Entre dos

Capítulo 1

Allegra

No pensé que volver a esa casa fuera a sentirse así. Durante todo el camino intenté convencerme de que era algo simple: entrar, buscar mis cosas y salir. Sin vueltas, sin recuerdos, sin detenerme más de lo necesario. Pero apenas quedé frente a la puerta, entendí que no iba a ser tan fácil como quería creer.

El lugar seguía igual. Demasiado igual.

Respiré hondo antes de tocar el timbre, obligándome a no pensar demasiado. Si lo hacía, probablemente me iría sin siquiera intentarlo. Esperé en silencio, con esa incomodidad creciendo en el pecho, hasta que finalmente la puerta se abrió.

Y no fue Gael.

Fue Thiago.

Por un instante me quedé quieta, sin reaccionar. No lo esperaba a él, no en ese momento. Hacía semanas que no lo veía, pero su presencia seguía siendo exactamente como la recordaba: firme, segura, imposible de ignorar. Llevaba una camisa oscura, las mangas ligeramente arremangadas, y esa expresión tranquila que siempre parecía tener todo bajo control. Pero lo que más me descolocó fue su mirada.

Estaba fija en mí.

—Allegra.

Mi nombre en su voz me sacó del momento.

—Hola —respondí, intentando sonar normal.

Hubo un breve silencio, de esos que no sabes bien cómo llenar.

—No sabía que venías —dijo.

—Vine a buscar mis cosas.

Asintió, sin apartar la mirada, y después de unos segundos se hizo a un lado para dejarme pasar. Entré sin decir nada más, sintiendo cómo el ambiente de la casa me resultaba familiar y ajeno al mismo tiempo.

—Gael no está —agregó mientras cerraba la puerta.

—Mejor.

La respuesta salió sola, sin filtro. No tenía sentido fingir lo contrario. Lo nuestro había terminado, y volver ahí no era por él.

Di unos pasos hacia la escalera, intentando enfocarme en lo que había ido a hacer, pero su voz me detuvo antes de que pudiera avanzar más.

—¿Estás bien?

Me giré apenas, sorprendida por la pregunta. No sonaba a algo dicho por compromiso. Había algo más en su tono.

—Sí —respondí después de un segundo.

Era mentira, pero no iba a explicarlo.

No insistió, aunque tampoco dejó de mirarme. Esa forma suya de observar, directa, sin incomodarse, me hizo sentir más expuesta de lo que debería. Siempre había sido así, pero nunca me había afectado.

Hasta ahora.

Me di la vuelta otra vez y seguí caminando, pero al pasar a su lado sentí el leve roce de su mano en mi muñeca. Fue apenas un contacto, casi accidental, pero suficiente para hacerme detener.

—Perdón —dijo.

Negué suavemente con la cabeza.

—No pasa nada.

Levanté la mirada sin pensarlo demasiado y fue ahí cuando noté lo cerca que estaba. No había intención evidente en su postura, pero la distancia entre nosotros era menor de lo que debería. Podía sentir su presencia de una forma incómodamente clara.

Y no tenía sentido que me afectara.

El silencio se volvió extraño, cargado de algo que no sabía cómo interpretar. No era incomodidad exactamente, pero tampoco era normal.

Fui yo la que se apartó primero.

—Voy a buscar mis cosas —murmuré, rompiendo el momento.

Subí las escaleras sin esperar respuesta, concentrándome en cada paso como si eso fuera suficiente para ordenar mis pensamientos. No lo era.

Entré a la habitación y cerré la puerta detrás de mí, apoyándome un segundo contra la madera. Todo estaba tal como lo había dejado, pero ya no se sentía igual. Era raro cómo un lugar podía cambiar tanto en tan poco tiempo.

Empecé a juntar mis cosas sin detenerme demasiado en nada en particular. Ropa, algunos libros, objetos pequeños que había dejado olvidados. Todo lo necesario para no tener que volver.

Ese era el plan.

Irme y no mirar atrás.

Pero cada tanto mi mente volvía a lo mismo.

A la entrada.

Al momento en que abrí la puerta y lo vi.

A la forma en que me miró.

Y, sobre todo, a la sensación que me dejó.

No tenía sentido.

Nunca lo había visto de esa manera. Nunca me había pasado algo así con él. Siempre había sido simplemente el padre de Gael. Nada más.

Hasta ahora.

Cerré la bolsa con más fuerza de la necesaria, molesta conmigo misma por siquiera pensar en eso. No iba a darle importancia. No lo merecía.

Me enderecé y miré alrededor una última vez. No quedaba nada importante. Nada que justificara volver.

Eso debería haberme dado tranquilidad.

Pero no lo hizo.

Porque en el fondo sabía que lo que acababa de pasar abajo no tenía nada que ver con las cosas que había venido a buscar.

Y eso era lo que realmente me inquietaba.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.