El avión aterrizó con un suave movimiento que hizo temblar las manos de Elena. Miró por la ventanilla y sintió un nudo en la garganta. Todo era nuevo. Un nuevo país, una nueva vida y un futuro completamente incierto.
Apretó con fuerza el pequeño collar que su madre le había regalado antes de despedirse.
—Nunca olvides de dónde vienes —le había dicho entre lágrimas.
Al salir del aeropuerto, respiró profundamente. El aire era distinto y el bullicio de la ciudad la hizo sentirse aún más pequeña.
—¡Elena!
Al escuchar aquella voz, levantó la cabeza y sonrió por primera vez en todo el día.
Marcos corría hacia ella con una enorme sonrisa y los brazos abiertos.
—¡Por fin llegaste! Pensé que te habías arrepentido.
Ella soltó una pequeña risa.
—Todavía estoy a tiempo de regresar.
—Ni hablar. Ya gasté dinero en el cartel de bienvenida.
Elena miró el supuesto cartel. Era una hoja doblada que decía con letras torcidas: "Bienvenida, extranjera favorita."
—Eres un desastre.
—Pero tu desastre favorito.
Ella negó con la cabeza mientras reía.
Por primera vez desde que dejó a su familia, sintió que tal vez no estaría tan sola.
Sin imaginarlo, aquel país no solo cambiaría su destino... también pondría su corazón a prueba.