Hanni sabía muy bien lo que quería.
Estaba decidida a lograr su meta, después de todo se había preparado por mucho tiempo. Había tomado clases de dibujo técnico, de costura, aprendió a usar programas complejos e incluso aprendió a hablar un ingles perfecto. Todo eso después de terminar la secundaria a los 16 años.
Extrañaría mucho su hogar, su hermoso pueblo, sus vecinos, amigos y sobre todo a su madre, quien por muchos años la había criado sola junto a su abuelo que en aquel entonces aún estaba vivo. Todos creían en ella y eso la motivaba aún más en lograr su mayor meta: convertirse en la mejor diseñadora de modas.
Todavía recordaba las veces que se quedaba hasta tarde viendo vídeos en Youtube sobre desfiles en Paris. Ella soñaba con llegar a las más grandes pasarelas, tal como las personas que admiraba.
Por eso abrazaba con cariño y mucha ilusión su vieja carpeta que contenia más que solo diseños, adentro estaba todo su esfuerzo y dedicación que por dos años había guardado.
Hanni sabía muy bien que no sería fácil.
Después de todo, nada en la vida era fácil.
Al igual que las oportunidades.
No llegaban de la nada, mucho menos por arte de magia. Había que esforzarse y mucho.
Después de todo, gracias a su talento y dedicación tenía una beca en uno de los institutos más prestigiosos de la ciudad y sabía muy bien las dificultades de entrar a un lugar así. No permitiría que nada la detuviera.
Ni las niñas mimadas.
Ni los chismes.
Ni los malos comentarios.
Y mucho menos los hombres.
Si alguien le hubiera dicho que en menos de 24 horas dos estúpidos, si estúpidos, arruinarían sus planes no les hubiera creído.
Después de todo aún no tenía ni la más mínima idea de quienes eran la Doble K.
Nota de la autora:
Hola mucho gusto, está es
mi primera historia.
Espero que la apoyen.
Cada voto, comentario y
guardado se aprecia era mucho.
—Katt.