Entre dos

EPÍLOGO

Thiago

Cuando la vi, supe que algo había cambiado.

No fue inmediato. No hubo un gesto exagerado ni una señal evidente que cualquiera pudiera notar. Pero yo la conocía lo suficiente como para verlo en lo mínimo. En la forma en que se detuvo antes de acercarse. En cómo su mirada no era la misma de siempre.

Más seria.

Más… definitiva.

El mensaje había sido claro.

"Tenemos que hablar."

Y desde ese momento, supe que esto ya no iba a seguir como antes.

Me apoyé contra el auto mientras la observaba acercarse, sintiendo esa misma tensión que había estado creciendo en los últimos días, pero ahora más fuerte. Más concreta.

Cuando se detuvo frente a mí, el silencio se instaló de inmediato.

No incómodo.

Pero sí inevitable.

—¿Qué pasa? —pregunté.

No quise rodeos.

No esta vez.

Ella no respondió enseguida. Bajó la mirada apenas, como si necesitara un segundo más, como si ordenar lo que iba a decir fuera más difícil de lo que parecía.

Eso no hizo más que confirmar lo que ya sentía.

Algo no estaba bien.

Di un paso más cerca, reduciendo la distancia sin pensar demasiado.

—Allegra.

Mi voz salió más firme.

Más directa.

Y esta vez levantó la mirada.

Lo que vi en sus ojos fue suficiente para entender que no había vuelta atrás.

—Estoy embarazada.

No hubo preparación.

No hubo suavidad.

Solo la verdad.

Directa.

Clara.

Irreversible.

El mundo no se detuvo.

Pero algo dentro de mí sí.

No reaccioné enseguida. No porque no entendiera, sino porque lo hice demasiado rápido. Todo encajó en un segundo. Demasiado rápido.

Demasiado claro.

La noche.

El descuido.

Lo que ninguno de los dos frenó.

Todo llevó a ese momento.

Solté el aire lentamente, pasando una mano por la nuca mientras intentaba procesarlo sin apartar la mirada de ella.

No era una posibilidad.

No era una duda.

Era real.

Y estaba ahí.

Entre nosotros.

—¿Estás segura? —pregunté.

No porque lo dudara.

Sino porque necesitaba escucharlo.

—Sí.

Simple.

Sin espacio para otra cosa.

Asentí apenas, bajando la mirada un segundo antes de volver a levantarla. No había forma de evitarlo. No había forma de cambiarlo.

Y, por primera vez desde que todo había empezado…

No quise hacerlo.

Esa fue la parte que más me sorprendió.

No fue miedo lo primero que apareció.

No fue rechazo.

Fue otra cosa.

Algo más firme.

Más claro.

—Ok —dije finalmente.

Ella frunció levemente el ceño.

No era la reacción que esperaba.

—¿Ok?

Había duda en su voz.

Y algo más.

Algo que no le había visto antes.

—No voy a desaparecer —agregué.

La miré directo al decirlo.

Sin espacio para que lo interpretara de otra forma.

—Esto no cambia eso.

No era completamente cierto.

Sí cambiaba todo.

Pero no en la forma en que ella estaba pensando.

Di un paso más cerca.

Lo suficiente como para que no hubiera distancia entre nosotros.

—Allegra, mírame.

Esperé a que lo hiciera.

Y cuando lo hizo, lo dejé claro.

—No es un problema.

El silencio se rompió ahí.

No por ruido.

Sino por lo que implicaba esa frase.

Porque no era lo que esperaba escuchar.

Porque no era lo que ninguno de los dos había imaginado.

Pero era real.

Más de lo que cualquier otra cosa había sido hasta ese momento.

Vi cómo algo cambiaba en su expresión. No desapareció la tensión. No desapareció la duda.

Pero sí algo más.

El miedo.

No del todo.

Pero lo suficiente.

—Esto no era parte del plan —murmuró.

Negué apenas.

—Nada de esto lo era.

Y aun así… estábamos ahí.

Me acerqué un poco más, acortando esa última distancia que todavía quedaba, sin dudar esta vez. No tenía sentido hacerlo.

No después de todo.

Apoyé una mano en su cintura, sosteniéndola con firmeza, pero sin invadirla, esperando una reacción que no tardó en llegar.

No se apartó.

Nunca lo hacía.

—No voy a dejarte sola en esto —dije en voz más baja.

No fue una promesa impulsiva.

Fue una decisión.

Y lo supe en el momento en que lo dije.

Porque por primera vez… no estaba reaccionando.

Estaba eligiendo.

Ella sostuvo mi mirada unos segundos más, como si estuviera buscando algo en mí.

Y lo encontró.

Porque se acercó apenas.

Lo suficiente.

Como siempre.

—Esto va a ser complicado —dijo.

Asentí.

—Sí.

Nada más.

Porque no había forma de negarlo.

Pero tampoco había intención de retroceder.

El silencio volvió, pero esta vez no fue pesado.

Fue distinto.

Más tranquilo.

Más… real.

Como si, por primera vez desde que todo había empezado, no estuviéramos luchando contra lo que estaba pasando.

Sino aceptándolo.

Me incliné apenas, rozando sus labios en un beso corto, contenido, pero completamente distinto a todos los anteriores.

No había urgencia.

No había tensión descontrolada.

Había algo más.

Algo que no habíamos tenido antes.

Certeza.

Cuando me separé, no me alejé demasiado.

—Esto recién empieza —murmuré.

Y esta vez…

No sonó como una advertencia.

Sino como algo inevitable.

Porque lo era.

Porque ya no había vuelta atrás.

Y porque, por primera vez…

Ninguno de los dos quería encontrarla.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.