Entre dos

Capítulo 7

Allegra

El teléfono volvió a vibrar cuando ya había terminado de ordenar todo.

No lo miré enseguida.

No porque no supiera quién era, sino porque sí lo sabía.

Y eso cambiaba todo.

Me quedé sentada en el borde de la cama, con las manos apoyadas sobre las piernas, mirando un punto fijo frente a mí mientras el sonido dejaba de repetirse. El silencio volvió casi de inmediato, pero la sensación no desapareció.

Estaba ahí.

Esperando.

Respiré hondo antes de girar apenas la cabeza hacia donde había dejado el teléfono. Podía ignorarlo. No era necesario responder enseguida. No había ninguna obligación.

Pero no me moví.

Porque en el fondo sabía que no se trataba de eso.

Se trataba de que quería verlo.

Quería saber qué había dicho.

Y eso era lo que realmente me incomodaba.

Tomé el teléfono con más calma de la que sentía y desbloqueé la pantalla.

Otro mensaje.

De él.

"¿Pudiste llevar todo?"

Lo leí una vez.

Después otra.

Era igual que el anterior. Simple. Correcto. Sin nada fuera de lugar.

Pero ya no se sentía así.

No después del primero.

No después de lo que había pasado.

Me quedé mirando la pantalla unos segundos más, como si buscara algo entre las palabras que no estaba ahí. Algo que explicara por qué seguía escribiendo. O por qué yo seguía leyendo.

No encontré nada.

Y aun así, no aparté la mirada.

Dejé el teléfono a un lado sin responder de inmediato y me levanté de la cama, caminando despacio por la habitación. Necesitaba pensar. O al menos intentarlo.

Esto no tenía que volverse algo.

No debía.

Era fácil.

Responder de forma simple, cortar ahí, no darle continuidad.

Eso era lo correcto.

Pero la idea no me resultó tan convincente como debería.

Me detuve junto a la ventana, apoyando una mano en el marco mientras miraba hacia afuera sin realmente ver nada. La ciudad seguía su ritmo, ajena a todo lo que estaba pasando en mi cabeza.

Cerré los ojos un segundo.

No era solo el mensaje.

Era todo.

La forma en que me había mirado.

El momento en la puerta.

La sensación que me dejó.

Nada de eso había sido normal.

Y ahora esto… tampoco lo era.

Volví a la cama después de unos segundos y tomé el teléfono otra vez. El mensaje seguía ahí, sin cambios, como si el tiempo no hubiera pasado.

Mis dedos se movieron antes de que pudiera analizarlo demasiado.

"Sí, no dejé nada."

Lo leí.

Era igual de neutro que el anterior.

Perfecto.

Apreté enviar.

Esta vez no solté el teléfono.

Me quedé mirándolo, como si esperara que la conversación terminara ahí. Como si esa respuesta fuera suficiente para cerrar lo que no debería haber empezado.

Pero en el fondo sabía que no era así.

Porque si realmente quisiera terminarlo… no habría respondido.

Apoyé la espalda contra la cabecera de la cama, sosteniendo el teléfono sin darme cuenta. Los segundos pasaban lento, demasiado lento, y cada uno parecía más consciente que el anterior.

No iba a llegar otra respuesta enseguida.

No tenía por qué.

Y aun así…

Esperaba.

Solté el aire despacio y dejé el teléfono a un lado, obligándome a no mirarlo más. No podía quedarme ahí esperando algo que ni siquiera tenía sentido.

Me levanté otra vez y caminé hacia el baño, decidida a distraerme. Abrí la ducha y dejé que el agua empezara a caer, apoyando las manos sobre el borde del lavabo mientras me miraba al espejo.

No parecía distinta.

Pero me sentía diferente.

Y eso era suficiente para incomodarme.

No era solo una cuestión de atracción.

Era peor.

Porque no era algo superficial.

Era esa sensación constante de que algo había cambiado sin aviso.

De que algo se había movido de lugar.

Y no sabía cómo volverlo atrás.

Me metí bajo el agua caliente intentando despejar la cabeza, pero no funcionó como esperaba. Cada pensamiento volvía al mismo punto, como si no hubiera forma de escapar.

Thiago.

Su nombre apareció sin que lo buscara.

Fruncí levemente el ceño, cerrando los ojos bajo el agua.

No.

No iba a permitir eso.

No iba a convertir un momento en algo más.

Era una decisión.

Y podía tomarla.

Salí de la ducha minutos después, más tranquila en apariencia, pero no en realidad. Me cambié sin apuro y volví a la habitación, intentando no mirar el teléfono.

No lo logré.

Estaba exactamente donde lo había dejado.

Silencioso.

Inofensivo.

Pero no lo era.

Me acerqué despacio y lo tomé una vez más, casi sin pensarlo. La pantalla se encendió, mostrando la conversación tal como la había dejado.

Dos mensajes.

Nada más.

Y aun así… suficiente.

Lo sostuve unos segundos en silencio, con una sensación difícil de ignorar creciendo en el pecho.

Esto no iba a terminar ahí.

Lo sabía.

No porque él fuera a escribir de nuevo.

Sino porque yo no estaba segura de querer que terminara.

Y eso…

Eso era exactamente lo que lo hacía peligroso.




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