas.
Por la tarde, mientras Ethan aún estaba en la empresa y Lily dormía, aproveché para revisar mi teléfono un momento.
Tenía una llamada perdida, número desconocido.
Fruncí el ceño.
No le di demasiada importancia, probablemente sería publicidad. Dejé el teléfono sobre la mesa pero unos segundos después volvió a vibrar.
Esta vez era un mensaje. Lo abrí y sentí que el corazón se me detenía.
“ No creas que estar lejos de mí significa que estás a salvo ”.
Dejé de respirar durante unos segundos, no, no podía ser, volví a mirar el número, el mismo de llamada.
Mis dedos comenzaron a temblar. Lo leí una segunda vez e incluso una tercera, con la esperanza de que no fuera quien yo creía.
Sentí que todo mi cuerpo se enfriaba. No había nadie más que pudiera decirme algo así.
Nadie, excepto…
Tyler.
El nombre apareció en mi cabeza antes de que pudiera detenerlo. Me levanté de golpe, la silla se movió detrás de mí. Miré hacia el pasillo, Lily seguía dormida, Ethan estaba en la empresa
El mensaje seguía ahí, como una prueba de que aquello estaba sucediendo realmente.
Tyler estaba en prisión, no podía estar aquí, no podía verme, no podía acercarse a mí.
Pero había encontrado una forma de hacerlo.
Mis manos temblaban tanto que tuve que sentarme nuevamente.
Respiré profundamente, una vez, dos, intenté convencerme de que no era posible, quizás alguien había conseguido mi número, o esto era solamente una broma.
Quizás…
Mis pensamientos se detuvieron cuando el teléfono volvió a vibrar.
Esta vez el mensaje se sintió como una amenaza más viva y presente.
“ Disfruta tu felicidad mientras puedas”
Sentí un nudo en la garganta, mi respiración comenzó a acelerarse, el pánico se apoderó de mí y todos los malos recuerdos volvieron.