Thiago
Había algo que no encajaba.
Y ya no podía ignorarlo.
No era una idea nueva. No era una sospecha que acababa de aparecer. Llevaba días ahí, creciendo de a poco, volviéndose más difícil de justificar cada vez que intentaba restarle importancia.
Allegra no estaba igual.
No del todo.
No de la forma en que intentaba hacerme creer.
Y lo peor era que no tenía nada concreto para sostenerlo.
Solo esa sensación constante.
Esa intuición que no desaparecía.
Me apoyé contra el respaldo de la silla, mirando el teléfono sin tocarlo. Habíamos hablado más temprano, una conversación normal, sin nada fuera de lugar en las palabras. Pero incluso ahí lo había sentido.
Distancia.
No física.
Algo más difícil de explicar.
Como si estuviera presente… pero no del todo.
Fruncí levemente el ceño, recordando cada parte de esa conversación. No había nada específico. Nada que pudiera señalar como motivo.
Y aun así, algo estaba mal.
Solté el aire despacio y pasé una mano por la nuca, incómodo con la claridad de ese pensamiento. No me gustaba no saber. No me gustaba sentir que algo se me escapaba, sobre todo cuando se trataba de ella.
Porque esto ya no era algo superficial.
No después de todo.
Me incliné hacia adelante, apoyando los antebrazos sobre las rodillas mientras dejaba caer la mirada un instante. No podía quedarme así. No podía seguir esperando a que las cosas se aclararan solas.
Porque no lo iban a hacer.
Tomé el teléfono finalmente, desbloqueándolo sin pensarlo demasiado. La conversación estaba ahí, como siempre, intacta, sin dar pistas de lo que realmente estaba pasando detrás.
Eso me irritó más de lo que debería.
Escribí.
Borré.
Volví a escribir.
Nada me parecía suficiente.
Nada lo suficientemente claro sin ser demasiado directo.
Porque no sabía qué preguntar exactamente.
Y eso era el problema.
Apoyé el teléfono otra vez, frustrado, dejando escapar un suspiro más pesado. No podía forzar una respuesta si ni siquiera tenía la pregunta correcta.
Pero tampoco podía seguir ignorándolo.
Me levanté de la silla y caminé unos pasos sin dirección, intentando ordenar algo que ya estaba demasiado presente como para no verlo.
Allegra estaba ocultando algo.
No sabía qué.
Pero lo estaba haciendo.
Y eso cambiaba todo.
Me detuve frente a la ventana, observando la calle sin realmente prestarle atención. La ciudad seguía su ritmo, indiferente, mientras yo seguía atrapado en una sensación que no terminaba de resolverse.
No era solo preocupación.
Era algo más.
Algo que no terminaba de tomar forma… pero que se sentía importante.
Demasiado.
Cerré los ojos un segundo, tensando la mandíbula. No quería pensar en lo peor. No tenía motivos suficientes para hacerlo.
Pero tampoco tenía motivos para descartarlo.
Y eso era lo que más me incomodaba.
Volví al escritorio y tomé el teléfono otra vez, esta vez sin dudar tanto. No podía seguir esperando.
No con esto.
No ahora.
Escribí sin detenerme.
"¿Podemos vernos hoy?"
El mensaje fue simple.
Directo.
Sin rodeos.
Lo leí una vez antes de enviarlo.
No explicaba nada.
Pero tampoco lo necesitaba.
Apreté enviar.
El mensaje desapareció de la pantalla y me quedé mirándolo, como si en cualquier momento fuera a aparecer una respuesta que aclarara todo.
Pero sabía que no iba a ser así.
Porque lo que fuera que estuviera pasando…
No se iba a resolver con una conversación simple.
No esta vez.
Apoyé el teléfono sobre la mesa, pero no me alejé. Me quedé ahí, esperando, con esa misma sensación que no se iba.
Más fuerte ahora.
Más clara.
Porque en el fondo… ya no se trataba de si algo estaba pasando.
Se trataba de qué tan grave era.
Y de si, cuando finalmente lo supiera…
Iba a haber algo que pudiera hacer para cambiarlo.
O si ya era demasiado tarde.