Allegra
No debería haber esperado.
Después de enviar el mensaje, lo más lógico habría sido dejar el teléfono a un lado y no volver a mirarlo en un buen rato. Darle espacio. Tiempo. No quedarme pendiente de algo que, en teoría, no tenía por qué importar tanto.
Pero no lo hice.
Me quedé sentada en la cama, con el teléfono en la mano, mirándolo como si en cualquier momento fuera a encenderse. Pasaron unos segundos. Después un poco más. No demasiado, pero suficientes como para que la espera empezara a sentirse más presente.
Más consciente.
No me gustó.
Fruncí levemente el ceño y dejé el teléfono a mi lado, obligándome a apartar la mirada. No tenía sentido. No iba a quedarme ahí esperando como si eso fuera a cambiar algo.
Me levanté de la cama con la intención de distraerme otra vez, de hacer cualquier cosa que me sacara de ese estado extraño en el que había quedado. Pero no llegué ni a dar dos pasos.
El teléfono vibró.
Me detuve en seco.
No necesitaba verlo para saber que era él.
Aun así, tardé un segundo en girarme. Uno solo. Como si ese mínimo espacio de tiempo fuera suficiente para prepararme.
No lo era.
Volví sobre mis pasos y tomé el teléfono con más rapidez de la que pretendía. Desbloqueé la pantalla casi al instante.
Su nombre.
Su mensaje.
"No fue incómodo. Solo… inesperado."
Lo leí despacio.
Después otra vez.
Y una tercera.
Cada palabra quedó más clara que la anterior.
No había ambigüedad.
No había forma de interpretarlo de otra manera.
No había sido incómodo para él.
Y eso… lo cambiaba todo.
Me quedé quieta, sosteniendo el teléfono sin moverme, sintiendo cómo algo se acomodaba dentro de mí de una forma que no esperaba. No era sorpresa exactamente. Tampoco era alivio.
Era otra cosa.
Algo más directo.
Más difícil de ignorar.
Porque confirmaba lo que había sentido.
Lo que había intentado no pensar.
Lo que había querido reducir a un momento aislado.
No lo era.
Cerré los ojos un segundo, soltando el aire despacio. No había forma de volver atrás en eso. No después de haberlo leído. No después de entenderlo.
Apoyé el teléfono sobre la cama sin desbloquear la pantalla y me senté otra vez, pasando una mano por mi cabello. No sabía qué hacer con eso.
No sabía qué hacer con lo que implicaba.
Porque no se trataba solo de él.
Se trataba de mí.
De cómo había reaccionado.
De cómo me había quedado quieta.
De cómo no había querido apartarme.
Abrí los ojos y miré el teléfono otra vez, como si estuviera ahí, esperándome.
Y, en cierto modo, lo estaba.
La conversación no estaba cerrada.
No después de eso.
No después de lo que acababa de decir.
Tragué saliva lentamente, sintiendo esa incomodidad que ya empezaba a ser familiar. No era miedo. No era rechazo.
Era conciencia.
Conciencia de que esto no era normal.
De que no debería estar pasando.
De que había una línea clara que no se debía cruzar.
Y, aun así, ahí estaba.
Justo en el medio.
Sin alejarme.
Sin querer hacerlo.
Tomé el teléfono otra vez, esta vez sin dudar tanto. Lo desbloqueé y volví a leer el mensaje, como si necesitara confirmarlo una vez más.
"No fue incómodo. Solo… inesperado."
Inesperado.
Sí.
Esa era la palabra.
Porque eso explicaba todo sin decirlo directamente.
Lo que había pasado.
Lo que casi pasa.
Lo que ninguno de los dos había detenido a tiempo.
Apoyé el pulgar sobre el teclado sin escribir de inmediato. No podía responder con algo simple. No después de eso. No después de lo que implicaba.
Cualquier cosa que dijera ahora… iba a importar.
Y lo sabía.
Respiré hondo antes de empezar a escribir.
"Sí… también fue inesperado para mí."
Me detuve.
Lo leí.
No era suficiente.
No decía todo.
Pero tampoco era necesario decirlo todo.
Seguí.
"No pensé que iba a ser así."
Esta vez no dudé tanto.
Apreté enviar.
El mensaje salió y sentí ese mismo vacío extraño que ya no me sorprendía. Pero esta vez era más fuerte.
Porque ahora no había forma de fingir que esto era algo casual.
No después de esto.
Dejé el teléfono sobre la cama y me recosté lentamente, mirando el techo sin realmente verlo. Mi mente seguía en el mismo lugar, girando alrededor de lo mismo, sin encontrar una salida clara.
Esto no era solo una conversación.
No era solo curiosidad.
No era solo un momento.
Era algo más.
Algo que estaba empezando.
Y lo peor de todo… era que no quería detenerlo.
Cerré los ojos despacio, sintiendo cómo esa idea se instalaba con más fuerza de la que debería.
Porque en el fondo sabía que esto no iba a quedarse en palabras.
Y cuando dejara de serlo…
Ya iba a ser demasiado tarde para retroceder.