Grace
La mañana comenzó mucho más tranquila de lo que esperaba. Después de los últimos días sin fiebre ya se sentía mucho mejor. Todavía tenía algo de cansancio, pero podía moverme sin sentir que el cuerpo pesaba el doble. Aun así, Ethan parecía no estar dispuesto a confiar demasiado en mi recuperación.
—Ya estoy mucho mejor Ethan—murmuré mientras tomaba una taza del armario y me preparaba un té para el desayuno.
—Puede que sí pero solo estoy asegurándome —respondió mientras terminaba su café y me veía apoyado contra la isla.
Me senté al lado de Lily. Como ya la había saludado al despertar, me dediqué a disfrutar de mi té mientras la observaba hacer figuras con el sirope sobre su waffle. Por unos minutos todo se sintió normal.
Hasta que el teléfono de Ethan comenzó a sonar. Lo tomó y miró la pantalla antes de responder
—Es Sophia —dijo simplemente.
Ese nombre hizo que levantara la mirada. Sophia. La hermana de Ethan.
Sabía que existía, por supuesto. Él me había hablado de ella alguna vez, aunque nunca demasiado. Después de conocer a sus padres, era la única persona de su familia cercana que todavía no había conocido.
Ethan contestó.
—Hola Sophia, ¿cómo estás? —habló y luego de unos segundos su expresión cambió ligeramente.
—¿Hoy? —preguntó entonces.
Hizo una pausa mientras escuchaba.
—Sí, por supuesto, sabes que puedes venir —dijo finalmente terminando la llamada.
Lily levantó inmediatamente la cabeza.
—¿Quién era papi? —preguntó curiosa.
Ethan la miró y sonrió.
—Tu tía Sophia pequeña —respondió aun con la sonrisa en el rostro.
La pequeña abrió los ojos con emoción.
—¿¡Va a venir!? —cuestionó la niña aún dubitativa.
—Sí, así es —respondió Ethan, asintiendo.
—¡Siii! —exclamó Lily eufórica, comenzando a dar pequeños saltos y giros por la cocina.
No pude evitar reír ante la imagen.
—Parece que alguien estaba esperando esa visita —dije yo sin apartar la vista de la pequeña, sonriendo también.
—Sophia es su favorita —explicó Ethan.
—Porque la tía Sophi me deja comer galletas —aseguró Lily.
—Eso lo explica todo —comenté riendo suavemente ante el comentario.
Ethan sonrió también y dirigió su mirada hacia mí.
—Hoy vendrá a almorzar con nosotros —comentó.
Asentí.
—Por supuesto, preparé algo especial entonces —dije empezando a pensar en todo lo que debía hacer, porque quería que todo saliera bien para recibir a Sophia.
Él me observó durante unos segundos.
—¿Estás nerviosa? —preguntó acercándose un poco.
—¿Es tan obvio? —dije riéndome ligeramente nerviosa.
—Solo un poco —sonrió, y verlo hacerlo hizo que me tranquilizara también.
Suspiré.
—Ya conocí a tus padres. Supongo que conocer a tu hermana debería ser más fácil —agregué.
—Lo será, no debes preocuparte —dijo mientras me acariciaba suavemente el hombro para calmarme.
—¿Estás seguro? —pregunte aún nerviosa.
—Sophia probablemente hablará tanto que no tendrás oportunidad de ponerte nerviosa —aseguró él.
Solté una pequeña risa.
—Bueno, eso me tranquiliza un poco —dije finalmente.
Sophia llegó poco antes del mediodía.
Escuché el timbre y Lily prácticamente salió corriendo hacia la puerta.
—¡Yo abro! —exclamó ella emocionada.
—Con cuidado Lily, déjame ayudarte —habló Ethan.
La pequeña se detuvo justo antes de llegar y esperó a que su padre abriera.
Una mujer de cabello castaño claro y una sonrisa amplia apareció al otro lado.
—¡Pequeña! —habló ella con un tono de completa felicidad.
Lily se lanzó a sus brazos.
—¡Tía Sophia! —dijo eufórica.
—Mira cuánto has crecido —comentó mirando a Lily aún en sus brazos.
—¡Estoy creciendo mucho! —explicó Lily energéticamente.
—Eso veo querida —contestó mientras la abrazaba unos segundos más.
Entró finalmente y entonces levantó la mirada.
Sus ojos encontraron los míos.
En su rostro se dibujó una sonrisa genuina.
—Tú debes ser Grace —preguntó despacio.
Sentí que mis nervios regresaban de golpe.
—Sí, así es, soy Grace, es un placer conocerte —Se acercó y me abrazó antes de que pudiera siquiera extenderle la mano.
—¿Bromeas? El placer es mío de conocerte por fin —habló y parpadeé sorprendida.
—¿Por fin? —pregunté.
Sophia soltó una pequeña risa.
—Mi madre lleva semanas hablando de ti —agregó con total naturalidad.
Miré a Ethan. Él negó con la cabeza y sonrió.
—Te dije que mi madre es así, habla demasiado —respondió él.
—No habla demasiado —intervino Sophia—. Tú eres el que habla poco.
Ethan la miró con una expresión resignada.
—Me alegra verte también —dijo él con una sonrisa pícara empezando a dibujarse en sus labios, traicionando su intento de parecer serio.
Ella sonrió en respuesta.
—Yo también te extrañé, hermanito —ella le dio un golpecito cariñoso en la punta de la nariz con el dedo, dejando escapar una risita divertida.
Ethan no pudo evitar sonreír ahora, su rostro se iluminó.
Había algo diferente en Ethan cuando estaba con su familia. Se veía más relajado, joven. Como si durante unas horas pudiera olvidarse de todo lo que llevaba sobre los hombros.
El almuerzo transcurrió entre conversaciones y risas. Sophia era exactamente como Ethan había descrito. No paraba de hablar y, además, parecía disfrutar especialmente avergonzando a su hermano.
—Grace, antes de que te dejes impresionar por su aire de tipo serio, debes saber que le tenía pavor a los truenos —comentó Sophia con una sonrisa traviesa. —A los seis años se escondía bajo la mesa del comedor cada vez que llovía.
—¡Papi le tiene miedo a la lluvia! —celebró Lily, dando un pequeño golpe a la mesa.
—No le tengo miedo a la lluvia —aclaró Ethan, ajustándose los puños de la camisa con excesiva solemnidad—. Era una postura estratégica.